martes, 9 de mayo de 2023

Reseña de Julia Bellido: ‘Desobediente’. Poesía Garvm. 2023

 DESOBEDIENTE. BELLIDO, JULIA. Libro en papel. 9788409478095 Librería La  Luna Nueva

Reseña de Julia Bellido: ‘Desobediente’. Poesía Garvm. 2023

Quizás el mejor libro de esta poeta exquisita que sabe como pocos recrear lo minúsculo del paisaje. Aquí también demuestra la rebeldía y la decisión de ser una misma frente al mundo. No es baladí que comience con una cita de Thoreau: “En lo accidental hay un cierto grado de perfección que nunca logras de manera consciente”. La rebeldía de Julia Bellido es la respuesta a la imposición convencional: “Mis padres me prohibieron ser feliz. // Aquella era la norma indiscutible / para así no alterar el orden de la casa. / Todo estaba en su sitio, / y también la tristeza / estaba allí, donde debía estar” (Desobediente).

La autonomía, los sabemos, cobra sus víctimas, guarda sus heridas: “Siempre fui un animal independiente. // Y todos se empeñaron en que fuera / un bicho de costumbre. /…/ (Aquella cicatriz / aún permanece intacta)” (Un animal independiente). Y la visión no es solo personal en cuanto individuo, va más allá: “Toda mujer es un lugar en llamas / donde arden también / otras muchas mujeres. // Esas que no pudieron lograr contar su historia / por culpa de algún hombre” (On fire).

El lirismo que contienen siempre los versos de Julia Bellido se emplean aquí para describir de manera efectiva los interiores del sentimiento: “y quien es quien destroza los hierbajos del tiempo y me deja la flor / atendida y desnuda en la superficie” (Medicina). Un desgarro intenso que va atravesando la huella: “Sangrar también significa embestir / con las fauces del vientre / y el fiero desatino de la lengua. /…/ Sangrar es repetir una / y otra vez / el mundo” (Ser dese donde). La cualidad atenta de la poeta recorre con lucidez este sufrimiento: “Oigo a las crías bramar desde el fondo del nido /…/ Lentamente les dejo / consumirse en su llanto, / abrigarse entre ellas / y darse picotazos /…/ Sus alas crecerán / o morirán de hambre” (Días sin culpa).

“Y no aprendí a tejer sino a matar” (Penelope fiction)

Sin una habitación propia retoma la aspiración de Virginia Woolf para insertar la desobediencia a partir del oficio de poeta. Dice, “yo lo escribía todo” (Sin una habitación propia). Y en su experiencia constata que “La palabra es un fuego / que quema la garganta / cuando muere en los labios / o deja de escribirse // Cuando nadie la escucha también quema” (Sobre las palabras); y que “El verbo es el cariño / y el principio de todos los caminos /…/ Creo en esa palabra que se escapa / del vacío insondable de la muerte / u que sigue latiendo / porque no hay quien la calle” (Credo). Una obsesión que sana el dolor: “El poema es hoy / un pájaro que tiembla / en una aguja líquida de pino” (Las horas, las olas, las alas).

Se abordan otros temas para ser desobediente, como el miedo (“Es justo lo que hay / entre mi miedo y yo / y el tiempo que me queda”, Para que tú lo entiendas) o el silencio (“El silencio no existe, / tan solo su deseo”, Shhhh…). Son pequeños momentos que se van transcribiendo en la piel: “me voy yendo de mí mientras escribo” (Suspendida en lengua). Son los momentos del deseo (“La mirada es un nudo. / Un nudo hecho de luz”, Algoritmo) y de su ausencia: “Qué fácil es morirse / y fugarse sin una despedida. // Sin una explicación, sin un motivo. // Pienso y regreso y suelto el aire / dejándome ascender / sin poner resistencia / hasta la superficie” (Me han llamado Virginia).

La siguiente sección, Canción triste de Ariadna, desplaza la mirada conscientemente; “He limpiado mis llagas / y he colocado al fin / unas sábanas blancas / sobre un mero colchón” (Canción triste de Ariadna). Sopesan los versos el sufrimiento que acarrea la desobediencia (“En tu cuerpo se aloja / todo el dolor del mundo”, Óseo) y recrea en la nostalgia lo que no se perdió porque nunca estuvo: “Nos miramos / desde ese fondo gris de nuestra vida / y atisban a ver por un segundo / el reflejo intocable de ese amor / que no se concibió para nosotros” (Olhâo [o meu amor primeiro]).

Con el poema Cosmic Consciousness se inicia una sección con ese título mucho más reflexiva, con citas de José Mateos, Muñoz Rojas o Benítez Ariza. En ella surgen los grandes interrogantes: “No sé qué significa / encontrarse a sí mismo” (Cosmic consciouness); “El instinto animal es inocente. / No comprende la insensatez humana” (Inocencia animal); “Pero el tiempo no corre, // tan solo se hace a un lado / para dejarme paso” (Tríptico en la Laguna de Medina); “Vuelve a morir un día, / o eso es lo que dice el horizonte / porque realmente / soy yo / la que se está muriendo”.

Predomina un estado de sencillez y la humildad: “No puedo imaginar / que soy algo más / que una brizna de hierba” (Con Withman); “Todo parece obvio. Miro el mar // exactamente igual / que el resto de turistas” (Torre quebrada). Se funde la poeta con el paisaje, “que tiene más de mí que donde vivo”. Aspira a fundirse con él, confiesa: “Quiero ser, con el tiempo, / imperceptible. // Ni siquiera un recuerdo o una sombra /…/ Y al fondo del espejo / encontrar solo bruma” (Con el tiempo). Aboga por una visión templada, donde desaparezca el pathos, de aceptación del destino, porque “Al final del camino no hay camino. // Ni puntos suspensivos / al final de la historia” (Gravedad). Y ya sabemos que la trascendencia es una quimera: “Mis palabras no harán / que cambie nada. // Ni dejarán mis pasos huella alguna” (Testamento).

“Escribir es tener

conciencia del vacío

La palabra que arde en el cedazo

brillará entre las otras

 

que caerá al suelo y morirá

 

en la tierra baldía” (Oficio de la luz)

Este es un poemario descarnado y a la vez sereno, donde la atención al detalle está en la mirada y en la cuidada elección de las palabras, los paisajes y los ritmos. Se encuentra a medio camino de la reflexión de Virginia Woolf y el amor por la vida y la aceptación estoica de Whitman.

domingo, 7 de mayo de 2023

Reseña de India Toctli: ‘Tiny Tales’, ‘Mamá pez’, ‘Mituke’, ‘Cosas que pasan camino a la montaña’, ‘La infancia India’. 2019 - 2022


 


India Toctli es una artista multidisciplinar porque entiende el arte como un medio transformador, mágico. Utiliza la poesía, los textiles, las pinturas, realiza instalaciones, artes plásticas y estos pequeños fetiches en forma de cuadernillos. No es de extrañar que en su biografía lo numinoso esté presente. Biológicamente tuvo una fecha de nacimiento, pero prefiere considerar que fue mucho más tarde cuando conecta con su verdadero yo. Mientras ha vivido con una máscara y en cierta manera, estos relatos gráficos son una suerte de proceso de eliminación de máscaras.

Es indudable relacionar esa intuición con su formación psicológica, en el sentido tanto académico del término como de una forma mucho más general, que pueda conectar con lo más esencial y conectar con otras realidades. Sus trazos, en cierta forma son psicodélicos en la forma más genuina del término, el que está más cerca de Carlos Castaneda que de los cartelistas de Jimi Hendrix. Aunque, también están llenos de una intención de ir contra corriente, contra el poder, contracultural, en suma.

Como los chamanes, el arte de India Toctli tiene un carácter activo, tanto de los cuidados y la ternura como de cuestionamiento de las realidades heredades y con capacidad actante, como los conjuros vacían los contenidos y desencajan las situaciones. Una visión crítica y activista, fruto de la tercera trasformación personal, llena de unas florecientes ganas de vivir.

Los primeros cuadernillos tienen formato de A5, La infancia India, en A4.

Tiny Tales son una serie de historias diminutas, imaginadas y dibujadas por la propia India Toctli. La distribución entre viñetas y texto es exquisita y los dibujos combinan una especie de inocencia con momentos crueles. Dentro de ellas, Oops está basada en una pesadilla de Lorelai Gilmore, de la serie Las Chicas Gilmore. Situaciones angustiosas, oníricas envueltas en colores pastel. Esa es una de las maneras más eficaces para transmitir esa voluntad de transformación, contraponer un tipo de colorido asociado a lo ñoño con la crudeza del trazo y de las historias.

Mamma pez: “esto es algo que no pasó fuera, pero pasó dentro y nos salvó”. En este caso toma la forma de un monólogo, y los colores tienen una paleta más básica, solo tres colores y un uso efectivo del fondo. La integración entre el argumento y el dibujo recrea, en cierta forma, la lucha interior del personaje, como la superación del discurso mental y la realidad material.

En contraposición, Mituke es un sueño con una sola protagonista que va creando unas realidades. Es quizás el cuadernillo más psicodélico en el sentido convencional del término. El espíritu de liberación de los sueños está implícito en la propia intención de dejar abierta la narración por parte de la autora. “Esta historia continuará en tu imaginación”, sentencia en la última página.

Cosas que pasan camino a la montaña juega con la superposición de la intrahistoria con la historia con mayúsculas. Tiene el aspecto de una narración que sucede en el paisaje canónico de la prehistoria. En este paisaje, el personaje femenino, como todos los de esta serie, entiende las experiencias básicas de la vida, con lo que se hibrida lo personal y lo colectivo. Una referencia a lo atávico que todavía nos (les) persigue.

La infancia India, no solo por el tamaño, es un proyecto algo distinto. Son textos y collages como un museo de la infancia. A India Toctli le corresponden el texto y las ilustraciones y recibe la ayuda en la maquetación de Jorge Cárdenas del Moral. Alicia Lindón, en sus Geografías de lo Imaginario, constata la aparición de lo que denomina museos de la intimidad, donde el yo es retratado a partir de recuerdos, fotografías, objetos… que marcan el paso del tiempo y sirven para definir la identidad personal. En este proyecto encontramos fotos de bebé, tejidos superpuestos, que se acompañan con reflexiones y poemas: “Todos los patios tenían niñas bonitas. A las feas las encerraban en el sótano”... “Para las personas adultas / bonita significaba “lo que no piensa” y fea, el resto”. Un cuestionamiento, no solo de la identidad personal, sino una denuncia de lo normativo. La autora plantea su trabajo a partir de “tres pilares principales que interactúan entre sí: la identidad, lo no normativo y las posibilidades”. Edita La Precaria Mad.

Estos trabajos son disfrutables a varios niveles, particularmente a nivel estético y profundizando en lo que van dejando de poso los argumentos y los textos. Son piezas de arte donde se juega con lo naif como estética y como mirada transgresora que recurre a lo más atávico y esencial.

 

 

viernes, 5 de mayo de 2023

Reseña de Ícaro Carrillo: ‘La sed y el brindis’. Ediciones La Huida, 2023

 


Cuentan que Ícaro Carrillo es un fan de Leiva y que ha puesto sus facultades de investigación en un proyecto sobre un grupo de dudosa reputación que celebra en Rota (Cádiz) la amistad y poesía. Desde Murcia podemos rastrearlo en Musas, blasfemias y trincheras (Zerkalo, 2017), Un espejo para Medusa (En Huida, 2018). La sed y el brindis cuenta el paso de una situación sombría a la celebración.

La sed presenta todo aquello oscuro que ronda al poeta y que dispara el deseo o la nostalgia: “Tener todo lo que no puedo escribir” (Desguace);“Recelo del invierno porque es un asesino / acariciando venenos demasiado lentos / que siempre llega para mostrar a Dios / como un malabarista ciego / con un puñado de vidas en las manos” (Veneno lento). Recurre entonces a una estrategia de contención, casi una hibernación controlada: “Los voluntarios de la luz / refugian velas bajo su paraguas / esperando a que pase la tormenta” (Durante la tormenta); “Quiero pasar mis días / ahogando mapas y resucitando caminos” (Mapas y caminos). Los poemas están impregnados de un tono doliente, casi desgarrado: “y yo sé que mis pies / conocen el fuego pero no el resplandor” (Impostor); “Huyo de la fe impotente de los santos / y del perdón ácido del confesionario. // Dios vomita noches y silencio / sobre el calendario / y yo busco a tientas el interruptor” (Eclipse).

Metáforas religiosas sirven de contrapunto para esa angustia: “Una mano extraña / dibuja en mi pecho / la huella de un ángel ciego” (Dos mitades); “Los párpados de Dios son muros / adornados por manos lejanas” (Párpados y muros). Sin menoscabo de recurrir a otro tipo de imaginario, heredero de la música, y aparecen citados Josele Santiago, Derbi Motoreta Burrito Cachimba, Lichis, Joe Strummer…: “Una herida es flor / sobre el asfalto / al filo de la media noche / y la música embistiendo / a golpe de dentelladas” (Rock & Roll).

Se desgranan los poemas entre pesadumbre, intemperie, negras premoniciones premoniciones y lúcido pesimismo: “primero cae el pájaro, / después el cielo entero” (La aristocracia del barro); “El calor dorado de la música en mitad del invierno / retiene la esperanza en nuestros oídos” (Música); “Quién sabe si el otoño / no es más que un rastro de cristales rotos / entre los pies desnudos del verano” (Cristales rotos). Las frustraciones de los deseos (“Como dos gatos leyendo la noche en braille / caminamos por los mismos versos / y tropezamos en idénticas moquetas”, El mundo, Alicia y yo), las ausencias (“El futuro era esto: / en ocasiones los ojos de mi madre / me devuelven, / por un segundo, / a mi abuela”, Inmortal), el miedo (“Hoy es black friday y las cajas registradoras / se entregan al vendaval del dinero / mientras crece la sombra de mi padre”, Trasplante), la injusticia del mundo (“Escupo en vuestro palacios. / Yo solo quiero mi pequeña parte del mundo. / El resto podéis quedárselo / entero”, Carta abierta para los hijos de puta de siempre) provocan una rebelión en el poeta que, aun así resiste: “Procuro no olvidar que solo un gato / es capaz de esbozar selvas en el asfalto… / que escribo sobre las sombras / para conquistar la luz” (Para no olvidar).

Los poemas en sí mismos son parte de la resistencia siempre que sean auténticos, herederos de una vida que se vive: “Todo apunta a que los cimientos de este fuego / no duermen en ninguna cerilla” (Eso era todo); “Los versos sin vida son solo humo” (Octubre); “pero los poemas que no escribo arañan mis brazos / como pequeñas cuentas pendientes marcadas en la piel. // Casi nunca es domingo dentro de un folio en blanco” (Escultor ciego).

Afortunadamente, el “pesimismo claro”, en palabras de la contraportada, cambia radicalmente en la segunda parte, El brindis, donde “se impone una esperanza derivada del nacimiento de las hijas del autor”: “Tengo por delante ocho meses / para inventar un mundo libre / de fronteras de napalm y cemento” (Alicia está embarazada). Y, aunque nunca se vayan los miedos, se abre la luz, como en el poderoso poema Planta 4, Habitación 420: “Un ángel en llamas / es capaz de arrancar el tiempo de los calendarios. / Lo sé porque mis hijas / llegaron entre una estampida de luz / que hizo huir a las hienas muy lejos”.

A partir de este momento se van a entretejer los tiempos de escritura y los de crianza: “pero sé que en la tinta / hay una forma de golpear / a favor de la belleza” (Veneno dulce); “En el suyo, el tiempo es denso / y gime como un sonajero relleno de metralla” (El puente); “Defendemos el silencio / que refugia al sueño de nuestros hijas / y la ira de las bengalas incendia el cielo” (Noche de fiesta). Y será consciente de la fragilidad irremediable del mundo: “que abandoné la costumbre de rezar / porque aprendí que el tiempo / astilla el dolor en las salas de espera / pero no lo rompe” (Flores de asfalto). Reivindicar la esperanza es casi un deber: “En resumen: / durante un mes / el cielo fue una promesa / escrita en polvo / antes de la lluvia” (Coronavirus); “Quiero despertar cada mañana / porque una voz cabalgue la habitación oscura / diciendo papá” (Una voz).

“Miro a mis hijas

y susurro unas palabras

que todavía no entienden” (Palabras…)

No hay nada mejor que alegrarse con el poeta por el nacimiento de sus hijas, por celebrar esa esperanza y acompañar en la incertidumbre de un mundo al que pertenecemos de manera tan frágil que ni la belleza de los versos defiende del todo.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Reseña de Álvaro Bellido: ‘Spam’. Boria Ediciones. 2023

 Spam - Boria Ediciones


Álvaro Bellido presenta su segundo asalto poético para Boria Ediciones. Antes que los Monty Python transformaran el significado gracias a un gag de su Flying Circus, el término Spam proviene de una contracción de Spieced Jam, carne enlatada para los soldados en la II Guerra Mundial. Precisamente la polisemia –en sentido amplio– es el eje sobre el que pivota este volumen. El autor hace dos paralelismos, por un lado la carne enlatada se bombardea, incluso suena así, como los obuses. Y por otro, el Spam es basura, correos basura con los que somos bombardeados. Este es un libro sobre el bombardeo de basura. Pero no nos adelantemos.

Héctor Castilla despliega la alfombra roja con su prólogo y Álvaro Bellido se encomienda a Alun Lewis, poeta que murió como soldado en la II Guerra Mundial. En realidad, más que una suerte de monólogo dramático, este experimento tiene más que ver con los intentos de Ben Clark de asumir la piel de Shackleton. La primera parte,  La carne y la guerra / Exhumación del desastre, no es solo un paisaje con figuras, es una inmersión en las trincheras físicas y emocionales: “Aseado y afeitado ante el espejo, Lewis / ha desenfundado su arma y ha dicho adiós. / Un golpe metálico, un adiós silencioso. /…/ Todo es mentira: / Aquella imagen suya en el espejo. / la certeza del disparo aquel /…/ La guerra ha terminado” (La guerra ha terminado).

La dualidad entre el bombardeo y el reparto de comida es tan esencial que acaba retratado onomatopéyicamente: “Es aterrador: / [Spam] el contenido del paquete / / [Spam] en perfecto desorden / [Spam] sobre la muerte. / [Spam] [Spam] [Spam] [Spam]. / La alegoría de un bombardeo / en su propio colchón” (Spam. Un bombardeo). Y también simbólicamente: “Pasará el tiempo y las contiendas, / reduciendo todo lo cómico / a un cúmulo de polvo y escombros” (Aviones). Juega el poeta a confrontar conceptos que son antitéticos y ponerlos a la luz: “A la guerra se llega como al amor, / con más miedos y estupor que certezas, / con incertidumbres entre los dedos, / ausencias, fantasmas, destrozos” (Noche en Coonoor); “Traicionar como forma de perpetuar / una existencia de harakiri sin dolor, / la aventura como anestesia ingrata” (Fred Aykroyd). Sentencia: “Uno desarrolla la habilidad para ser / simultáneamente, herida y cicatriz, / hoguera y cenizas, poema y silencio” (Lluvia y charcos).

La técnica tiene mucho de musical, repitiendo versos como se repiten melodías en una composición: Va repitiendo versos “Porque nada bueno puede resultar de tanto infierno. / Nada bello nace del estómago de una granada”. A nadie debe extrañar que entre las referencias convivan el malogrado Jeff Buckley junto a Joan Margarit o al inmenso W. Whitman.

“Es noche cerrada y un soldado describe

que todo es un inmenso vestigio

de todos los instantes que arrastran,

que la historia es una colección de sustratos

que reflejan todas las guerras” (El gran basurero)

La segunda sección, Debrus / La basura, desde el principio, retoma el nuevo concepto de spam como basura, que, al fin y al cabo, componen los sustratos de los que acaba de hablar: “El resto: / un cúmulo de accidentes y colisiones, / el caos que inventa, de forma caprichosa y casual, / la partícula primigenia, el carbono, los planetas. / La vida”. El spam son ahora los despojos: “La civilización, esa gran paradoja. / El progreso: inventan artefactos / que nos hagan mejores que la civilización anterior. / Y destruirla con ellos. / Y destruirnos con ellos”; “Todo lo que un día fue promesa de algo / hay amenaza con caernos encima / y exterminarnos”. Paradoja es la palabra que vertebra este poemario, “Envoltura plata de basura espacial / para esta existencia Ferrero Rocher”.

Hijos de la lluvia / Anamnesis y desperfectos es el título de la sección más confesional del volumen: “No he subido aquí para olvidar. / Solo quiero saldar mis cuentas” (El desván). Retomando imágenes de las secciones anteriores, los recuerdos pueden asolar como las bombas sobre los edificios: “Es como tú, / cuando me cansé / de verte iluminada / a intervalos fugaces / y tu luz se volvió inquietante” (Una farola de luz intermitente). Las bombas de la batalla son reflejo de los conflictos emocionales: “vivir en son de paz, me decías. / Y lanzabas tus bombas de fin de semana / al rincón huraño del sofá que yo habitaba” (Son de paz). Y la basura espacial de la civilización ultramoderna no es sino otra manera de hablar de los conflictos de pareja: “El síndrome de Kessler –pensaba yo– / también sería aplicable a nosotros: «a más cantidad de basura, mayor / probabilidad de impacto y frecuencia»” (Síndrome de Kessler).

El poeta encarna el tono elegíaco pero sin nostalgia: “Abrazarnos fuerte no nos hizo entrar / en calor Ya apenas nos quedaban / latidos, fuerza, clavos ardiendo” (Verano I [poema para el invierno]); “y vimos morir el pronombre: / besábamos a dos desconocidos / y la guerra terminaba ahí” (Noche en Madrid). Son momentos decisivos, movimientos tácticos de un continuo bombardeo que fuerza las trincheras a saltar por los aires: “Cuídate de mí, / de los silencios que guardo, / de los infiernos que habito, / de las sombras y el crepitar / de mis entrañas” (Cuídate de mí). Una visión deshecha del propio poeta: “Infierno soy yo del fantasma de todas las camas / que he habitado y quemado sin ti” (Todos los cuerpos).

Se transita por paisajes poco hospitalarios, intemperies urbanas dentro de las paredes de lo que pudo ser un hogar: “Hay polígonos industriales en desuso / con más vida que lo nuestro /…/ Ahora ya puedo pisotear estrellas / en los charcos abisales de ayer, / cerrar los bares, vencer la alborada, / dormir la resaca en los parques. / Ya no eres habitación, solo periferia. / Periferia, anamnesis. Todo está bien” (Periferia). Pero no lo está. Perseguir, en todo caso el segundo premio, como dirían Los Planetas: “y el dolor como objetivo, / la venganza como forma de vida” (El papel y las bombas); “Para ti la culpa, / para mí la culpabilidad /../ Cuando una guerra termina / siempre hay uno que se rinde / y otro que se desmorona./ Para ti los amigos y el calor / del tabaco, los abrazos y las calles, /para mí la distancia y la nieve, / la nostalgia, el alcohol, los poemas” (Reparto).

El leitmotiv hace girar al principio este desgarro interior y volver la esencia de lo que debió ser alimento y confort y acaba como basura que puede matar: “Algo hay de harakiri en este / buscar tan adentro el poema /…/ (tú) ahí, en mitad de mi olvido. / Spam. Eres puro spam” (Spam). Un libro duro y honesto, complejo en estructura y con una madurez poética importante.

lunes, 1 de mayo de 2023

Reseña de Eva Manzanares: ‘Todas lloran’. Inlimbo Narrativa. 2023

 TODAS LLORAN | EVA MANZANARES | Casa del Libro


Eva Manzanares (Cartagena, 1971) reside en A Coruña y es cofundadora de una compañía de relaciones públicas digitales. La autora fue finalista en la IV Edición del Concurso Internacional de Microrrelatos Museo de la Palabra. Su cuento Un bebedero en la copa de un árbol ganó el XV Certamen Literario de Relatos Breves Mujeres 2020, convocado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. InLimbo presenta ahora su primera recopilación de relatos que tienen un nexo común, se trata de historias de mujeres ante la intemperie. Recuperando el título del primer poemario de Marta Pumarega, son el antónimo de cobijo.

Al principio Rita te esperaba en su habitación (situada al otro lado tras el patio), con la puerta entreabierta y la luz apagada. Te esperaba, o más bien te rehuía, sentada junto a la cama, arrinconada en una butaca que parecía de niña, con su camisón revuelto, sus piernas desnudas, pellejudas, de un color amarillento. Con el lado izquierdo de la cara sobre el que solía dormir planchado y el pelo hacia arriba, como una cacatúa. (Un bebedero en la copa de un árbol)

En algunos casos vemos cómo el desasosiego, incluso el terror, proviene del desafío de las protagonistas ante un ambiente asfixiante, pero otras veces va mucho más allá, son relatos de angustia de la que es casi imposible escapar, ni siquiera cambiando de continente. La novedad de este volumen está en el contenido social tan explícito, aunque bien es cierto que InLimbo ya había puesto sobre el tapete mucha crítica, incluso política. En los relatos de Todas lloran hay situaciones complicadas, incluso crueles, aunque traten el tema de la maternidad.

Las protagonistas se enfrentan a un mundo injusto y la esperanza está en la sororidad, mucho más que en la espera de un golpe de suerte, que la autora siempre esconde para evitar trampas efectistas. Tampoco se complace la narración de descripciones excesivamente prolijas, de paisajes que dejen pistas facilonas para la identificación con los protagonistas. Son historias espartanas en el sentido de prescindir de florituras y relleno colorista. Los paisajes, principalmente urbanos, están nombrados de pasada, básicamente lo imprescindible para que la historia avance y sigamos como una cámara al hombro la acción.

Pobre chiquilla. La vida no es siempre como uno quiere.

Pero ahí está la madurez.

Las cosas como son. (Ana, mi Anica)

El estilo es directo, manejando bien el tono y el ritmo necesario a cada historia. Es cierto que hay una voz identificable en la manera de narrar, de describir los personajes, especialmente la personalidad menos evidente de cada protagonista, que procuran escapar del estereotipo, variando las condiciones sociales, las edades… El planteamiento narrativo incluye siempre una búsqueda, especialmente de solución a las problemáticas concretas, pero se intuye detrás un replanteamiento de la propia identidad a través del desconsuelo.

Mujer en un corral. De mirada taciturna. Oberva cómo el gallo desfila glorioso frente a sus hembras. Con lágrimas en los ojos, la mujer alcanza un palo, eleva su mano y mata al gallo (…) La mujer se llama Carmela y va a por hilo. De paso, también se va a asomar al muelle a ver si viene el barco, aunque es más bien al contrario: va a asomarse al muelle a ver si ve venir el barco y, de paso, compra hilo. En este caso, el orden importa. (El gallo)

Una seña de identidad ha sido siempre la precisión poética del lenguaje, de la manera en la que la autora se acerca a la trama y a los entresijos psicológicos de esas madres, de esas hijas, del dolor y la soledad. Como en muchos cuentos tradicionales, la figura arquetípica de la madre se plantea a través de la orfandad, de la traslocalización en otros objetos, una mirada con muchas aristas, fuera de la idealización femenina o, al menos, denunciando la opresión e esa idealización. Son relatos donde el sufrimiento está teñido de soledad. Por eso, además de relatos de mujeres, decimos que son narraciones de intemperie y desconsuelo. Los cobijos son claustrofóbicos (el caso de Bestias es quizás el más terrible), el terror es lo cotidiano, las relaciones de familia, los sueños más comunes, las aspiraciones menos fantasiosas, como en Una canción de tul o Píntate los labios.