lunes, 27 de diciembre de 2021

Reseña de Solange Rodríguez Pappe: ‘De un mundo raro’. InLimbo. Narrativa. 2021

Solange Rodríguez plasma un mundo raro e inquietante en su nuevo libro de  cuentos | Libros | Entretenimiento | El Universo


Solange Rodríguez Pappe nació en Ecuador en 1976, además del activismo cultural y los talleres de escritura creativa, es importante su labor como docente. Lo más importante que aporta a la escudería de InLimbo es la mezcla del terror con lo fantástico y la ciencia ficción. A diferencia de otros volúmenes de la colección en la que lo tenebroso se escondía entre las cortinas de lo cotidiano, Solange Rodríguez nos lleva de la mano sin miedo a través de otros mundos y nos avanza cómo nuestra civilización ya convive con otras de más allá de las estrellas más allá de la literatura apocalíptica y de catástrofe. Más que adecuado titular este volumen De un mundo raro. Entre sus libros se pueden encontrar publicados por toda Iberoamérica: Tinta Sangre (Ecuador , Gato Tuerto Producciones, 2000), Dracofilia, (Ecuador,  Quelonio, 2000), El lugar de las apariciones (Ecuador, Edino, 2007), Balas perdidas (Perú, Casa Tomada, 2010), Fantasmas entre letras (Colombia Caza libros, 2011), Caja de magia, (Nicaragua, Parafernalia 2013), Episodio aberrante (Suburbano, ebook, 2014), La bondad de los extraños, (Ecuador,  Cadáver exquisito y La caracola, editores, 2014).

El libro está dividido en varias secciones numeradas. En la primera narración nos da cuenta de cuáles son sus parámetros como escritora:

“Hacer literatura era un asunto de coincidencias involuntarias y por eso los creadores éramos personas deambulando ciegos por reincidentes pasajes oscuros que otros ya recorrieron” (Una poética)

Los personajes que pueblan estos relatos tienen mucho de humano y juegan con una perplejidad sorprendente. Son capaces de asumir situaciones extraordinarias con una naturalidad que luego se atranca en su cotidianeidad. Una pequeña sorpresa ante un autobús que transporta fantasmas, la aceptación de los fantasmas con resignación “yo no creo en fantasmas, pero los veo”, dice uno de los protagonistas de Una poética, como se suele decir de las meigas, que no existen, pero haberlas, haylas. Las interacciones entre individuos son tan extrañas como las interacciones entre especies que aparecen en otros relatos: “Si algo me enseñó ella fue a no temer a los muertos y lo hizo de la peor manera” (Noche de difuntos).

Podemos ver historias con fantasmas, pero no necesariamente de fantasmas, no son un fin en sí mismos. El argumento no versa sobre su existencia, sino que se incorporan como personajes o ambiente. En realidad, el topos preferido es el umbral, el límite, los espacios liminares de encuentro:

“Para irnos desperezando le cuento que he leído sobre ese momento tierno del despertar que es un sitio umbrálico donde se tocan lo posible y lo imposible (ya revisé, no existe esta palabra. Yo creo que es una forma de puente entre la imaginación y el mundo). Es ahí cuando se deben contar en voz alta las cosas para que no se pierdan” (La noche del hombre salvaje)

En los relatos encontramos grandes dosis de humor negro: “Quería impresionar a su novia y se le fue la mano con unas pastillas que no matan, pero a las que resulta que era alérgico” (Compañero de viaje). Y también de lo que podríamos denominar humor sci-fi: “¿Cómo podría compararse ese derroche erótico con los sudores de un hombre de la Tierra? Han quedado debilitados por tantas enfermedades y en los encuentros se desgasta mucho” (Una luz inolvidable). Y así se van colando temas mucho más serios, como las relaciones sexuales y dolorosos como pueden ser los feminicidios. En el fondo todo es buscar el punto de vista para ver con perspectiva el mundo en el que vivimos

Hay muchos retazos de Cortázar, mucha conexión, en el ambiente, en el punto de vista, en el mood, como se puede ver en La profundidad de los armarios. El estilo de Solange Rodríguez Pappe está cuidado hasta el extremo para metamorfosearse según la necesidad del argumento, puede ser naif, casi pueril, en los ojos de un extraterrestre, puede ser barroco como un fantasma, puede ser brillante y afilado, pero, sobre todo, es bellamente poético, de esa rara poesía que solo la ciencia ficción heredera de Ray Bradbury es capaz de poner en palabras y hacer tan difícil de explicar. “Gestamos desde el barro una nueva especie”, con esta frase termina uno de los relatos y podría pertenecer a cualquier poema sugerente y profundo.

La imaginación de mundos alternativos que pueden ser perfectamente el que tenemos delante permite una indagación espiritual que trascienda el mero acontecimiento narrado. De eso se han aprovechado muchos escritores de novelas de anticipación para simular una profundidad de cartón piedra. En cambio, la autora nos sumerge, porque esa es la palabra, en un rosario de universos en miniatura, que pueden caber en unas pocas páginas, para sacudirnos de las estrecheces mentales y revisar con gusto las posibilidades y el asombro, el miedo y la angustia. Tiene a su favor el combinar con estilo la alegría y el terror, los referentes y la simbología heredada de la tradición más apegada al folklore como la tradición de los relatos de viajes espaciales. No nos debe extrañar que sus personajes sean tanto humanos como no humanos, inhumanos, subhumanos… que deambulan por espacios interiores, exteriores, imaginados o predichos.

“Puede que ahora yo sea Uno, pero mientras haya hombres habrá sótanos”, me dije para mí misma esperando haber detenido, por un tiempo al menos, el arribo de la calamidad doméstica” (Calamidad doméstica)

De nuevo podemos disfrutar de una serie de relatos en los que el escalofrío se va colando en los huesos mientras disfrutamos de una hermosa literatura en cada página. Un mundo raro que, a fin de cuentas, es el nuestro.

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