lunes, 27 de julio de 2015

No ver, no oír y callar



Las noticias se están convirtiendo en algo que me sienta mal a la salud. Y no sólo porque sean malas, que lo son por definición, sino porque están mucho más que tendenciosas, tergiversadas, manipuladas… Comienza uno escuchando el telediario o un debate y empieza a hervir la sangre: ¡cómo se atreve a decir semejante sandez! ¡Cómo puede tener tanta cara dura! ¡Cómo son capaces de ser tan malos periodistas! ¡Pero si se les nota el plumero!
Da igual la cadena, las públicas y las privadas, las de una tendencia o las de la otra, todas están comenzando a tomar la deriva de considerar al espectador como una mente simple a la que hay que poner las cosas muy claritas. Lo malo, lo bueno, a quién odiar y por qué. Te mastican los argumentos para que el televidente no tenga ni que pensar. Es tan burda la manipulación que podría dar risa si no fuera tan grave.
Reconozco que en los tiempos en los que empezó el fenómeno Podemos fueron muy divertidos. La irrupción de un nuevo actor político los había cogido a contrapié y empezaban a decir tonterías, a apuntar a derecha e izquierda para desacreditar algo que no se sabía muy bien qué era. Ahora la cosa está más estabilizada, Podemos, Ciudadanos, Pedro Sánchez, el neoPP… el tablero está claro y las reglas también.
Los acontecimientos de Grecia, la supuesta bajada del paro, los problemas con Cataluña, el calentamiento global, la Púnica… cualquier asunto está ya tan embarrado que da asco. No se puede uno aclarar con nada. La web de desmentidos de la alcaldesa Carmena, por ejemplo, ¿de qué se trata? Según unos, del control de la Rusia comunista, según otros, de lo mismo que tiene la Comisión Europea. Los periodistas quejosos de que se les desmienta, otros periodistas orgullosos de que los primeros se lleven un rapapolvo. Pero, ¿de qué va? Imposible de saber, como imposible de saber qué pasó con el Pequeño Nicolás.
Los canales informativos convencionales no se ocupan de multitud de temas que son fundamentales, como el Tratado de Libre Comercio. Procuran centrarse en cosas tan importante como los niños de patio de colegio que cuelgan o descuelgan el busto del rey emérito. O el revuelo que se ha formado con la llegada a los ayuntamientos de activistas algo más radicales. Ocupan capillas universitarias, orinan en la calle, ¡postporno! A ver cuándo se acostumbran a que la gente tiene un pasado combativo más allá de las conferencias y congresos de partido, más allá de los cursillos de cristiandad y los scouts. Además, ¿no se supone que los héroes de la Transición habían sido antifranquistas y habían sufrido persecución de los grises? Esto es todo una estrategia de la distracción.
Los canales alternativos no son tampoco mejores. Es verdad que gracias a las redes sociales puede uno informarse de otros puntos de vista, de otras publicaciones, de otras denuncias. Pero, ay, están también totalmente tergiversadas cuando no totalmente falsos. Rumores y bulos sobre alcaldes de uno y otro signo, que si van a dar 600 euros a los emigrantes, que si han quitado el dinero de las guarderías… Todo es válido para desacreditar al contrario. Y si no, prueben a buscar páginas de “anti”: “antipodemos”, “antiPP”, “antiPSOE”… No importa contrastar la información, esto es la guerra.
Se trata de no ver y no oír. Porque no hay forma de llegar a la verdad y porque sienta mal al estómago.
Pero creo, sinceramente, que lo peor es que tampoco se puede hablar. Hay que callar por ley. Si desde este blog defiendo mis ideas republicanas, ataco a la institución monárquica, simpatizo con los que silban en los partidos, hago patente los engaños y el abuso que han permitido que la fortuna personal haya aumentado generosamente… si pongo por escrito toda estas cuestiones me expongo a que me denuncien.
El caso del concejal Zapata ha sido un aviso a navegantes. No se habían movilizado para detener a los que amenazaban a Ada Colau antes de ser alcaldesa, a Pilar Manjón o a los integrantes de Podemos y sí que lo hacen ahora porque se fomenta el odio, dicen. Y dejan caer las similitudes con los nazis. En cambio, en los juicios contra grupos neonazis, no pasa nada porque hay defectos de forma o se anulan las escuchas. En el fondo ya lo sabemos, todos son nazis menos los nazis.
La llamada Ley Mordaza clama al cielo. Dicen por el internet que la ONU ha pedido a España que la retire. Realmente no me lo creo, ojalá. El caso es que cualquier persona normal no puede permitirse tener unos abogados que hagan desestimar las posibles denuncias por parte de un fiscal que se empecina en ver normal que unas esposas desconozcan los negocios turbios de sus maridos mientras que otras esposas de otros maridos sí que deben conocerlos.
El problema, como estamos viendo, lo tienen quienes denuncian los abusos de los cargos públicos. Como en el caso Gürtel, como en tantas ocasiones en las que la víctima se hace con la cruz de las consecuencias. Denuncias un caso de horas extras y el culpable es el denunciante, no quien realiza las irregularidades.
No ver, no oír, y callar.
El gran Baltasar Gracián, acostumbrado como estaba a un mundo de mentiras y ocultaciones, siempre es un buen consejero. Siempre prudente cuando prefería ser loco con los locos que cuerdo a solas y recomendaba no ser de vidrio en el trato ni con los amigos.
La desilusión es lo que acaba uno teniendo. El desencanto y la frustración es lo que buscan.
La desobediencia es lo que nos queda, echarnos la manta a la cabeza y confiar en que el mundo pueda retomar un rumbo que queda ya muy lejano. Pequeños y grandes espacios de resistencia. Desconectar y usar de nuestro sentido de la realidad, no abandonar la lucha, sino dejar de oír al coro de vociferantes voces que dirigen las discusiones y mastican las opiniones ready-made.
Aunque sólo sea por salud.

2 comentarios:

  1. Todo da asco. Quizá sea eso lo que pretenda. Esto es un mundo de sombras, cada vez más esclavos mirándolas con resignación, mientras la títeres y los que gobiernan el mundo dirigen la función....

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  2. Totalmente de acuerdo, parece que la vida imita a Platón

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