jueves, 20 de noviembre de 2014

La deriva de Vetusta Morla



Tengo que reconocer que Vetusta Morla no son santo de mi devoción. Será quizás por los años, pero mis gustos han quedado un poco rezagados, de cuando los grupos de música españoles mascullaban ininteligibles canciones, difíciles de interpretar, no por barrocos juegos de palabras, sino porque su vocalización era inexistente. Los Planetas, por ejemplo. Y todos los otros grupos que cantaban igual. En el cambio de siglo, en cambio, son legión los que cantan con voces similares a Vetusta Morla.
El título es sugerente, La Deriva. Aunque no se refiera al procedimiento psicogeográfico de Guy Debord, el tema de la canción incluye reflexiones de un nivel bastante aceptable para el pop en español, bordeando con clase la tentación de la épica. Un ambiente apropiado para la intención de la canción. El autor de la letra es Guillermo Galván.
El inicio del tema suena la percusión y el órgano en pleno homenaje al Atmosphere de Joy Division. Es un comienzo que ya me tiene ganado. La letra empieza con un endecasílabo más que notable: “He tenido tiempo de desdoblarme”.
He tenido tiempo de desdoblarme
y ver mi rostro en otras vidas.
Ya tiré la piedra al centro del estanque.
El tema del doble, del Doppelgänger, es un clásico en la literatura de tintes filosóficos. En sus múltiples mutaciones, el Doppelgänger se aparece a aquellos quienes van a morir. Quien ve a su doble sabe que su fin está cerca. Vetusta Morla lo encaran al contrario. La visión del doble es la que posibilita adelantarse al futuro.  “He visto mi rostro en otras vidas”. Las ondas del estanque representan las consecuencias de esa visión. Consecuencias a corto y largo plazo.
He enterrado cuentos y calendario,
ya cambié el balón por gasolina.
Ha prendido el bosque al incendiar la orilla.
La deriva cuenta un cambio de rumbo, un punto de no retorno, abandonar cualquier rastro de inmadurez (cuentos y balón) y el paso del tiempo (“calendario”). El paso a la madurez con ira (gasolina) que prende la vida conocida con consecuencias no previstas (el bosque).
He escuchado el ritmo de los feriantes
poniendo precio a mi agonía;
familias de erizos en sus manos frías.
El ritmo de los feriantes quizás haga referencia a los medios de comunicación por un lado, que comercian con las miserias humanas, aunque tampoco estaría muy desencaminada una mención a la clase política que, como feriantes, aprovechan las penalidades para conseguir votos. Las familias de erizos, sin embargo, sí que recuerdan a la metáfora que Schopenhauer hacía de la raza humana. Para el filósofo los seres humanos son como los erizos, que se acercan cuando comienzan a sentir el frío, pero que se hieren entre ellos cuando la distancia es demasiado corta. Ilustra la paradoja entre el deseo de individualidad y la necesidad de contacto humano, a nivel psicológico tanto como a nivel físico para la supervivencia. Esa contradicción está acentuada por el juego de los feriantes cuya frialdad acentúa la necesidad de contacto.
Habrá que inventarse una salida,
ya no hay timón en la deriva.
La situación, tal como la plantean Vetusta Morla no tiene un destino claro, las utopías, los grandes relatos de emancipación han fracasado. La sociedad no tiene una dirección. Como decía el gran historiador Eric Hobsbawm, no se trata de que no cumplamos las normas, sino de que no sabemos cuál es la norma. El campo semántico de la dirección como objetivo social posibilita el paso a la metáfora del barco a la deriva.
Has tenido pulso para engancharme
alistado en ejércitos suicidas.
Me adentré en el bosque y no encontré al vigía.
En esta estrofa cambia la persona e interpela a quien le forzó a llevar una vida abocada a la destrucción, “engancharme” (vocabulario de drogas), “ejércitos suicidas” (vocabulario terrorista). Sin embargo, ese tú interpelado ha desaparecido. Esas fuerzas que eran capaces de tener el pulso ya no están. El vigía, ese Gran Hermano, ya no está en el bosque. Nadie está al control.
Habrá que inventarse una guarida,
no quiero timón en la deriva.
Cada cual que tome sus medidas.
Hay esperanza en la deriva.
Nadie nos protege, todo depende de cada uno, no se trata de buscar un refugio, sino de “inventarse”. Las normas han desaparecido y ahora Vetusta Morla no añoran un timonel, no quieren líderes, ni siquiera quieren un rumbo. La individualidad debe autodirigirse, ya basta de muchedumbres solitarias heterótrofas que caminaban con un rumbo convencional, las que describía con acierto y cierta tristeza David Riesman. Cada cual es dueño de dejarse llevar, de abandonar los caminos trillados, “hay esperanza en la deriva”.
Habrá que inventarse una salida.
Que el destino no nos tome las medidas.
Hay esperanza en la deriva.
Inventarse un refugio, buscar soluciones nuevas, salir de la posición anterior. Superar el destino escrito, los relatos de emancipación o de alienación. La única esperanza, aunque suponemos incierta, es la deriva, abandonar cualquier rumbo.
Reflexiones épicas para una canción que puede decir muchas más cosas de las que significan. Palabras que resuenan otros ecos. Obsesiones personales y guías de rutas para no tener rutas ni guías. Hay esperanza en la deriva.

2 comentarios:

  1. Para mi, en definitiva, una canción protesta actual; así la interpreto.
    Me encanta, y hasta diría que reconforta e identifica.

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  2. Cuando lo reconocido y lo reconocible no nos aportan referentes válidos y queremos mantenernos fuera de la tiranía de lo previsible, hay que dejarse llevar por la deriva. Hay esperanza en la deriva.

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