domingo, 22 de junio de 2014

Fragmentos para una teoría política (2). Lo imposible y lo impensable



Cuando queremos desacreditar a alguien como iluso muchas veces lo acusamos de “utópico”. La utopía representa todo aquello que sería deseable pero imposible de conseguir, siendo así sus perseguidores, pobres inocentes destinados al fracaso. Y a menudo terminamos de rematar la faena recordando que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Y zanjamos la cuestión.
El estudio de la utopía representa en el pensamiento filosófico y sociológico un campo apasionante. Confieso que fue mi primera idea para la tesis. Karl Mannheim, Habermas, Bloch, Paul Ricoeur ya trataron el tema de una manera exhaustiva, en especial contraponiendo el pensamiento utópico con la ideología. Es la sociología del conocimiento que considera “ideología” como aquel pensamiento –deformado- que contribuye a mantener el status quo, mientras que la “utopía” es aquel pensamiento –deformado- que quiere contribuir a conseguir un mundo mejor. Ideología y utopía son dos caras de la misma moneda, dos lentes con las que vemos la realidad. Una realidad deformada, una falsa conciencia.
¿Para qué sirve, entonces, la utopía? La utopía es un horizonte, un lugar a donde dirigirse, sabiendo que nunca se alcanza, que cuantos más pasos demos, más pasos se aleja. La utopía nos orienta, porque no es lo mismo andar hacia el oriente que a poniente, hacia más libertad o hacia más orden, hacia más igualdad o hacia más clasismo. Cada persona tendrá un norte, una brújula, y tendremos quienes nos perdemos en un bosque en el que se oculta el horizonte.
No todos tenemos, evidentemente los mismos sueños, pero en lo que nos parecemos es en la claridad con que los tenemos. Son tan evidentes que no podemos comprender cómo otros pueden tener dudas, cómo pueden desear otras cosas que claramente nos llevan al desastre. Sólo hay una explicación posible, los demás están engañados – o tienen mala fe, pero dejemos eso al margen-. Por eso se dice que la ideología es la de los demás. Nuestras ideas son realistas.
Podemos sospechar que un dependiente tenderá a pensar que los clientes roban por sistema mientras que los compradores sospechan que los tenderos engañan con el cambio. Es decir, cada uno tiene unas ideas sobre el mundo dependiendo de su posición, de su cultura, de sus intereses, de sus aspiraciones. Los ricos tendrán ideas de ricos, los emigrantes tendrán ideas de emigrantes, los guapos tendrán ideas de guapos. La “ideología” de cada persona está condicionada por su condición material, por su vida, por la sociedad en la que vive. No creo que esto sorprenda a nadie.
Lo interesante de estas ideas sobre lo que sería deseable es que también están determinadas socialmente. La utopía depende también de su época histórica, de la clase social y la experiencia personal de cada uno. Y por supuesto, se contagia.
Como decía, al principio pensé en investigar la utopía. No porque estuviera obsesionado con los cantautores ni con el mayo del 68, sino como medio de acercarme al imaginario político de las personas corrientes. Para ello pedía a mis alumnos que me hicieran una redacción contando cómo sería su mundo perfecto. No el mundo al revés, sino un mundo perfecto.
Lo primero que me llamaba y me llama la atención es que la mayoría de las frases empezaban: “Un mundo sin”. Sin guerras, sin paro, sin dinero, sin pobres, sin clases. No sin clases sociales, sin clases de la escuela. Lo que estaban haciendo era un negativo fotográfico del mundo actual. Un mundo al revés, donde se eliminaran dificultades, injusticias, sufrimientos. No todos ponen el acento en el mismo sitio, pero la mayoría eliminaría algunos o muchos elementos que nos alejan de la felicidad. Como en aquella canción, “si yo tuviera una escoba…”
También se advierte la influencia de la realidad cotidiana en los deseos de los chicos y chicas. Si estaba candente el tema del “No a la guerra” había muchos que lo recogían. Ahora son la crisis y el paro las cosas que más eliminarían. Lo que más me llegó al alma fue un chico, ya hace muchos años, que pedía un mundo sin coches. Sus padres habían muerto en un accidente.
Creo que está bastante claro que lo que deseamos está condicionado por la sociedad en la que vivimos. Algunas utopías son muy específicas. “Que los terroristas y violadores cumplan íntegramente sus condenas”. ¿Quién no daría la razón a estos adolescentes? Y si no estamos de acuerdo con esa mentalidad castigadora, ¿no nos parece comprensible esta petición?
Y ahí quería yo llegar. Les pido que imaginen un mundo ideal, perfecto, utópico, y aun así está poblado de criminales y violadores. Les doy el papel de dios creador y se obstinan en introducir el mal en este mundo. ¿Por qué lo hacen? Porque es impensable un mundo en el que no existan malvados.
Lo impensable es imposible. No podemos realizar una utopía sin ladrones si no somos capaces de pensarla. Si creemos que el hombre es malo por naturaleza pelearemos por leyes que los castiguen. Si creemos que el hombre es bueno aspiraremos a un mundo sin dolor ni injusticia que obligue robar. Si pensamos que siempre habrá diferencias entre los hombres, habrá ricos y pobres. A los pobres siempre los tendréis, decía Jesús. Y si fuera así, ¿cómo de pobres? ¿Cómo de ricos?
¿Por qué ponemos freno a nuestra imaginación política? Tenemos una visión muy estrecha. Y lo que unos ven deseable otros ni siquiera se lo plantean. De todas formas eso no implica que el futuro no nos depare sorpresas y que lleguen utopías inimaginadas. Ninguno de los escritores de ciencia ficción se acercó siquiera a internet, y aquí nos tenemos enganchados.
También me da miedo pensar cómo estas utopías –porque de las ideologías parece que lo tenemos claro- se contagian, cómo encontramos deseables ciertos valores, ciertos objetivos, que se convierten en palabras mágicas que encandilan a muchos. El deseo es el deseo del Otro, decía Lacan. La libertad podemos decir que consiste en hacer lo que uno quiere. Y, claro está, nos resistimos si nos obligan a “hacer”. Lo peligroso es que nos obligan a “querer” lo que no queríamos. Querer objetos de consumo, querer prácticas sexuales, querer valores políticos… Y esos valores se convierten en banderas en lucha. Libertad, Igualdad, Orden, Tradición. La historia de las ideas políticas es la historia de la hegemonía de unas frente a otras, o mejor, de cierta interpretación de unas frente a otras. No podemos remediarlo, siempre nos obstinaremos en dar por posible cambiar unas cosas mientras que partiremos de la base que es imposible eliminar otras. Y creo que va más allá del refrán “cree el ladrón que todos son de su condición”.
No podemos obligar a las multinacionales a cumplir las leyes, pero sí obligar a millones de personas a sufrir la austeridad. Podremos subir los impuestos a clases medias y bajas porque es imposible obligar a las rentas altas. Lucharemos contra el fraude a la Seguridad Social de quienes cobran el paro, pero es imposible intentar que las grandes empresas no se vayan a paraísos fiscales. Es imposible acabar con la codicia humana. Como era impensable que la mujer pudiera desempeñar ciertos oficios y ocupar cargos públicos.

domingo, 15 de junio de 2014

Fragmentos para una teoría política. (1) Hipótesis del asco.



Me gustaría en estas semanas mostrar algunos elementos que me sirven a mí mismo para ver cómo funciona la política, de un modo algo sistemático y alejándome de los acontecimientos políticos del día a día. Es cierto que mis conceptos no parecen muy académicos pero eso no significa que no estén pensados, repensados y comprobados. No pretendo sentar cátedra, en realidad, lo que pretendo es poner un poco de orden a esas ideas que me van bullendo en la cabeza.

En mi formación por supuesto que he dedicado algunas horillas a estudiar lo que otros han dicho sobre la política, sobre la adscripción, sobre cómo uno se hace de un partido o de otro, cómo llegan a una ideología en lugar de a otra. Muchas de esas teorías son de un simplismo aplastante, vamos que te dejan aplastado. Sin embargo han demostrado ser muy efectivas a la hora de planificar campañas y explicar fracasos electorales. Las teorías políticas, como las económicas, son siempre a posteriori, como decía un refrán taoísta, después de tropezar el carro todos ven dónde estaba el bache. En realidad, ni siquiera todos ven el mismo bache.

Existe en el ámbito anglosajón un término “push/pull factors” para explicar por qué se da un fenómeno: hay factores que empujan en un sentido, que expulsan, mientras que hay otros factores que atraen, que tiran. Por ejemplo. Push factors de las migraciones. Los españoles se ven expulsados a buscar trabajo fuera de España. Pull factors, Alemania es un destino porque hay demanda de profesionales. En teoría política se hace mucho hincapié en los pull factors, es decir, en qué condiciones, por ejemplo, tiene que tener un candidato para atraer a las masas. Joven, pero no mucho; guapo, pero no empalagoso; que inspire confianza, pero no prepotente; buen comunicador, pero no demasiado charlatán. En fin, justo lo contrario de Mariano Rajoy.

¿Cómo se explica el triunfo aplastante del PP en las últimas elecciones generales? Es evidente que no por las cualidades personales de un líder que encarna todas las anti-cualidades que según las películas debe tener un líder. Nunca sería el más popular de su instituto, aunque lidere el Partido Popular. Eso eran los tiempos del carisma, de Suárez, Felipe González, Carrillo… José María Aznar vendió el anti-carisma, el hombre gris pero eficiente frente a los excesos verbales de Alfonso Guerra y Felipe González. Luego llegó lo que llegó. En fin dejémoslo.

Seamos sinceros, la mayoría de los que tenemos derecho al voto no estamos pendientes de los programas electorales concretos de los partidos. Ni siquiera los propios dirigentes lo están. No lo digo porque mientan –que ya hemos visto que lo hacen-, sino porque son tan genéricos que pueden valer para todo. Los teóricos hablan de la hipótesis del vendedor de helados en una playa. Quien quiera vender mucho se colocará en el centro de la playa, para no abandonar a nadie demasiado lejos. Pero si llegara un segundo vendedor, se pondría también en el centro, porque si se coloca demasiado alejado del primero, lo único seguro es que perdería compradores. Por eso los partidos políticos no se autodefinen por ser de izquierda o derecha, sino de centro-derecha o centro-izquierda y sus lemas y propuestas están tan vacíos que no dicen nada. El “cambio” sirvió a Felipe y a Rajoy.

Entonces, ¿por qué somos tan cerriles defendiendo a un partido o a otro? La socialización, nos dicen. De entornos de derechas salen hijos de derechas y de entornos progresistas salen niños del PSOE, IU, radicales vascos… Sin embargo yo veo, y eso que no me gusta el fútbol, que de padres del Madrid pueden salir culés, o del Atlétic. Simplemente para llevar la contraria. Hay más continuidad generacional en las decisiones políticas –creo-, que en la afición al balompié.

Mi teoría es un push factor. El asco. Somos del PP porque nos dan asco los del PSOE, los vemos aprovechados, incoherentes, ladrones, contrarios a la libertad, nefastos en la gestión… Y somos del PSOE porque vemos a los del PP como riquitos, caciques, que se llevan lo suyo y lo de los demás, que legislan para las grandes empresas, que privatizan todo para dárselo a sus amigotes… Y ambos vemos a los de IU como ilusos, perroflautas, con un buenismo peligroso, que no se enteran de cómo va el mundo, siempre de abrazaárboles…. Los nacionalistas ven a los partidos españolistas como conquistadores, expoliadores y absolutistas. Los otros los ven como mezquinos, egoístas, xenófobos, irresponsables.

Las reacciones al fenómeno Podemos me dan la razón. Hay quienes simpatizan, pero son mucho más viscerales las declaraciones en contra. “Podemos comer mierda, miles de moscas no pueden estar equivocadas”, leí en un comentario. Muy bonita definición de democracia. Si un partido consigue muchos votos es que la gente no se entera, la gente es tonta, a la gente se la engaña. ¿Por qué no podemos aceptar que haya otras visiones, que haya quienes vean otros baches? Porque es tan intenso el asco que nos dan los contrincantes que no podemos ponernos en su lugar.

Evidentemente hay quienes no sienten un asco tan profundo y dependiendo de las circunstancias pueden votar a unos o a otros. La ventaja de la hipótesis del asco es que explica el poco trasvase de votos entre partidos de una elección a otra. La diferencia de resultados está en la movilización de votantes que no sentían el asco. Cuando se presenta un motivo, como la marrullera gestión de los atentados del 11M, aparece un asco generalizado que hace votar a dos millones de personas que no iban a hacerlo. Cuando la crisis de los partidos PP-PSOE es tan evidente que a unos dan asco los ERE y a otros Gürtel, muchos seguidores de ambas formaciones se quedan en casa.

Dicen los neurocientíficos que somos capaces de adivinar quién gana las elecciones viendo las fotos de los candidatos. Presentan retratos de dos líderes a los sujetos experimentales y en una proporción muy importante, sin conocerlos, adivinan quién ganó. Pero en lugar de poner el acento en que identificamos al ganador porque nos inspira confianza o carisma, quizás sintamos rechazo al perdedor. 

A escala municipal es mucho más evidente porque a menudo se conocen personalmente a los candidatos. No creo que sea por herencia (de tal padre, tal hijo), ni actores racionales (no medimos coste/beneficio de a quién votamos), ni adscripción de clase (los trabajadores a la izquierda, los profesionales y empresarios a la derecha). Por eso encontramos pobres que votan a la derecha y los profesores universitarios a la izquierda. 

Miremos dentro de nosotros mismos, comprobemos si realmente defendemos los programas de los partidos a los que votamos. Has votado a la derecha, ¿estás a favor de la libre empresa, los bajos impuestos, que el Estado no intervenga en economía? ¿Eres conservador en las tradiciones y partidario de la mano dura en los problemas internacionales? ¿Crees que los ricos lo son porque se lo merecen gracias a su esfuerzo y méritos, y los pobres porque son unos dejados sin remedio? ¿Piensas que los que cobran algún tipo de prestación están tentados siempre de defraudar porque lo público está siempre mal gestionado? O al contrario, has votado a la izquierda, ¿estás a favor de la intervención del Estado en la economía, la subida de impuestos para nivelar la pobreza y el Estado del bienestar? ¿Eres internacionalista y estás a favor de solucionar los conflictos mediante el diálogo? ¿Piensas que todos los hombres son iguales y debería redistribuirse la riqueza a cada uno según su necesidad? Seguramente habrás dicho, yo soy de derechas pero eso no lo dice la derecha. O soy de izquierdas pero estoy de acuerdo con algunas cosas de la derecha.

¿Cómo llegaste a votar a un partido? ¿Pensaste en cuestiones como el gasto público o la iniciativa privada o sentiste la urgencia de votar para que no ganaran esos sinvergüenzas que quieren llevar a España a la ruina?

domingo, 8 de junio de 2014

La bendición del agua



Imagino que algo tendrá el agua cuando la bendicen, y que por mucho que uno tenga las ideas claras no va a ser más listo que los demás. Mis opiniones son a veces fruto de un pronto repentino, pero en los casos importantes procuro hacer recuento y asimilar críticas, cambiar de punto de vista y, si es necesario, cambiar de idea. No suele ser muy común cambiar de idea. Cambiamos de coche, cambiamos de casa, de cepillo de dientes, de pareja incluso antes de cambiar de idea. Por eso me pongo en guardia contra mí mismo si me aferro a una idea tan contra viento y marea.

Ya he dicho infinidad de veces que soy republicano. Y que me parece una opción tan sensata que me extraña que haya quienes todavía defienden la monarquía. En este caso me da igual que sean juancarlistas, monárquicos o defensores de la institución. Creo que es tan de cajón que los ciudadanos tengamos la oportunidad y el deber de elegir a nuestro jefe de estado, que difícilmente puedo concebir argumentos en contra. Argumentos racionales, porque argumentos pragmáticos claro que los entiendo. Imagino que todos aquellos de la camarilla de Juan Carlos o de Felipe estarán temerosos de que se cambie el régimen, pues perderían su vía de influencia y sus prebendas tan poco democrática ni meritoriamente adquiridas.

Por eso me resulta tan difícil aceptar así en seco, a la Rawls, sin saber de qué lado te va a tocar, que defienda alguien la monarquía. Pero como tampoco entiendo el fútbol resulta que se me caen del pedestal muchos intelectuales que pierden los papeles con un equipo en una final. Supongo que seré yo el equivocado.

He visto con pesar que el asunto del elefante ha hecho más por la causa republicana que todas las manifestaciones y disertaciones. Y veo en la abdicación de Juan Carlos muchos intereses que coinciden en la misma decisión: la defensa de la institución monárquica, símbolo de la indisoluble unidad de la patria española. Pasando la corona a Felipe, las infantas Elena y Cristina dejan de serlo, así, cuando sea imputada, no se imputará a un miembro de la casa real. Y eso es inevitable, según parece.

Podría ser que Juan Carlos pudiera tener asuntos turbios que ocultar, por eso se le va a brindar un aforamiento que no acierto a justificarme. ¿Es que al final hay personas más importantes que otras? Supongo que sí. Hay que ver este Juan Carlos, es magnífico cuando gobierna y más magnífico aún cuando abdica.

Hubiera sido bonito poder abrir un proceso constituyente aprovechando la renuncia del monarca. Si es verdad, como dicen, que la mayoría inmensa de los ciudadanos es monárquica, pues que lo digan. Ahora, si es problema de la constitución, pues, sinceramente, me hubiera gustado que se tuviera el mismo empeño en cumplir otros artículos y no recortar tantos derechos. ¿Empezamos? Tasas en justicia, nueva ley de seguridad ciudadana, persecución de delitos de opinión, límites al endeudamiento del Estado… Por no hablar del derecho a un trabajo, la salud, la educación y una vivienda digna. Hay, sin duda, problemas políticos más importantes que la forma de estado. Pero eso no debe callarnos cuando denunciamos otros males menores. Por supuesto que el pleno empleo es prioritario, pero no debemos cejar en luchar contra la contaminación, la corrupción, el lenguaje sexista.

Para los conservadores (voten al PP, al PSOE o a UPyD) nunca es el momento ni la forma, ni el lugar de abordar estos temas. Empiezan a utilizar la demagogia y a clamar a las autoridades que no se rindan ante las presiones de la calle, desprestigian a todos los grupos políticos que rechazan la monarquía, miran por encima del hombro a quienes propugnamos que la ciudadanía debe poder elegir.

Jefferson, el presidente norteamericano, sostenía que había que repetir el consenso constituyente cada dos décadas. Por el simple cambio demográfico, el envejecimiento y la llegada de nuevos jóvenes a la edad del voto, cada veinte años se perdería la mayoría de quienes votaron y decidieron las leyes. En la actualidad, la mayoría de los españoles con derecho a voto no pudimos votar la constitución del 78. ¿Debemos aceptar el peso de la tradición? ¿Debemos rehacer los votos de fidelidad a un sistema sobre el que no nos preguntaron? Es evidente que si eres conservador tienes muy clara la respuesta a estas dos preguntas. La monarquía es una tradición.

Yo no quería, de verdad que no quería tocar el tema de Felipe y Juan Carlos, porque, la verdad, tanto monta, monta tanto. Haz que algo cambie… La restauración borbónica se parece cada vez más a la de Martínez Campos y Cánovas. Incluso en el hecho de que tras treinta años el bipartidismo se fue quebrando. Cuando me lo dijeron pensé que estaban de broma. Después aluciné con la “autocensura” de la revista El Jueves. Y el médico me recomienda, para la úlcera que no me sofoque, por eso tengo que echar fuera todas esas tonterías que voy escuchando sobre el temita dichoso del rey, de lo agradecidos que tenemos que estarle, de lo que significa la institución monárquica… También veo las convocatorias de marchas, concentraciones y recogida de firmas. No he podido evitarlo.

Y no se trata de criticar a Juan Carlos, de acusarle de amasar una fortuna indecente, de no respetar la fidelidad ni a los principios del movimiento, ni a su señora, ni a los intereses de los españoles; no se trata de denunciar los manejos financieros de toda la familia o del mantenimiento de una familia al completo. Está muy bien preparado, pues claro, le hemos pagado entre todos los estudios, mientras que hasta Rajoy se pagó su carrera y sus oposiciones. No es un rey concreto, es la Monarquía. Incompatible con una democracia que se basa en la igualdad de todos ante la ley. El soberano no debe ser un borbón, es el pueblo.

Para mí eso es tan evidente que no entiendo la necesidad de hacer sagrada una figura, en este caso el rey. Un rey bendecido literalmente por la Iglesia. Y, como empezaba diciendo, algo tendrá el agua cuando la bendicen. Pero el caso es que no me lo creo. Como soy ateo…

lunes, 2 de junio de 2014

Algunas reflexiones sobre Podemos



En las elecciones al parlamento europeo, la formación política Podemos ha conseguido cinco diputados, más de un millón doscientos mil votos. Si como ciudadano llama la atención poderosamente, como científico social, el fenómeno es apasionante. Y no me refiero sólo a la campaña y los resultados, quizás han sido también igual de sorprendente las respuestas mediáticas a este triunfo.

Su líder, Pablo Iglesias ha impactado, no sólo con su imagen, sino especialmente con su verbo. La formación se ha organizado en tiempo récord, consiguió los cincuenta mil avales en sólo veinticuatro horas, y, sin apenas presupuesto han trasladado su mensaje y convencido a más de un millón de personas. ¿Qué ha pasado? En las primeras horas tras conocerse los resultados, los portavoces de los partidos políticos, antes de que se reunieran los think tanks, antes que los pensadores oficiales elaboraran una estrategia consistente, escuchamos que si ha sido un líder muy mediático, que estaba todo el día en la Sexta y Cuatro, que si son anti-sistema, que si coinciden con Hitler por aprovechar el descontento ante la crisis (razón evidente de la "mayoría absoluta" del PP), que si son frikis. Después asistimos al bochorno de escuchar a Felipe González comparándolos con los bolivarianos. Si atendemos a todos esos voceros, Podemos serán un partido de centro, puesto que para unos son de extrema derecha y para otros de extrama izquierda. Dejemoslo estar.

Lo que sí me gustaría recalcar es la necesidad de los grandes partidos de replantearse qué están haciendo. Mal seguiremos yendo si consideran que el éxito de Podemos es cuestión de marketing. Entonces sólo cambiarán en los perfiles de Facebook y Twitter. Mi corta experiencia al respecto me dice que el uso de internet en la campaña sólo es efectivo si la red social existe anteriormente, si realmente hay detrás la misma voluntad política que mediática.

La diferencia no ha sido de propaganda, ha sido una diferencia política. Podemos ha hecho una campaña distinta porque hacen una política distinta. El sistema de círculos y asambleas provoca un cambio en la dirección que se imprime al movimiento político. En cambio, los grandes partidos, la casta, como le gusta llamarles Pablo Iglesias, siguen queriendo ostentar una posición de privilegio. Ellos saben lo que nos conviene, como un padre (esto me duele más a mí que a ti), un profesor (la letra con sangre entra) o un médico. Precisamente un médico que hace lo que debe, aunque duela. Que amputa los miembros que están gangrenados. Cercenan el miembro para que sobreviva el paciente. Pero el paciente no está mejorando con estas recetas propias de la medicina más rancia, el paciente empeora con las sangrías. Y lo más importante, el paciente está perdiendo la paciencia.

En segundo lugar creo que estos portavoces de estos grandes partidos deben tener en cuenta cuál es su público. ¿De verdad que creen que van a convencer a los votantes de Podemos acusándolos de comprar la ropa en Alcampo? ¿O de estar cerca de Chavez? Están asociando algo que no les gusta a ellos con algo que supuestamente no le gusta a nadie. Les acusan de populistas y los asocian con los partidos contrarios a Europa. ¡Cuánta demagogia en una frase! Si populista es hacer lo que quiere la gente, todos los partidos deberían ser populistas. ¡Si el partido en el gobierno se hace llamar “popular”! Están poniendo de un lado a los que defienden Europa como los progresistas, los modernos, los sensatos, cuando deberían decir que defienden las directivas de una cierta Unión Europea. Y frente a ella están los ultranacionalistas de extrema derecha, xenófobos y racistas. Podemos hace tanta gala de lo contrario que suelen acusarles de utópicos perroflautas. Lo opuesto a Amanecer Dorado. Si estos últimos coinciden en querer acabar con el paro, imagino que coincidirán con todos los partidos.

Pero si los ataques a Podemos están empezando a ser graves, mucho más lo van a ser. Durante la campaña han sido ignorados por los grandes medios. Aún ahora son ignorados por las televisiones: corre el rumor de que ya no los invitarán a los programas de Atresmedia; y pocas o ninguna las entrevistas en RTVE, que son capaces de sacar a los actores de Cuéntame en el telediario.

Había consigna de no preguntar sobre ellos en las encuestas más importantes, no tenían anuncios en la televisión, apenas carteles, pero muchas, muchas reuniones. He leído en El País (quién te ha visto y quién te ve), dejar caer que Pablo Iglesias utiliza sus conocimientos sobre los medios (en Tuerka tv y en las tertulias) y la política (es profesor universitario) para llevar su campaña. El tono era parecido a acusarle de utilizar pócimas mágicas para doblegar la voluntad del votante. Si, como parece, y me confirman algunos amigos, los integrantes de Podemos que organizan la campaña son científicos sociales, son muy buenos cienfíficos. Han sabido recoger las ansias del electorado, que no son los que votaban al PP, alguno habrá que traspasa el voto del PSOE,  no tantos de IU, puesto que también han subido, pero muchos, muchos más han sido movilizados. Y personalmente me alegro de que haya políticos que no necesitan asesores para todo porque saben, al menos, de algo.

Raros son estos antisistema que se basan en hacer cumplir los artículos sociales de la constitución vigente. De todas formas, la única esperanza es que sean realmente anti-sistema, de este sistema corrupto y viciado. Quiero recordar otra vez que la mayoría de la población no ha mostrado su consentimiento explícito al PP. Sólo ha votado aproximadamente la mitad del censo, y de los votantes, apenas un 26% ha dicho explícitamente que apoyan al Partido Popular, y un 23% el PSOE. Podemos ha alcanzado casi un 8%, lo que partidendo de la nada es una barbaridad, pero mayor barbaridad es decir que se ha ganado las elecciones perdiendo un millón y medio de votos y sólo representando a uno de cada cuatro votantes. Lo único que me queda claro es que tres votantes de cada cuatro, más la mitad de los mayores de edad no se sienten representados, no quieren ser representados por el PP.

El riesgo de Podemos es aparecer como los protagonistas de un telefilme de la factoría Disney. El pequeño que desafía al grande y que cuenta con la simpatía emocional del público. Esperemos que no sea así, aunque no se esté de acuerdo con su programa, porque lo que esta formación política ha realizado es un acto de empoderamiento (palabra que detesto), no han pedido permiso para entrar o para pactar. Tienen la ambición de gobernar, al menos para echar abajo el bipartidismo. Y están muy cerca de conseguirlo. Tienen la ilusión, las ganas, el conocimiento y juegan con el factor sorpresa. Las siguientes elecciones serán muy distintas. Imagino que ahora toca resistir las acusaciones de fumar porros, de ser distintos, de ser raros. Sacarán los trapos sucios, las fotos comprometedoras. Les atacarán despiadadamente porque ahora no les habían tenido en cuenta. No pensaron que resultarían.

Las críticas han sido tomadas por la formación como medallas, como condecoraciones al triunfo. Nos tienen miedo, dicen. No creo, sin embargo, que haya que sacar tan rápido esas conclusiones. Más que, o además de, por amenazar su hegemonía, lo de ahora han sido sólo las pataletas de desconcierto y la envidia. A eso suenan las palabras de Rosa Díez, que no ha podido rentabilizar el tirón mediático que se había ganado ella o tenía su compinche Toni Cantó.

Queda ahora ver cómo desarrollan su actividad política fuera de la campaña, cómo solucionan las dudas, los apoyos, las decisiones comprometidas. Igual que debemos exigirles a todos. De eso trata la democracia.

Aquí en Rota tendrán, por ejemplo, que explicar qué hacer frente a la Base Naval, cómo lidiar con las necesidades de las personas y los principios éticos que defienden. Les queda también abordar el establishment de los sindicatos y de eso Teresa Rodríguez debe saber un rato. Por ahora, y por poner un ejemplo, son transparentes en sus cuentas. Eso ya es un cambio.