domingo, 2 de mayo de 2021

Recuerdo -muy personal- de don Manuel Barrios Aguilera

El pasado jueves falleció a los 80 años el catedrático de Historia Moderna de Granada Manuel Barrios Aguilera. Fui alumno suyo el curso 1987-1988, quizás el más complicado de mi carrera. Puedo decir sin duda que me marcaron sus clases. Todavía me acuerdo de parte de sus apuntes. En ellos Fernand Braudel calificaba la peste, “florón de danzas macabras, que constituye una permanencia, una estructura  de vida entre los hombres” cita de su libro El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II, obra que citaba a menudo, como las de Ramón Carande o Elliot. Aprendí que Erasmo comenzó sus estudios en Deventer con los Hermanos de la vida común (y me pitorreé de mis compañeros preguntando dónde había nacido Erasmo de Róterdam y ellos contestando que en Deventer).

Agradezco infinitamente su pasión por los libros, que también comparto. No me extrañó en absoluto que acabara en el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada. Nos hizo fichar más de doscientas referencias en aquellas cartulinas que se llevaban entonces. Decía que teníamos que tocar los libros, mantener relaciones con ellos. Subíamos al departamento a coger los libros, hojearlos, tomar bien los datos… Siempre cito en clase el caso de una enciclopedia clásica que entre las potencias estaban Reino Unido, Francia, Alemania, España… y mucho después Estados Unidos, cuando en aquellos entonces ahora sabemos que eran la primera potencia mundial, económica y militarmente. Es un ejemplo de cómo somos ciegos en nuestra propia época. Aprendí también a citar en varios formatos, aunque no me acordara bien de cuáles eran los nombres de los modelos.

También recuerdo con nitidez la presencia que tenía en clase. Formal, extremadamente correcto y serio, minucioso en las explicaciones. El Magnífico decidimos apodarle en honor a Lorenzo de Medici. Tenía planta de un actor del Hollywood clásico cuyo nombre no recuerdo. Una sola vez recuerdo que hiciera un chiste. Fue en las horas de prácticas, en las que intentaba avanzar un temario interminable. Comenzó con las “Notas para el Antiguo Régimen” citando creo que a Braudel y no sé qué de un río que arrastra materiales muy antiguos y más modernos. Y entonces nos señaló “adviertan ustedes el calificativo de ‘notas’ por modestia, porque a mí, a modesto no me gana nadie”. Levantó la mirada para comprobar si habíamos pillado la gracieta, yo estaba en un rincón y veía al resto de compañeros con la cabeza agachada copiando los apuntes. Tampoco olvidé sus clases sobre el Ancien Régime y procuro reciclarlas en las mías.

Las investigaciones de Manuel Barrios por aquellos entonces estaban muy centradas en los moriscos y la repoblación después de la Guerra de las Alpujarras. Creo que nos marcó a muchos[1]. Había tomado partido por las minorías y por una parte de la historia que analizaba con rigor las imbricaciones entre la política del reino, cristiano, con la vida cotidiana de los moriscos. Gran parte de su obra se sitúa en este ámbito.

En 1988 no hacía mucho que había publicado una revisión bibliográfica del tema que habían trabajado Manuel Barrios y Margarita Birriel: La repoblación del reino de Granada después de la expulsión de los moriscos: fuentes y bibliografía para su estudio: estado de la cuestión. Un estado de la cuestión es siempre problemático si uno no busca el enfrentamiento. Hay demasiada literatura para cualquier tema que no merece la pena y que puede ser despachada de manera expeditiva. Nos contó Manuel Barrios que habían intentado ser lo menos faltón, así, cuando el libro tenía valor se deshacían en elogios y cuando era mero relleno, simplemente describían el contenido de manera más espartana. De esa manera quedaba clara una valoración historiográfica sin necesidad de llegar al insulto o la descalificación personal. Una lección que espero haber aprendido.

Lo curioso es que después de estudiar más de un mes durante todas las noches (teníamos turno de tarde) alrededor de 6-8 horas, llegó el día del examen y me quedé en blanco. Por eso recomiendo siempre no forzar los horarios, que los ciclos circadianos son vengativos. La crisis, que por supuesto tenía muchos más matices, me duró todo el curso, tan grande que estuve a punto de tirar la toalla, con un prurito que me martirizaba los días y las noches. Fue quizás mi año Stones (especialmente 19th Nervous Breakdown y Exile in Main Street) y don Manuel Barrios no fue ajeno a ello. Menos mal que, además de las amistades, el flamante profesor Francisco Sánchez-Montes supo orientarme. Consiguió que recuperara el parcial y que no abandonara.

No tuve un trato personal con él más allá de las preguntas como alumno. Manuel Barrios Aguilera fue todo un desafío. Como profesor conseguía hacer atrayente cualquier tema y que nos asomáramos a la complejidad de los fenómenos, tanto los acontecimientos como las corrientes a más largo plazo. Transmitía una meticulosidad que debíamos aplicar ya al resto de materias. Metódico a la hora de dictar apuntes, organizado y riguroso pero con un espíritu enorme de pasión por la historia y los libros. Gran historiador y, no es un tópico al uso, maestro de maestros. Que la tierra le sea leve.



[1] como a mi compañero del curso anterior Valeriano Sánchez Ramos, enorme historiador y mejor persona, divertido y culto. Aprobamos las oposiciones a secundaria el mismo año y él ha seguido su carrera en el Instituto de Estudios Almerienses.

No hay comentarios:

Publicar un comentario