lunes, 7 de marzo de 2016

El prestigio de un beso



Da la impresión de que la imagen de las relaciones entre hombres y mujeres, no sólo de hombres con mujeres, está completamente sexualizada. Supuestamente debemos crear una imagen de nosotros mismos, como si tuviéramos que vendernos. Si no lo hacemos seremos incapaces de relacionarnos e incluso de estar satisfechos de cada uno. Pues bien, esta imagen tiende a tomar una deriva sexualizada.Una imagen atractiva, de delgadez, de juventud, de decisión y seguridad. El triunfo en el mundo laboral está relacionado con ese modelo de seductor, y por supuesto, en las relaciones amorosas el sexo está explicitado como herramienta para el acercamiento entre personas.

En las relaciones amorosas el campo sexual no sólo está independizado, sino que ocupa un lugar predominante. Ser más atractivo es, casi por definición, ser sexualmente atractivo, tener la belleza necesaria para seducir. Desde el punto de vista biológico podrían presentarse otras características como deseables en una pareja, como la fidelidad, la capacidad de criar o de mantener una familia. Quizás el declive de la pareja estable como modelo deseable esté detrás de esta peroponderancia de la belleza física sexual como objetivo del deseo.

Los comentaristas más conservadores hablarán un deseo descontrolado, de una sexualidad libertina, de falta de valores. En realidad, estamos asistiendo a un consenso en valores acerca de lo que debe ser una persona feliz. La felicidad era un objetivo político hace no tanto tiempo. La constitución americana sacraliza el derecho a la búsqueda de la felicidad, incluso la constitución de 1812 establecía como objetivo de toda sociedad la felicidad de sus miembros. En el siglo XXI es algo personal, que atañe sólo de piel para dentro. Más aún, nuestra felicidad descansa en el logro de una serie de objetivos ente los que se encuentra la búsqueda de una pareja. Se siente lástima de todos esos “triunfadores” en el mundo laboral que duermen solos, que no tienen citas, que cenan sin compañía en San Valentín. Nuestra felicidad depende de encontrar una media naranja.

De ahí la necesidad de invertir en nuestro capital personal, comprando acciones de belleza física, no de serenidad y calma, sino de una sexualidad activa. A través de la imagen, transmitir la promesa de proezas sexuales dignas de actores porno.

Se sexualiza todo lo que se ofrece, los productos, los presentadores, los niños… Todo tiene ese tufillo de perversión que prohíbe para hacer más deseable. El sexo lo inunda todo, desde los yogures a los automóviles. No en el sentido de comunas hippies sino de una manera ordenada, de monogamias sucesivas, pero tremendamente efectivas para marcar las aspiraciones personales. La vida adulta, la juventud y la adolescencia están orientadas a buscar una pareja, a gustar, al sexo. Y, si hemos de creer en las series de los canales dedicados a los más pequeños, también la infancia. Todo es sexo.

Sin embargo, en estos tiempos inciertos no hay nada más rotundo que un beso. Más allá del tópico. La broma sin gusto de Pretty Woman, que no funcionaría si no estuviera marcado en nuestra educación sentimental el carácter canonizado del beso. Con un beso de amor se despiertan princesas, con un beso se despiden los amantes, con un beso comienza el amor en las películas, no se puede resumir mejor ni quedar más claro. Ni siquiera en las cintas antiguas, cuando el código Hays no permitía ni ombligos ni labios entrelazados. La pasión se podía encarnar en el beso de James Stewart y Donna Reed en “¡Qué bello es vivir!”

Los censores no cejaron en su empeño de cortar efusiones, cercenar de lúbricas miradas, obviar caricias salvajes. Los besos eran su blanco preferido, como si el demonio se escondiera entre los labios. La escena final de “Cinema Paradiso” devolvía al pueblo todos los besos robados por la inepta censura.

Los besos son más que el recuerdo del alimento infantil, los besos son las puertas del alma. El beso simboliza la prueba forense del amor, la analítica compleja de las relaciones verdaderas. El beso enciende la pasión, busca la carne, la entrega y la perdición. El certificado, la visa, el permiso de apertura de la sensualidad y sexualidad.

Los besos suenan como corazones flotando, son labios pintados de rojo intenso, la forma más icónica del amor romántico. No pasa de moda. A los besos se le han dedicado infinidad de obras de arte, coplas infumables y canciones hermosas. Hay besos castos, besos de madre y besos como saludos, todos besos inertes, sin vida, casi automáticos, reflejos quizás de unas convenciones o de una ternura inocente. Hay besos políticos y besos de traición, hay besos de la muerte en la mafia. Los besos que no son símbolos del amor verdadero no son besos. Son morreos, son piquitos, es enrollarse. El beso es algo sagrado.

Preludio indispensable para el sueño, todavía sigue teniendo el aura de misterio, de comunión mística, de símbolo eterno del amor que asume como propia la carnalidad del sentimiento. Podremos ver pornografía en horario matutino, podrán los vestidos acortarse y la piel desnudarse sin excusa ni motivo, y siempre quedará el beso como el lacre que sella el amor verdadero.



Love, risin' from the mists                                                     Amor, alzándose sobre la niebla,
Promise me this and only this                                                Prométeme esto y sólo esto
Holy breath touchin' me                                                         El aliento sagrado rozándome
Like a wind song                                                                    Como la canción del viento,
Sweet communion of a kiss                                                    Dulce comunión de un beso

Sun, siftin' thru the grey                                                        Sol, tamizado por lo gris,
Enter in, reach me with a ray                                                entra, alcánzame con un rayo
Silently swoopin' down                                                          silenciosamente bajando en picado
Just to show me                                                                    sólo para mostrarme
How to give my heart away                                                  como llevarse mi corazón

And once a crystal choir                                                      Y una vez un coro de cristal
Appeared while I was sleepin' and called my name                apareció mientras dormía, y dijo mi nombre
And when they came down nearer                                        y cuando bajaron cerca
Sayin', "Dyin' is done"                                                          diciendo, la agonía ha acabado,
Then a new song was sung                                                    entonces, se cantó una nueva canción
Until somewhere we breathed as one                                    hasta que en algún sitio respiramos como uno.

Stars, burstin' in the sky                                                       Estrellas, quemándose en el cielo,
Hear the sad nova's dyin' cry                                               escuchad el llanto triste de la nova
Shimmerin' memory                                                            de reluciente memoria
Come and hold me                                                              Ven y abrázame
While you show me how to fly                                           mientras me muestras cómo llorar

And lately sparklin' hosts                                                   Y después, brillantes anfitriones,
Come fill my dreams descendin' on fiery beams                  venid y cumplir mis sueños descendiendo en fogosos rayos
I've seen 'em come clear down                                            que he visto descender claros

Where our poor bodies lay                                                 Donde nuestros pobres cuerpos descansan
Soothe us gently and say                                                    tranquilizános  suavemente y decid
"Gonna wipe all your tears away"                                       Vamos a secar todas tus lágrimas

Judee Sill, The kiss, 1973

miércoles, 2 de marzo de 2016

Reseña de Isabel García Mellado: “Yo también soy Frida Slaw”. Letour1987. 2015


Isabel García Mellado (Madrid, 1977) comenzó su andadura con Tic tac, toc toc (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009), a los que siguieron Cómo liberar tigres Blancos (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2010) y La Traductora de incendios (Valparaíso, 2014), así como diferentes plaquettes: La selva dentro (Ediciones del 4 de agosto, 2015), Porque sabe reírse (Ediciones Deliciosas, 2015). Recién acaba de ganar el LXII Premio de poesía ‘Ciudad de Burgos’, que contaba con Felipe Benítez Reyes como presidente del jurado. Este volumen está ilustrado y tiene el prólogo de Benjamín Prado.

¿Quién es Frida Slaw? Frida Slaw puede ocultar otro nombre, cualquier otro nombre. Detrás puede esconderse Isabel García Mellado o puede que Isabel García Mellado no exista tras Frida Slaw. En la introducción, la autora explica que el tema de este poemario es el “dolor y la valentía de las mujeres”, de todas las Fridas. La fuerza de este poemario está en su voluntad de nombrar para empoderarse, “layla, rosa, marta, esperanza / manuela, josefina, amor, patricia / dulce, serafina, ángela, candela /…/…una canción contiene todos los nombres” (11). Los nombres son importantes y es necesario nombrar para que la realidad no se camufle entre las sombras. Nombres de mujer, y nombres concretos de mujeres concretas que pueden ser Frida Slaw. Por estos poemas toman la voz de Isabel García Mellado prestada para otras muchas. “Pretende ser denuncia y esperanza”, porque hay que “crear frases de mujer que jamás pensé / me habitarían con tal fuerza” (1)

En cuanto a los aspectos formales, este poemario, como es habitual en Isabel García Mellado, debe entenderse como un todo, más allá de la individualidad de los poemas concretos. Hay fragmentos que cobran pleno sentido colocados en el conjunto más que funcionar como poemas sueltos. De carácter visual, prescinde en la medida de lo posible de las mayúsculas y la puntuación, las imágenes tiene un protagonismo mayor incluso que en Ti tac, toc, toc.

En la primera parte (“I. rojo mujer”) el dolor y el miedo son presentados como obstáculos a la libertad, como el miedo, “hay un balcón / y yo me asomo muerta, muertita de miedo” (3). Este miedo tiene un remedio, una hermandad de mujeres que contrarreste a esas “niñas –jarrón que tintinean” (3). La denuncia de la institución del amor romántico como un yugo que condena a la dependencia de las mujeres es el sustrato que sostiene Yo también soy Frida Slaw, el problema de la dependencia de los “niño-miedo”, “como si fuera a terminarse el mundo / porque un mierda de tío / no viene a sostenerte” (10). Y luego llegan los abusos, los sentimentales y los físicos:

“mujeres caminando sin erratas
bellas enfermas débiles podredizas
hombres mirando cuerpos como si reses
odio, ese fatídico campo
en que nos cultivan” (6)

El tono de este poemario es corporativo (“romper las voces”, 7), a la par que personal (“mi amor, vete a la mierda”, 8). Porque, a veces, la adoración romántica hacia la mujer también puede ser fuente de esclavitud:

“ser un dolor que gotea
que espera y que sonríe
emanando de labios aún adolescentes
tratando de introducir los cuerpos de las mujeres
en frascos diminutos
demonizando el no
y bendiciéndolo
obviando nuestro cuerpo y
adorándolo
llenando los ojos de
frases
tan muertas
de impulsos podridos
durante años” (12)

En la segunda parte, “II: Ya nadie piensa lo mismo”, se enfrenta al hombre-niño (“preocupada por el amor de un hombre / que nunca ha sido un hombre”, 14), que necesita y usa de la mujer, que confunde y despersonaliza, que atrapa en frascos y envases topa con el orgullo de ser mujer, y procura mirarse al espejo y reconocerse “desnuda, reluciente, tal como soy” (15).  Los mitos del amor romántico, esclavizadores, “ahí, debajo del sapo / donde la mentira empieza a crecer y a engordar / y a convertirse en príncipe” (21). La mujer, como señala dolorosa y esperanzadamente Isabel García Mellado, tiene una responsabilidad, “¿cómo he podido hacerme / eso a mí misma?” (16). Esperanzadamente porque, por esa misma circunstancia, tiene el poder de cortar esta relación insana: “que nunca falta alguien / que sepa hablar de veras” (28). En su ayuda está el paisaje como refugio (14, 18, 25) y la conciencia colectiva, de pertenecer a un colectivo, motivo clave de la última parte (“III: yo también soy Frida Slaw”).

Isabel García Mellado tiene una voz clara, un verso diáfano, naturalista, alejado del barroquismo enrevesado, pero de una poética intensa. Técnicas narrativas cuando se requiere, de denuncia y reflexión cuando es preciso, su verso emociona a la vez que transmite la indignación y la rabia de las que no tienen voz. Delicados instantes y vidas resumidas. Los temas siempre han girado en torno a la libertad, a la búsqueda de uno mismo, a la rebeldía ante las normas establecidas y las rutinas, en especial sobre la discriminación hacia la mujer.

Yo también soy Frida Slaw, es el deseo de ser piel roja, de recuperar la esencia oculta tras el barniz de la civilización masculina, con su afán clasificador y encorsetador, hacer visible lo que siempre ha estado ahí, pero desaparece oculto, despertar la conciencia, “romper con las definiciones asignadas” (30).


domingo, 28 de febrero de 2016

Por qué a mí



Me llega la información de que en un aeropuerto de Alemania, los funcionarios de aduanas facilitan la entrada de mujeres en situación irregular a cambio de favores sexuales. ¡Qué barbaridad! Es falsa la noticia, se la inventaron unos investigadores en psicología para demostrar que es creíble que hombres acepten favores sexuales a cambio de actuaciones ilegales. Otro ejemplo por el estilo es de un chiste que aparece en varios manuales de sociología. Un judío le comenta a un amigo que la cosa se está poniendo difícil y que va a abandonar el país. El amigo le pregunta por qué. El primero dice: “Es que van a encarcelar a los judíos y a los electricistas”. El amigo, extrañado, pregunta: “¿Por qué a los electricistas?”. El judío responde: “Pues por eso mismo me tengo que ir”. Se da por supuesto que a los judíos es normal perseguirlos. Algo así sucede con Podemos, ellos van a sacar a los etarras de las cárceles, propiciar la independencia de Cataluña y Euskadi, vendernos a potencias extranjeras, como Irán o Venezuela… Intolerable.
En estos tiempos inciertos en los que la propaganda alcanza el rango de conocimiento cierto y verdadero, el ágora pública se está convirtiendo, si no lo ha sido siempre, en una arena de batalla de acusaciones, desprestigios y campañas mediáticas. Todos contra todos, aunque no todos con las mismas armas y la misma fortuna. Creo que no hace falta dejar claro que grandes partidos tienen la capacidad de movilizar no sólo medios de comunicación como radios, televisiones o prensa, sino que tienen una legión de bloggers “independientes” y comentadores profesionales dispuestos a trolear cualquier noticia. Todos los partidos políticos tienen seguidores que hacen ese trabajo de manera altruista, simplemente por convicción, pero no todos tienen think tanks que les facilitan guiones, razonamientos y contestaciones para cualquier situación.
No voy a quejarme de que a veces sea la lucha de David contra Goliath, prefiero centrarme en la actuación de los seguidores anónimos. Desde que Podemos hizo su irrupción en el panorama político en las elecciones europeas, ha conseguido adhesiones en la misma proporción que abominaciones. Que los partidos tradicionales se han visto amenazados y, en algunos casos, como IU, tragados literalmente por la formación de Pablo Iglesias no ha contribuido a su popularidad, como tampoco los ataques a la “casta”, el establishment en terminología original. Hay páginas Rajoy Dimisión y Anti-Podemos, pero resulta llamativo la reacción antes de la acción. Viene a ser normal que, después de un gobierno, aparezcan los descontentos, pero, ¿antes de gobernar incluso?
Desde luego que no es mi interés servir de abogado de ningún partido político, faltaría más. Sobre todo porque desconfío de todas las organizaciones, por mucho que vea su necesidad. El poder corrompe, sin excepciones. Me llama poderosamente la atención la radicalidad de cierto sector del público. Pongamos por caso, alguien, votante de toda la vida del PSOE, respira más inquina hacia Pablo Iglesias (dejando aparte la ironía) que hacia Rajoy. Hay más virulencia en los ataques a Podemos desde un miembro del PP más conservador que hacia sus rivales más directos, el PSOE.
Desde el principio fueron acusados de nazismo, de comunismo, de populismo, de buenrollismo y de totalitarismo a la vez, de ingenuos y de maquiavélicos. Luego se fueron encauzando los conceptos y terminaron por definirse los campos del discurso, los ataques legítimos que todo el mundo pudiera entender. Y calaron en muchos sectores sociales. A algunos les fastidiaba que atacaran a la casta y que pudieran viajar en primera clase, tener una mochila cara o un iphone (todos los ejemplos son reales). A otros les reventaba su prepotencia y ahí tenemos los gritos de una diputada en AENA. Un grupo de escépticos, los que piensan que “todos son iguales” vieron reforzadas sus desconfianzas con los expedientes a Errejón en la Universidad de Málaga, Juan Carlos Monedero con Hacienda, o el alcalde de Zaragoza por la gomina. Luego aparecen informes fantasmas de la UDEF, supuestos cobros de Irán o Venezuela y, por supuesto, las conexiones con ETA. Sobre esto sí que hay consenso.
No voy a entrar, porque no es lo interesante del caso, en la verdad o falsedad de las acusaciones. La mayoría de ellas acaba siendo sobreseídas y archivadas, al menos por ahora. Lo llamativo es que se convierten en virales a través de enlaces compartidos en las redes sociales. Normalmente a través de los medios que terminan en –digital, que ya aviso, no me merecen ninguna confianza en cuanto a la veracidad e imparcialidad.
De esta forma se conjura una tormenta cuando unos titiriteros sacan una pancarta, sólo si han sido contratados desde Podemos; se protesta por una cabalgata de reyes mayos; se indigna uno por unas podemitas orinando en La Almudena; se da fe a una lista del callejero madrileño que supuestamente Carmena iba a cambiar; se lía una protesta multitudinaria en Sevilla al saberse que Podemos va a quitar la Semana Santa y retirar el nombre de Sor Ángela de la Cruz a su calle…
De los guiñoles llevo hablando dos semanas, pero de la famosa Cátedra sobre la Memoria Histórica no he leído a nadie que rectificara. Esa lista es apócrifa, así lo hizo saber la que hasta esta semana ocupaba la cátedra y que ha dimitido ante la falta de apoyo institucional. Nadie, ni la universidad ni el ayuntamiento de Madrid, explicó que ese no era un documento que hubiera publicado dicha cátedra. Tampoco es cierto que Podemos e IU quieran quitar la Semana Santa ni el callejero sevillano. La propuesta era separar Iglesia y Estado, que los concejales que acudieran a actos religiosos lo hicieran a título personal, y no como representantes públicos, y viceversa, que no se considerara a la Iglesia como autoridad pública. Sobre el callejero, la propuesta no pretendía cambiar el nomenclátor existente, sino evitar la religión en las nuevas vías. Yo mismo he realizado un estudio sobre la presencia de propaganda política en el callejero de Rota. Abruma ver la cantidad de referencias religiosas, que no se pierden con los años.
Se podrá estar de acuerdo, o no, con la propuesta, pero es grave que se intente tergiversar de una manera tan burda. Sin embargo, lo llamativo es la rapidez con la que se acepta por el público. Se da por supuesto que de Podemos puede venir cualquier barbaridad.
Es curioso cómo se sabe qué van a hacer cuando lleguen al gobierno y, en cambio, no se esté al tanto del despilfarro en cursos de formación, en fórmula 1, en concesiones a los gestores de hospitales públicos… que los partidos en el gobierno, PP o PSOE, llevan haciendo durante décadas.
Sería iluso pensar que alguien que se da prisa en colgar cualquier acusación contra Podemos vaya a rectificar y colgar en su muro que la Audiencia de Madrid ha tumbado las acusaciones de Manos Limpias. No me hago ilusiones con eso, aunque sería bonito. Lo que intento entender es la facilidad que tiene un gran sector de la población en asumir todas las acusaciones contra unos y no contra otros, pongamos por caso, Isabel Pantoja.

lunes, 22 de febrero de 2016

Blasfemias




El problema de la libertad de expresión, como todas las libertades, es el de los límites. Esta semana hemos asistido a toda una retahíla de opiniones al respecto de dos casos que han acabado en el juzgado. Ya vimos cómo se podía malinterpretar una función de títeres para que pareciera un apoyo al terrorismo. Y en juzgado también empieza el calvario para la concejala Rita Maestre. Al menos, el madrenuestra de Ada Colau se está librando.

A Rita Maestre se la acusa de atentar contra los sentimientos religiosos, una manera muy elegante de hablar de la blasfemia. En el fondo se está tratando de un problema de los límites de la libertad de expresión. Pero la cuestión con la blasfemia es distinta. Cualquiera se puede sentir indignado con cualquier manifestación que escuche o lea en los periódicos o las redes sociales. Yo me he indignado muchísimo con el exalcalde de Valladolid por sus declaraciones sexistas y con prácticamente toda la programación de Telecinco. Sin embargo no pido su encarcelamiento. No respeto para nada su opinión, porque las opiniones no son todas respetables. Las personas siempre son dignas y merecen respeto, pero a machismos, racismos, barbaridades de ese calibre, no hay que respetar nunca.

Los que se irritan tanto con lo políticamente correcto acusan de policía del pensamiento, de moderna inquisición, cuando los y las feministas ponemos en evidencia la prepotencia de ciertas expresiones. No he escuchado a ninguno de ellos hablar en contra de esta inquisición mucho más cierta que es el código penal con el delito de atentar contra los sentimientos religiosos.

La cuestión de la blasfemia es radicalmente distinta a las opiniones sobre fútbol, política o moda porque sólo una de las partes es la que la define como tal. Blasfemia es todo aquello que puede ofender a una persona religiosa. Blasfemia es usar el nombre de dios en vano, blasfemia es un “megagoendió”, blasfemia es una representación de la madre de dios con heces…

Pero no hay reciprocidad en la blasfemia, se da la circunstancia de que uno sí puede atentar contra los sentimientos religiosos y, por el contrario, no hay tipificado nada que atente contra los sentimientos de los que no lo somos. A mí me puede molestar muchísimo un niño Jesús crucificado, la medalla del mérito a la Guardia Civil a la Virgen, me puede doler en lo más profundo las declaraciones de muchos jerarcas de la Iglesia católica sobre niños que consienten o provocan los abusos, me parece indignante compartir aulas con enseñanzas confesionales… y no hay derecho que me asista. Sólo se atenta contra la bandera, contra la integridad de la patria, contra su majestad el jefe del Estado. A los ateos no nos pueden molestar los sentimientos de ningún tipo, por mucho que atenten contra la neutralidad religiosa de los espacios públicos.

El dios de los religiosos es muy especial en los gustos. Por lo visto se ve intimidado por el cuerpo femenino. En los templos italianos no se puede entrar con minifalda ni con los hombros al descubierto. Se considera una falta de respeto hacia dios. Un dios que en España no se ve turbado por los hombros ni las rodillas. Al Jesús de los Evangelios le indignó hasta la ira el comercio dentro del templo, pero eso no es reparo para que se tengan puestos de recuerdos en el interior de la Casa de Dios, ni para que la Iglesia participe de negocios en bolsa.

Olvidamos los escándalos que los religiosos más rancios nos han ofrecido indignados, desde Jesucristo Superstar, Yo te saludo María que yo recuerde en mi adolescencia hasta La vida de Brian o La última tentación de Cristo. Sólo nos acordamos de los musulmanes fanáticos (que no fanáticos musulmanes) quemando banderas y caricaturas. La blasfemia de Charlie Hebdo pareció a muchos defendible porque… porque era contra otra religión, y así quedaba muy claro que los musulmanes eran, sin excepción, intolerantes y fanáticos. No quiero ni pensar qué pasaría con Nazario si publicara ahora su Anarcoma, con su imaginería gay-religiosa.

Los católicos en España están tan acostumbrados a tener la hegemonía que confunden un privilegio (que todavía se mantiene en el Concordato con la Santa Sede) con un derecho. No entiendo cómo todavía existen capillas católicas en centros del saber laico como son las universidades. Imaginemos que en las iglesias hubiera capillas dedicadas a la ciencia, ¿absurdo? Pues eso. Hay católicos que piden respeto a sus creencias. Y, por supuesto, todos tenemos derecho a que se respete nuestro derecho a tener creencias, pero no acudimos a los tribunales. En primer lugar porque no hay leyes que nos defiendan. Estas denuncias me recuerdan la actualidad del famoso discurso de Azaña en 1931 sobre la mal llamada cuestión religiosa. Proponía Manuel Azaña que no se recurriera al famoso brazo secular para forzar las conciencias en el recto camino.

Cristianos son los que quemaron los discos de los Beatles cuando John Lennon dijo que eran más famosos que Cristo. Los que imponen en las escuelas norteamericanas su extravagante visión del Diseño Inteligente, colocándolo al mismo nivel que la evolución darwinista. El fundamentalismo como concepto nació para designar a cristianos radicales. La intolerancia, es decir, no permitir a los demás lo que no me permito a mí mismo, no es patrimonio de los cristianos. Ortodoxos judíos y musulmanes tienden a restringir de manera creciente lo que se debe y lo que no se debe hacer, mostrar, el pelo recogido, tapado, los ojos… El cuerpo de la mujer suele ser el blanco ineludible de prohibiciones. Jesús puede estar en calzoncillos, pero una señora no puede ir en tirantas.

A los que no creen en sus pecados, como ilustra magníficamente El Roto, les imponen los delitos. Por si fuera poco, están hablando en nombre de los cristianos aquellos más rancios, más alejados del Concilio Vaticano II, los que se quejan de la doctrina social de la Iglesia y sólo quedan fascinados por el boato de la Semana Santa. Como magistralmente nos enseña Martha Nussbaum, la repulsión que nos produzca una acción no puede ser fundamento del derecho. Que se escandalicen ciertos católicos por un padrenuestro tergiversado no puede, de ninguna manera, imponer una pena, una multa, un juicio.

En una democracia verdadera no hay nada que no pueda ser criticado, incluso burlado. Como mucho, tener la consideración con los que no tienen el poder, y, desde hace muchísimo tiempo, la Iglesia Católica, en España, está muy cercana al poder. Hay diferentes formas de lucha contra estos privilegios, y una de ellas es la provocación, como las procesiones de Vaginas o las protestas que interrumpen en la capilla de la universidad por la que se juzga a Rita Maestre. Pedir que se saquen los rosarios de los ovarios, que menos rosarios y más bolas chinas puede sonar muy soez, pero no amenaza la integridad física de nadie, como muchos comentarios al respecto que han realizado la ultraderecha.

Ada Colau también está metida en un embrollo parecido a cuenta de un poema que remedaba el Padrenuestro. ¿Dios está pendiente de indignarse por esto y no por haber permitido, como creador, los enfermos de leucemia? Tampoco veo que se insista más en la mala calidad de la obra que en la libertad de decirla.

¿Es que pensamos que los religiosos se conformarán con denunciar la irrupción en la capilla? Si se les da la razón, no pararán hasta controlar todo el país. Se han crecido con el gobierno del PP que les ha estado haciendo concesiones y concesiones. Nunca se dan por satisfechos. No es cuestión de que haya religiones más tolerantes que otras, hay creyentes más fanáticos que otros y la sociedad tiene que luchar por establecer un ámbito público en el que no interfieran las religiones. Que puedan ser criticadas y mofadas como se critica y se mofa de los políticos o de los artistas. Unos critican, otros se defienden, ese es el espacio público. La religión es cuestión de conciencia y ahí no puede entrar nadie.

Como dice el refranero, no ofende quien quiere sino quien puede. Amen.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Reseña de Raquel Vázquez, Si el neón no basta. Isla de Siltolá. 2015




Esta joven poeta de Lugo, ya con 4 poemarios publicados, fue residente en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores. Su juventud contrasta con las referencias explícitas, Simon & Garfunkel, Kobayashi o Jorge Reichmann en la presentación. A lo largo del poemario se suceden Radiohead, Kansas y su éxito Dust in the wind, Pink Floyd que son grupos musicales no precisamente cercanos a su generación, salvo quizás Nacho Vegas.

Entre las características formales de su lenguaje poético está el acierto al combinar léxico no propiamente poético en sentido tradicional así como recurrir al inglés para los títulos de algunos poemas, evitando, a la vez, caer en el defecto de epatar por medio de denominaciones novísimas. En sus versos conviven sin estridencias estudios diferidos, cubos de Rubik, el Concorde, Chernóbil o un keylogger.

El volumen se divide en tres bloques, Neón=arpegio; Neón=afasia; Neón≠palabra. La primera parte gira en torno al amor y la sensualidad, pero sobre todo para la necesidad del otro para la autodefinición y simbiosis, como el título de uno de los primeros poemas: “Que nuestras manos sean / el único refugio que nos arde”. La reflexión sobre la vida en pareja seguirá predominando, pero con tintes más sombríos en las otras dos partes:

            “La vida
            ese boceto
            abstracto
            si tu piel no
            dibuja
            el
            horizonte
            del
            mundo” (Pintura)

            “El hollín en mis ojos no te mancha
            cuando eres escalera
            de luz
            interminable” (Lumbre)

La reflexión sobre la pareja y el otro como complemento marca intensamente el poemario, en especial la primera parte. El discurso amoroso entendido como simbiosis, y el yo que toma conciencia de sí a través de la mirada y el complemento del otro. “si el mundo sólo es mundo con un mundo y contigo” (Despedida del ahogado). El amado puede ser presente o ausente (La ruta artificial, Hilando sombras).

            “Y si en realidad no eres
            si al final nunca has sido
            lo que pretendía que tú fueras

            solo sabré amarte un poco más
            porque habrá abrazado sin quererlo
            el reflejo de mi íntimo fracaso” (A través del espejo)

            “mirarte hasta mirarme
            y a tus ojos
            tallar el agua que nos parta” (Casida para un beso)

           

Raquel Vázquez demuestra una gran sabiduría clásica en la versificación, aunque practique el verso libre o blanco. La multitud y variedad de diferencias y la preferencia por el poema corto, cortísimo, incluso el aforismo son rasgos esenciales del quehacer poético de la joven autora:

            “Las barreras que son
            de verdad insalvables
            nunca podrán trazarse sobre un mapa.” (You Behind the Bikesheds)

Una de las imágenes preferidas en este Si el neón no basta, consiste en jugar con la descripción del cuerpo del amado como un paisaje y la relación con la distancia: “Parece que hace tanto/tiempo en estos metros que nos separan” (Seems so long ago) como elementos esenciales de una pareja:

            “La erosión de saberte aquí pero a kilómetros
            de movernos sin lluvia” (Agua bipolar)

Disfrutamos de una delicada sensualidad en muchos de los versos, alternando con metáforas de gran expresividad: “El cielo es una goma que se derrite y sangra” (Summer sunset): “Me he inventado un braille para leerte” (Jaula desafinada), “Amar el hacha y que en toda esta sangre / brote un mínimo escombro de tus labios (El tronco que espera). La sensualidad entra preferentemente por la vista y por el tacto: “Tú me escribes el tacto en la memoria” (Al otro lado del lienzo).

En esta reflexión sobre la vida en pareja, si los deslumbrantes neones no son suficientes para perpetuar una relación, aparece el dolor por la pérdida, por el desamparo, por las oportunidades perdidas: “Todo es herida en mi” (Grito), “Como lo es el dolor / de que no existe más que la mirada” (Agua). Para, al final, como única solución alzar la Bandera blanca:

            “Horizonte vacío:
            la única piel que aún puede arroparme
            en mi inmortal derrota.”