miércoles, 28 de febrero de 2024

Reseña de Javier Gilabert: ‘Todavía el asombro’. Ediciones El Gallo de Oro poesía. 2023

 Todavía el asombro, de Javier Gilabert - Zenda


Este poemario se ha alzado con el XV Premio de Poesía Blas de Otero-Ángela Figuera y representa el lado más luminoso de la poesía de Javier Gilabert. Tras el prólogo de Julen A. Carreño se van sucediendo imágenes y reflexiones que celebran la vida  bajo una mirada de perplejidad en el mejor sentido del término, abrazando el milagro cotidiano y descubriendo la magia de cada instante.

A modo de prólogo, Javier Gilabert avisa que “El poema es el centro del lenguaje / y en su giro hay esquirlas de palabras / que se arrojan al tiempo por la fuerza / generada es la voz de la que brota /…/ Del asombro al asombro va el poema” (Gramática del asombro). Una declaración de intenciones que aúna la visión con la conciencia con la labor del poeta. Así, la primera sección del libro se titula De pronto estoy despierto y es de día (La voz). Entre los versos encontramos un programa vital (“la esperanza / se aferra a lo que puede y allí crece”), no solo aplicado a la mecánica del oficio: “Se trata de mirar, es el secreto”. Va hacia una actitud trascendente de la mirada: “No es el ojo menos que el corazón”. Más que acertada es la cita del obispo Berkeley, sum esse percipi. La mirada, la percepción se tornan la esencia cuando aprendemos el asombro.

Numerosos ejemplos de esa actitud, tan propia de poeta, se suceden en este poemario: “De cuando en cuando el cielo se parece / al interior de las personas tristes, / haciéndonos mirar para otro lado”. Decimos condición de poeta, pero sobre todo, es la actitud el niño que tiene el mundo por descubrir: “Sucumbir al asombro en el detalle, / volver a ser el niño”. Se van interfiriendo las percepciones (“El tiempo es la mirada en esa rama / que impide ver la vida claramente”) porque hay una labor milimétrica y paciente para desbrozar las apariencias y centrarse en lo verdaderamente real. El ejemplo de la muerte es quizás elocuente en grado sumo: “La muerte se nos da / en dosis muy pequeñas, casi inocuas”.

El segundo elemento es el momento y que domina la segunda parte, Todo es nuevo, quizás, para nosotros (El instante). La poesía, como recordaba el adagio machadiano, es palabra en el tiempo, la percepción se basa también en concentrarse en el instante, más que en la duración: “¡Ojos, los del asombro. / Ojos, los del instante /…/ la perspectiva aúna / lo inmensamente bello de lo simple”. Las reflexiones sobre el tiempo incluyen la constancia de ser seres temporales en el sentido rutinario (“nacemos con el alba cada día”) y en el más metafísico: “se esconde en el ocaso / la terrible metáfora de la vida y la muerte”.

Se presentan algunos elementos más sombríos en esta sección: “El insomnio es lugar / donde el dolo r germina / y crece y con la noche / se viste de futuro y / nos lleva / de la mano / a nuestra infancia”; “El miedo es tan real como una estatua”. En contraposición una constancia de lo esencial: “Vivir no necesita más adorno”; “Hoy siento gratitud por estar vivo, / por cada amanecer que se despliega, / misterio inabarcable ante nosotros”; “La luz, / la vida aquí, / la vida ahora”.

Frente a las sombras y el miedo, el tercer movimiento de esta pieza reivindica la luz trascendente: Siempre la claridad viene del cielo (La luz): “En esa rara luz de la mañana / donde lo puro aflora y se apodera / voraz del pensamiento, / descubro que hay silencio en mi interior, / la descarnada urdimbre del poema”. El tono de estos poemas se hace, por lo tanto, más radiante, cerca del Jorge Guillén más luminoso, y cerca también de la espiritualidad gozosa de Daniel Cotta, con quien tiene tantos puntos en común:  “Yo creo en los milagros cotidianos: / la luz, la claridad, la amanecida / se siguen sucediendo ante mis ojos /…/ La vida que transcurre / se apoya en su bastón”; “Fugaz como un destello se presenta / a veces la alegría. Perseguimos / la huella de una luz que no perdura; // que deja // un agridulce poso entre los dientes”.

La imagen, nunca mejor dicho, de la luz permite desgranar todos los matices y las oportunidades reflexivas sobre el mundo que nos rodea: “No cambia la ciudad, sino la luz”; “Dentro de cada sombra está la luz”. También como el José Hierro de Alegría, es la seguridad para lo efímero la que otorga profundidad a los objetos: “Qué honda la certeza de la muerte / más profunda raíz / ha dispuesto en nosotros, / pero qué hermoso el árbol que sostiene”. Sombra y luz se convierten en una única esencia que da valor a lo vivo: “Por culpa del dolor, todo se para / y entonces una nube oculta el cielo”.

Por otro lado el exceso de luz, como a Pablo de Tarso, llega a deslumbrar: “Te instalas, claridad, hasta cegarnos”. Habrá, pues que manejarse en las zonas donde se alternen: “El umbral de la luz es un camino / que se ha de recorrer con valentía”. Y a traspasar ese umbral dedica Javier Gilabert el último capítulo de Todavía el asombro. Descubre en Hoy necesito el cielo más que nunca (El poema) un ansia de trascendencia que lo cotidiano oculta: “¿Qué velo nos impide ver, constante, / lo único capaz de trascendernos?”.

Y no lo dice en el sentido puramente religioso a no ser que la poesía en sí misma sea una fe. Dice el poeta: “Escribir es arar”. Y continúa “Si se produce el vértigo, / la altura se transforma en el poema”. La conexión tiene que ver con el acto de creación, de poiesis: “Invento geometrías imposibles / las nubes a su paso / y me fascina / pensar que al otro día la ventana / probablemente muestre / un cuadro muy distinto. // Quisiera hacer lo mismo en el papel”. No es solo, como en los inicios del poemario, cuestión de percibir, de esperar a capturar el instante, es una construcción meticulosa: “La búsqueda interior implica falta / de aceptación /…/ La duda, sin embargo, nos completa: / dudando percibimos la verdad”. No olvidemos que etimológicamente, meticuloso viene de miedo. Un abismo al que se asoma que amenaza con diluir la identidad sin que necesariamente sea algo no deseable: “Tendemos a alejar de la memoria / lo amargo que nos hizo ser quien somos”; “No disto de mí mismo lo bastante / para poder decir que estoy en movimiento”.

Javier Gilabert va destilando la percepción para el gozo del poema se sirva con una fuerza más pura: “Siento fascinación por los poemas / que ocupan poco espacio en el papel / y envueltos en silencio te destrozan”. Una fuerza que cobra mayor efecto cuando las durezas que el tiempo cuartean la piel, el tacto y la mirada: “Si el poeta conserva la mirada / del niño que descubre el mundo con sus juegos, / y aprende a reflejarlo en las palabras, / tendrá ante sí la esencia del poema”. Como vemos en la Coda, no hay nostalgia, en esta aventura lo más importante es el porvenir: “Lo amargo por llegar ha de escribirse; / tan solo es posesión la vida ahora” (Lucid ahora).

domingo, 25 de febrero de 2024

Reseña de Marisol Santiago: ‘Ahora que me llamas bruja’. Aliar ediciones. 2023

Ahora que me llamas bruja | Marisol Santiago | Aliar Ediciones


Después de Poemas de una polilla (Vitrubio, 2021), la actriz y poeta Marisol Santiago nos llega con un poemario más duro Ahora que me llaman bruja. Está dividido en tres partes, con un interludio emotivo, Flores para Olga. La primera parte, que lleva el mismo título que el volumen es un ajuste de cuentas después de la ruptura de una relación. Un balance trágico de cómo se deterioran los afectos y comienzan las hostilidades. Es una historia que hunde sus inicios en la propia pareja: “Mientras me hablas / pertenezco a tu aquí” (Reloj).

Marisol Santiago habla de la entrega y de cómo se van enturbiando las emociones en la relación, son los demonios, los espíritus, los fantasmas: “Por amarte / me enterraron tus demonios” (Aún); “Ninguna voz acariciaba así mi espíritu” (Encía); “Los fantasmas regresan al oírnos llorar” (El mar nos escucha). La ruptura lleva toda la agresividad del título: “Ahora que me llamas bruja, / ahora que te cubre el lodo de la derrota /…/ pensaste no me desvela” (Ahora que me llamas bruja).

El punto de vista de los poemas huye de la sensiblería y procura con decisión y arrojo describir el infierno y la lucha, la resurrección: “Me desmayé. / No como una heroína del diecinueve, / me desmayé / con el estruendo que aquello supuso / con el pelo sobre la cara, / con las piernas retorcidas, /…/ con la ropa rasgada, / sobre la mugre de la acera” (Desmayo). Presenta, en cierta forma, una esperanza, una voluntad de renacer, de “Germinar entre esperanza y luz” (Dormir); “Canta, esperanza, / siento tus plumas atravesar mis pupilas” (Esperanza); “Por los pasos que no di / me levanto” (Asumir).

La minuciosa descripción del proceso destructivo ocupa una parte de los poemas, solo una parte: “Saliva de savia te rompe” (Tormenta); “dentelladas de esta soledad / que amenaza con olvidarme” (Penumbra). Las contradicciones propias de quien ama y recibe el desprecio: “Yo, un mar de palabras / solo dos de ellas, / con empeño, atesoro” (Te amo). Para, con el paso del tiempo, llegar a la insensibilidad: “para no regalarlos / a quien desconoce el mordisco del insomnio” (Mensaje leído); “y se cansaron mis ojos de leerte” (Bloqueo). Y, después, la fase lenta del olvido: “En ocasiones, presencia; / a menudo, un recuerdo” (Soga de plata); “Tan solo te menciono para olvidarte” (Letra pequeña). Es un olvido premeditado, “Corté el hijo rojo que nos unía. / Tejeré con él un corazón nuevo” (El hastío); “Apaga el recuerdo / su cigarro sobre mi pecho” (Presente eterno); “La afonía del miedo curará el volver, / volveré a existir en mí” (Mordaz).

 “¿Por qué, pudiendo haberme cuidado,

preferiste transformarte en cicatriz?” (Daga)

Flores por Olga es una suerte de elegía en forma de ramos para la memoria de Olga Luna San José. Cada poema está alrededor de una flor del ramo: “Ni un aspaviento interrumpa / tu silencio” (Nomeolvides); “Pero el luto no se permite / más allá de un mes” (Crisantemos); “Olga, qué noche de doble filo / sin ti es esta vida” (Azucena). Son poemas dolientes, que también huyen del sentimentalismo barato, con la dificultad de lidiar con el dolor auténtico: “¿Por qué se enamora el dolor / de almas nobles como la tuya?” (Lirio); “Pero miro y nunca el vacío de un mensaje / me dolió tanto” (Iris). Y con la ausencia: “Emprende el viaje hacia tu ausencia” (Achillea).

La tercera parte, Infancias que tropiezan y que alumbran, es una descripción de los orígenes, de las luces y sombras de la infancia. Sin idealizar ni maquillar el pasado, Marisol Santiago vuelve a las sensaciones primordiales que moldean la esencia de la mujer que ahora es: “Entre bohemia y humo, / una niña sueña con ser mariposa / al son de poemas que cinco adultos recitan” (Mariposa poeta); “A esa niña que me mira detrás de sus gafas, / que sonríe con mueca de ratoncillo, / le debo tantas disculpas” (Niña). Pone en contexto de las relaciones familiares implicadas: “Tu mujer, recostada sobre el sofá, / ríe divertida, niega con la cabeza: / ¡Ay, señor, este hombre todo se lo inventa!” (Visita). Hay poemas dedicados a su madre, la abuela… “Y ríe, la ternura / del que ofrecía la luna a un hijo” (La madre estudiante).

Las sombras vienen de la figura oscura que presiente lo que hemos presenciado en la primera parte: “Tú que me gritas mala hija, / que me acusas de insensible, / ¿Cuántas veces secaste mis lágrimas, / llamándome? / Despertaba cada día, cada año, / con el vacío entre los brazos” (La boda de la bruja).

A momentos concretos y sufrimiento: “Hoy alguien trajo poemas al hospital. / Memorizo cada verso, / olvido el ruido de la máquina” (Doce años). Especialmente emotivo es recuperar el momento del parto: “Si me hubieses prevenido / de que no funciona el goteo de la anestesia / de que pariría con aquel sufrimiento desgarrado /…/ diría que sí, / que viviría todo de nuevo / porque el mundo necesita más personas como tú” (Madre primeriza). Una visión luminosa, a pesar de todo, porque “Ellos adornan mi habitación, / tú llenas cada día” (Tarro de sal).

La conclusión es recuperar lo real, como solo los gatos pueden hacer: “Quiero ser tan feliz / como lo es mi gato / con el olor de las aceitunas. / Impregnarme del aroma a la vida / saciarme con tan solo respirarlo” (Aceitunas). Un propósito, un horizonte, una promesa.

domingo, 18 de febrero de 2024

Reseña de Nemanja Kuzmanouski: ‘Kopno’. Ediciones Liliputienses. 2023

 KOPNO | NEMANJA KUZMANOVSKI | EDICIONES LILIPUTIENSES | Casa del Libro


Nemanja Kuzmanouski nació Belgrado y vive en Madrid. Este es su primer libro en español y se inicia con una cita de Juana de Ibarbourou. El dominio de las capacidades líricas de un idioma que no es la lengua vernácula es excepcional. Las imágenes que se van sucediendo dejan muy a las claras que gozamos de una lírica capaz de conceptualizar el instante y de alcanzar profundidades en el intimismo dentro de un mundo que, además de como contexto, funciona como denuncia: “imagine tener una jaula / hecha de otra /…/ imagine tener una jaula que dure / lo que tu mano / o la mía / tarda en tirar un puñado de polvo al aire” (La jaula); “como si viviera en una casa / a la orilla del mar // una mañana sales a la playa / y a lo lejos / a lo lejísimos / percibes las carabelas /…/ te inclinas / te arrodillas / y así evitas al menos el primer golpe” (Las carabelas).

La posición del yo poético tiene fuerza, “como si persiguieras al Conejo Blanco / con hambre” (Allí abajo). El yo que se cuestiona a sí mismo: “Soy el que se esconde de sí mismo en sí mismo / el que se eleva hasta su propia altura” (Diletante). El yo que duda y que desconfía incluso de lo más básico, la poesía: “no estoy / ya he quedado / ya he visto esa peli / no leo poesía. / Tengo miedo a las alturas” (No estoy). Kopno significa ‘tierra firme’, que parece ser el ansia que dirige los versos.

Nemanja Kuzmanouski abre una poética en la que las referencias al mundo de la naturaleza explican la manera de enfrentarse a un mundo desnaturalizado y artificial: “cuando por mi camino cubierto de manzanas salvajes / podridas / cabalgan tus samuráis / y la convierten / en un lagar” (Ese olor que se extiende por el bosque). Categorías psicológicas se esconden entre los versos, una sensación de angustia, casi existencial con la que lucha: “te libero de tu espacio negativo /…/ te libero del terror del contorno eterno / de la tortura de lo fuera-de-ti” (Espacio negativo). Y si el espacio poético se puebla de personajes de la cultura popular, en Somos, por ejemplo, recupera la tradición religiosa, “la mujer de Lot que se detiene / mira hacia atrás / y convierte lo visto de Sodoma en una pila de sal /…/ un camaleón / encima/ del / otro”.

En este Kopno, se explora la existencia humana desde un punto de vista filosófico y reflexivo. La reflexión sobre la condición humana o la identidad se aplica a la propia soledad y la búsqueda de sentido en un mundo a menudo caótico o absurdo: “No quiero volver a casa solo / el temor pesa / no tiene dónde acurrucarte / la boca se ha vuelto el tapón” (No quieres volver a casa solo). La angustia existencial trata de buscar refugio en lo espiritual: “padre nuestro / que estás en los cielos / enséñame a distinguir el barro de la arena movediza”. Aunque sea de una manera particular: “que a mis rendijas florezcan plegarias / y que cada piel encuentre su dueño” (Quebrantepiedras).

Algunos poemas pueden ser altamente introspectivos, aunque no busca recrearse en un lenguaje filosófico clásico. Son las imágenes o las reflexiones cotidianas las que plantean este desafío simbólico. Figuras clave como la madre sirven de refugio: “a través de ti / todo lo que me caldeaba / llegaba como una estrella ya extinguida / pero yo absorbía el universo que se iba enfriando / al predicar la palabra del fuego” (Madre). Y se nutre del recuerdo de una infancia que no es idealizada: “en la ciudad en que nací / vive el chico que yo fui una vez / tiene quince años / descubre la poesía / escribe un poco / se desilusiona /…/ él quiere que cada zarza arda / y hable / se acerca a las hojas // espera” (El principiante). La poesía como palabra en el tiempo machadiano, luchando entre la permanencia de la esencia y el devenir: “ser inmóvil / inmutable / cada día enmarcado completo / no acabar en la vista de los niños / ni acallarse en su risa”; “temblor perpetuo / permanente / entre el ahora y el quizás”.

Estos poemas no solo tratan de expresar las dudas y preocupaciones del individuo, sino también de explorar la esencia misma de la existencia, invitando al lector a reflexionar sobre su propia relación con el mundo y el significado de su propia vida, con sus condicionantes particulares, como es el idioma: “no sé cómo han entrado los conejos / en el sombrero del español /…/ cuando digo casa en español / la casa se levanta sola /…/ en silencio / mi vida no huele a nada // o como mucho / a desinfectantes baratos” (Bilingüe).

Las imágenes que se eligen para transmitir el desconcierto y el desasosiego son variadas: “soy flor de cardo entre los edificios / agrieto las fachadas / derribo las musas” (Ciudadano); “lleva los recados de la música / adonde vagan los ecos en destierro”; “sea el lobo escondido en el búho /…/ ensancharse al estrecharse / tal como la sed se despliega bocadentro / reducirse a una sola gota / grande como el nudo de todos los mares”. Pero, como en el poema final, es la jaula lo que mejor define la existencia humana: “a / un / pájaro / de / fuego / se / le / puede / retener / solo / en / una / jaula / hecha / de / re / lám/ pa / gos”.

 

 

jueves, 15 de febrero de 2024

Reseña de ‘Paisajes del interior. Antología de mujeres poetas de la Patagonia’. Ángela Ríos, editora. Isla Negra Editores. 2023

Los nuevos caníbales: Paisajes del interior: Antología de mujeres poetas de  la Patagonia

Ángeles Rivas es poeta, periodista y docente y se encarga de presentar esta antología. La primera cuestión y más importante es determinar si las circunstancias específicas de las autores, ”el hecho de escribir poesía en Patagonia siendo mujeres hace que el acto de arrojo sea por lo demás significativo”. No pretende la antóloga presentar un registro etnográfico, sino recoger una serie de autoras cuya calidad poética está acreditada y que comparten la abundancia de referencias a lo geográfico, bien por ser su origen o por hallarse avencidadas en la Patagonia. El orden es simplemente alfabético. Curiosamente casi todas se dedican a la docencia.

Esta antología demuestra la riqueza y diversidad, en estilos, temas y enfoques. Vemos en gran parte de ellas una exploración de lo íntimo y lo personal. Las experiencias cotidianas, en especial las que corresponden por un lado con la geografía, y por otro con relaciones interpersonales. De ahí el acertado título de Paisajes del interior. El compromiso social, más que político corre parejo a esta introspección., caso de, por ejemplo, Liliana Ancalao, Anamaría Mayol o Mónica Volonteri. Quizás la perspectiva de género es un punto de intersección claro para alguna de estas poetas. Nanim Rekacz puede servir de muestra.

También observamos un uso, quizás no revolucionario, pero sí en cierta manera innovador del lenguaje y la forma, no siempre constreñidos a lo convencionalmente lírico, como Romina Olivero. De la misma forma la conexión con la naturaleza y, de ahí con lo ancestral es el nexo de unión de esta selección de poetas, resaltan, por ejemplo, Aldana Pérez o Nanim Rekacz. Me gustaría resaltar la sensibilidad lírica y emocional dentro de estas voces plurales. Pasemos a dar un rápido repaso a cada una de las poetas seleccionadas

Comienza LILIANA ANCALAO (1961), que profesora de letras. Junto a las Trobadoras ha difundido su poesía desde la oralidad: “señor de los desamparados / que no pase de largo / como si yo no fuera capaz de andar descalza / como si yo no fuera propensa a la ternura” (oración para esperar el colectivo); “Las mujeres aprendemos / tarde / que hay un tiempo en la vida / en que hasta sin intención / vamos dejando una huella de incendio / por el barro” (las mujeres y el frío); “y somos casi nada / trazos de tiza borrados por el agua” (las mujeres y la lluvia).

También es docente MARISA GODOY (1968): “Hoy me declaré anfibia. / Un animal de sangre fría (no tanto) / una vertebrada haciendo el camino inverso” (Anfibia); “Llenar la valija con lo único. / En el bolso de mano llevar el corazón que / late / late / late” (Viaje); “Si pudiera garabatear con mi sangre / lo que pulse la punta de mi lengua” (Ganarle a la lluvia). Como ANAMARÍA MAYOL (1988), cuya materia es, sin embargo, la de Geografía e Historia. Además de poesía tiene publicados cuentos: “Yo llevo un pueblo azul en la memoria / allá donde se pierde el horizonte / poblado de caldenes // y llevo entre mis manos el designio del fuego / el canto acompasado de las chicharras” (Pampeana); “qué orfandad pronunciará el olvido / y espantaré // una vez más la muerte” (De quien huyen los pájaros); “unos ojos suicidándose / desde el peñasco vertical del día // y una boca (como la mía) / arrojándose el agua sin salvavidas // desde el peñasco de tu cuerpo” (Peñasco).

LUCIANA MELLADO (1978), ejerce la docencia en la universidad: “también yo te amaba y masticaba la sombra de tu cuerpo”; “Y en la mitad del mundo te encontrabas / desgajado de mí para mi sed primera”; “Hay dolores que se marchan / solo si regresan”; “La sangre se escapa porque la perra / es cachorra todavía / no la necesita”; “No tengo  nada en contra mío, / pero le pongo empeño / en derrumbarme / a veces / como la lavanda”. Como  ROMINA OLIVERO (1979): “llueven hombres del cielo / caen             estrellándose en las ramas de los álamos / fragmentos de sus cuerpos aparecen en el diario / nueces de Adán en lluvia roja”; “y tu ausencia / saber cayado este tiempo de serenatas mudas”; “leer es escuchar escribir                se vuelve nana indócil / renovada caricia este arrullo de estarse es señal sonora / compañías de la suerte en buena estrella / cuerpo en costura de cambio”.

En cambio, GLADIS PEÑA es profesora de primaria: “Tejer el tiempo, / tramar en letras el devenir perpetuo, / vestir una frase cuan prenda elegante” (El verbo y su latido); “No puedo vencerte ni quiero / darme por vencida” (Rendición); “Nadie supo qué decir / (hasta él se fue sin palabras) / cuando lloró con lágrimas violetas / el final del verano / y ese latido nuevo / bajo su ropa” (Tributo). ALDANA PÉREZ (1982) tiene una visión del detalle a la vez introspectiva y profunda: “aparecen en la oscuridad / repitiendo metáforas / de un lobo amordazado / con trapos en la boca / llenos de saliva y sucios” (Poder ver); “no lo nombres / genera repugnancia / repugnancia y miedo / es una alegoría de lo insoportable” (Lo que despierta); “apoyar el pajarito muerto en el pecho / le canta / con la voz entrecortad / canciones que escuchó / cuando era una niña” .

AIXA RAVA (1982) es profesora y, además, editora: “se me van los recuerdos de ese suelo / y yo con ellos / un poco me voy, / un poco me pierdo” (Estarse vacía); “La última vez que toqué la nieve / mis manos recibieron las partículas / minúsculas de aquella otra / que alguna vez odié” (Nieve); “Debajo del árbol me arrulla / como el viento a las ramas esa tarde / que me enfrenté a papá” (Armadura); “Teta como pirámides / sueño que camino por el desierto / y no encuentro mi camello” (Escudo). Más polifacética es NANIM REKACZ (1963), que ejerce de escritora, bloguera, fotógrafa y viajera: “Esta tarde tengo ganas de quedarme en casa / con un hombre en la mesa /…/ apenas acabo de engullirlo / cuando mi entraña, es un espasmo, / colma su sonrosada cueva / de encendida lava” (Insaciedad); “Hay hombre pequeñitos que caben / en la palma de la mano /–tesoros– / …/ Hay hombres capaces de amara / a una hembra sin marca ni anillo / –esas que bailan besando otras bocas–/ y la acunan sin queja. / Hay hombres así / –pocos– / Y yo / –privilegiada – soy querida de uno” (Hombriedad); “No perdió la virginidad: la dejó por libre elección / en el lecho de su primer amor”.

MARÍA CRISTINA VENTURINI (1962), es una de las más veteranas: “sos un campo minado / un perro con dos colas / un bombón de nitroglicerina bañado en chocolate / un cable pelado en plena siesta” (dragones en la reja); “pedirle al tiempo manos / y a la vida hilos / y caminar / sencillamente/ el día” (Solo es apnea); “Cáliz poblado de misterio, / se abre tu boca antigua con gusto a cordillera” (Mujer de la montaña). Por último, MÓNICA VOLONTERI, se define como escritora y docente: “Pero la patria vuelve / como un dolor intenso / en el costado derecho / como un ardor / como una indigestión” (Descarga con sordina); “Las noches / cada vez son / más noches / desde que planifico / visitar el recuerdo / de lo que fue mi infancia” (Mujeres trabajando).

Es inevitable hablar de la fertilidad de la poesía iberoamericana y agradecer la labor de darla a conocer por España, especialmente algo tan concreto y fascinante como la Patagonia. Porque debemos reconocer los exiguos lazos que compartimos con el continente más allá de los grandes nombres. Es por lo tanto, un deber y un gozo poder apreciar esta diversidad en antologías como esta de Paisajes de interior que nos acerca la editorial Isla Negra.