lunes, 7 de julio de 2014

Servir a dos amos. Fragmentos para una teoría política (3).



De pequeños aprendimos que no se podía servir a dos amos. Había que elegir dios o el dinero, porque si se escoge a uno, se deja de atender al otro, y viceversa. En política, sin embargo, mucho me temo que las decisiones sólo triunfan cuando sirven a más de un amo. No dudo que muchas de las teorías, explicaciones, propuestas tengan en su origen, un válido intento intelectual, moral, vocacional de servir de mejora para la sociedad; lo triste es que sólo salen adelante cuando, además de las finalidades primigenias sirven para conseguir otros propósitos más espurios. O al menos, sirven para satisfacer a diferentes grupos.
La mejor manera de verlo es con algún ejemplo. Me dedico a la enseñanza secundaria, la que está siendo vapuleada desde todos los puntos posibles. Recortes en salarios, aumentos de horas, despido de compañeros, cambios inverosímiles con la nueva normativa LOMCE… Para no parar. El caso es que como docente me siento bastante deslegitimado en muchos aspectos. Uno no se termina de acostumbrar a que cualquier fracaso de cualquier alumno sólo tenga una causa: el profesor. Como he visto en la publicidad de una Academia de Música (¡!???), si tienes problemas con las Mates o se te atraganta la Lengua… “el problema casi nunca eres tú”. Así, literalmente.
La administración parece apoyarte cuando “intenta” igualarte en la consideración de autoridad pública, pero si uno se fija bien, ante cualquier problema es conveniente tener todo atado y bien atado. Al final uno termina por practicar una enseñanza “defensiva”, más pendiente de evitar problemas que de enseñar. No estoy diciendo que todos los profesores lo hagamos bien permanentemente, y que todos seamos vocacionales trabajadores abnegados y sufridos, que llevamos nuestra profesión mitad monjes, mitad psicólogos, mitad asistentes sociales, mitad encantadores de serpientes.
El caso es que conozco a más de uno que es así de maravilloso, pero no se puede exigir ese grado de entrega y dedicación. Como padre lo que pido es simplemente un profesional que enseñe la Meseta, cómo funcionó el feudalismo y qué es eso del neocolonialismo. ¡Qué error el mío! Ahora no se trata de enseñar esos contenidos, hay que empeñarse en trabajar y, sobre todo, evaluar las CCBB, Competencias Básicas.
¿Qué son las Competencias Básicas? No termino de tenerlo claro, pero según parece, como profesor de Sociales debo preocuparme de evaluar si el alumno tiene competencia matemática, comunicativa, sobre el conocimiento físico, plástica, digital, aprende a aprender y es autónomo. En la lista de competencias me dejo la llamada “Social y ciudadana”, que no se ocupa de indagar sobre el conocimiento de la realidad social, sino que es una suerte de baúl de sastre de buenas intenciones y mejores hábitos. Yo pensaba que me encargaba de la parte de los países y las revoluciones, pero no. Eso es conocimiento que cualquiera puede conseguir con un teléfono móvil. Es lo que nos dicen las pruebas PISA, así que, ¡a cambiar el chip! Que aprenderse la lista de los reyes godos está pasado de moda. ¡Y tanto! Yo soy medievalista y no tuve que aprendérmela. La administración me desautoriza desde el temario. Lo que explico, ya sea Carlos V o el nazismo, no tiene importancia per se, no sirve para nada.
Ante cualquier barbaridad como esta yo empiezo a preguntarme a quién beneficia, quién sale ganando. Comencemos con PISA. Este dichoso informe está organizado y patrocinado por la OCDE y representa una visión muy economicista de la educación. Su objetivo es conseguir que el sistema educativo prepare a los alumnos para un “buen” puesto de trabajo. Un buen puesto de trabajo ahora consiste en ir cambiando rápidamente de empresa, de ocupación y de país. De ahí la insistencia en los idiomas, en la autonomía y en aprender a aprender. Es una visión, creo, muy reduccionista de la educación. La Constitución vigente especifica que la educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana.
¿Por qué tiene entonces éxito esta barrabasada? Porque en parte da respuesta a la mala conciencia de una educación demasiado memorística, muy teórica en los idiomas, con poca práctica, poco creativa. Aquí insisten los visionarios de las conferencias TED, como Ken Robinson. La escuela mata la creatividad. Quien haya corregido redacciones de adolescentes se dará cuenta de lo poco creativos que son y lo nerviosos que se ponen cuando se les desafía a ser originales: “Maestro, entonces, ¿qué pongo?”
También sirve para evitar problemas a la administración. El objetivo último de la evaluación por competencias (sí, sé que oficialmente es evaluar “las competencias”) es que haya un porcentaje de cada asignatura que se pueda lograr en otras asignaturas. Así, quien no apruebe matemáticas, puede conseguir el objetivo de la competencia matemática a través de materias como Ciencias Naturales, Ciencias Sociales o Tecnología. De esta forma podrá obtener un título aunque lleve varias materias suspensas. El sistema es así de perverso. Los número saldrán y el sistema educativo español tendrá unas perspectivas inmejorables.
Si yo fuera alumno estaría aterrorizado de que en cada materia me estuvieran vigilando todas las otras, pero como ninguno somos especialistas más que en la nuestra, tendemos a ser más magnánimos evaluando competencias que no nos competen. Ellos también “ganan”. Aprenden menos, pero aprueban más.
De esto, además, los padres ni se enteran, porque en el boletín de notas sólo aparece un 7 en la asignatura y punto. Todo lo demás depende de la voluntad del grupo de profesores.
Así que tenemos una reforma educativa encubierta en la que nadie de los implicados sale ganando, pero todos están muy contentos. Los empresarios porque tienen mano de obra bien preparada y dispuesta a los cambios; la administración porque no tienen problemas con los padres y los suspensos; el sistema porque tendrá individuos incultos y acríticos; los alumnos porque con poquito que hagan pasarán de curso. Y además es gratis, porque todo se basa en el trabajo del profesor que, para expiar culpas anteriores, abandonará el conocimiento memorístico en pos de lograr alumnos competentes.
Es un ejemplo que conozco, pero hay muchos más. La privatización de lo público desmontará el sistema, abrirá la puerta a convertirlo en un negocio enriqueciendo a las corporaciones que se encarguen de los hospitales o las escuelas (en Sanidad, en el registro civil, en la educación); pagará favores (Mariano Rajoy es registrador); mientras que dará la razón a quienes piensan que lo público está siempre mal gestionado y se han quejado de lo mal que funciona la Seguridad Social y lo bien que lo hacen los hospitales de pago. Los colegios privados segregarán a los alumnos según sus posibilidades económicas y reforzarán la idea de que la pública da un nivel muy bajo. La nueva ley del aborto contenta la moral de los más intransigentes y retrógrados, satisfará a quienes se ven en la obligación de controlar no sólo las almas, sino también los cuerpos, ahorrará en abortos en la Seguridad Social, y como luego no se aumentará la paga en dependencia, no habrá problema. No se trata de una simple estafa, funciona porque contenta a varios grupos de presión. Un gran negocio sirviendo a dios.
Pero bueno, estas quizás son las ventajas de tener como dios al dinero.

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