martes, 8 de septiembre de 2020

Reseña de César Rodríguez de Sepúlveda: ‘Luz del instante’. Omnpress poetas. 2020


Marina Casado | Escritora y Doctora en Literatura Española. Periodista  cultural. Madrid, España

Comparto con César Rodríguez año de nacimiento y profesión. El poeta pasó su infancia en Ávila y pasó por la Universidad de Salamanca. Este, a pesar de ser su primer poemario publicado, es una obra de madurez, tanto en oficio y como en emoción. Habla de la madurez emocional, de los recuerdos de una infancia vivida y soñada y teme la certeza de las sombras desde la serenidad que da el paso de los años. Madurez de oficio por un estilo elegante, cuidado, exquisito, que se mueve con enorme familiaridad con los ritmos y cadencias más clásicas.
El poemario se divide en tres bloques. El primero se titula La del alba sería y en él sobresalen los recuerdos de la niñez,  pensemos que con una mirada Nel mezzo del cammin di nostra vita: “Mejor es aprender, errante, peregrino, / a ser quien siempre ha sido, a espaldas de los otros: / a mi sueño apostarme todo entero, / pues solo así la vida / recobra su fulgor, como un diamante / que demasiado descansó en el cieno / y vuelve, bajo el sol de mediodía / a irradiar la verdad de la belleza” (Alonso en el País de las Maravillas).
Se presentan una conjunción de recuerdos (Un santo de verdad) tanto como de los imaginarias vivencias de aquellos ya lejanos tiempos, el carrusel, el primer reloj, las aventuras de los tebeos y el cine de aventuras y cowboys (El Guerrero del Antifaz, Tarzán). La mirada es un poco desencantada: “Sin embargo, qué triste descubrir, / al cabo de los años, / que no de la garganta / del apuesto Tarzán vino ese grito, / sino que lo forjaron, / impasibles, mecánicos, / técnicos de sonido, en una factoría” (El regreso de Tarzán). Sin embargo, la emoción contenida sabe valorar bien los motivos, escoger las imágenes y los momentos esenciales para resaltar el acontecer cotidiano (“Torres como plegarias que en estío / las cigüeñas coronan de blancura; / cohortes de vencejos que, en la altura, / escoltan, vertical, su señorío, De santos y cantos). tanto como la profundidad, el kairós: “El final de la infancia coincidía / con el advenimiento del reloj” (Desahuciados del alba); “Ahí hay un niño / que dice ay/…/ Y no se calla nunca. / En su ataúd de piel adolescente, / sus gemidos florean como garras” (Adolescencia).
Belle dame sans merci es la segunda sección, donde se da rienda suelta a un barroquismo conceptual de alto voltaje, sin recurrir al remedo o al pastiche: “Mengua el sol su furor, y es más hermoso / el mar cuando las sombras ya se alarga / sobre la playa, y queda solo el eco / del estruendo diurno en sus arenas /…/ Ahora que comienza ya la noche, / bajo su piel de ennegrecida plata, / vuelve el mar a su ser: sagrada bestia / que, retenida, tercamente piafa, / aguardando la hora de arrastrarlos / –ya extinguida la luz, ya concluido / el breve día que nos fue asignado– a su sediento abismo de negrura” (Nocturno). Hay momentos conmovedores como De repente, la noche. En otras ocasiones puede templar lo antiguo, lo  épico con una convicción alejada de aspavientos: “gente indescifrable, / como nosotros mismos, / nacieron y murieron a lo largo de los siglos / en este yermo que ahora el viento asola” (Ulaca).
Los temas, como en el barroco se asientan en las ruinas, en la muerte –la gran presente del poemario– y se puede condensar en un solo verso: “Una vez su vacío fue promesa” (Desolación) o en un poema extenso donde la narratividad se vuelve elegía, como Cascada de la Araña. Las descripciones de paisajes se acompañan de referencias a poetas concretos, como Virgina Woolf, Pavese o Pizarnik, o al escritor aventurero Emilio Salgari, que visitaron la muerte con premeditación: “Virginia Woolf / no para regresar / anduvo su camino hacia el río” (Piedras en los bolsillos); “para qué un nombre sino para enterrar / toda la vidamuerte sin rostros que insomne se remueve / toda la muertevida” (Alejandra Alejandra); “tenderme sobre el lecho / y aguardar en silencio / a que en la oscuridad / empiecen a brillar los ojos de la muerte” (Tendrá tus ojos); “el tigre que, escapado de tus sueños de tinta, / puntual, ha acudido / a traerte por fin / la deseada dicha del descanso” (El regreso del tigre).
Por último, La luz y la palabra, consiste en una serie de homenajes a obras de arte (“Cincela la memoria / la oscura roca inerte / del pasado: /…/ Después, / el tiempo arrasará / cincel, figuras, escultura, poemas”, Bajorrelieves), a artistas de las más variadas disciplinas, desde Giorgione a Velázquez, el Greco (“Igual que si enhebrase, / una vez reducido, gracias / a sus frecuentes dádivas al clero, / a un tamaño apropiado, / un camello en el ojo de la aguja”, El entierro del conde de Orgaz)o el cantante Al Green: “belleza que nos deja aún más desvalidos, / inermes y deshechos en la noche extraviada” (Soul Music).
Puede ser un objeto, como Vieja fotografía (circa 1940): “Sobre el frágil papel, / ese ahora es ya siempre”, dedicado in memoriam a Mercedes Criado; pueden ser edificios, arquitecturas, o incluso personajes como Ulises… Recrearse en los objetos, ahondar en el pasado, percibir el paso del tiempo y la lejanía d elos artistas tiñe del mismo sentimiento elegíaco que habíamos comprobado en la sección anterior: “lograr que nos extraviemos soñando / con la arrebatadora belleza de la muerte” (Hispaniarum Princeps); “¿Qué pueden legras muertas contra los cuerpos vivos?” (Casiano de Imola).
 “en estas frases toscamente
talladas a navaja
en un banco de un parque suburbial
furiosamente gusta
lo humano
su hermosa
locura,
su afán de
perpetrar lo amado, su protesta
contra el tiempo asesino,
el deseo imposible
de que triunfe el amor sobre la muerte” (Palabras de amor, palabras)
Sin embargo, César Rodríguez no se deja arrastrar por la pena o lo sombrío, recupera a través del disfrute del arte un arte de vivir, una vindicación de los sentidos y una pasión: “Máscaras por las inacabables avenidas del deseo” (Del volcán y de jungla). Esto es especialmente notable en el homenaje a Rubén Darío: “porque ya no te es posible seguir siendo Rubén Darío” (Del volcán y de jungla) y también, cuando describe un desfile en Nueva Orleans, que nos sirve de colofón y meta:
“Nace la eternidad: todo es presente” (Second Line)

domingo, 6 de septiembre de 2020

No tienen razón, pero tienen razones


Nos sorprendemos de que existan grandes agrupaciones de individuos que se nieguen a aceptar aspectos básicos de la covid19 o de las posibles soluciones que se han aplicado o que se estén previendo aplicar. He preferido hablar de agrupaciones de individuos porque a veces no son grupos, sino una mezcolanza de intereses y razonamientos que se unen frente a un enemigo común, aunque por diversos motivos y con diferentes horizontes. Por ejemplo, me he salido de un grupo de padres que, en principio, estaban por una vuelta segura al colegio. Con el tiempo, compruebo que hay de todo. La mayoría, padres responsables y preocupados por la falta de claridad en las medidas. A estos se unen quienes prefieren por diferentes razones la enseñanza online. Por ejemplo, los que han conseguido mejores resultados (vamos a pensar que honestamente). Otro grupo muy activo son los contrarios a la institución escolar, los que prefieren la enseñanza en casa porque temen que en los centros manipulen a sus niños. Como ya sabemos, el lobby gay organiza el curso con fiestas del orgullo LGTBI todas las semanas, incita a la masturbación a niños de 6 años y está a favor de la pederastia como todos los progres que son los enseñantes. De la mano de estos llegan, en tropel, las distintas facciones de negacionistas. Unos padres no quieren mascarilla porque es una brutalidad tener a niños de 8 años 5 o 6 horas al día con ella puesta. Es lógico que congenien con los que piensan que los políticos/el gobierno/ el poder / Soros y Gates están subyugando a los rebaños de ciudadanos obedientes.
La razón, o mejor, las razones han de ser examinadas con calma y detalle. Teóricos de los rumores (para ampliar el tema aquí) insisten en el desprestigio de la ciencia. Este es el tiempo de las brujas y de las tribus. Se puede culpar al pensamiento posmoderno y su descrédito de las Grandes Verdades. Y es cierto. Se puede culpar a la regresión de la cultura, científica y humanística, por culpa del desastre de las leyes de educación, la influencia de la televisión y los medios o lo que sea. Se puede también responsabilizar al funcionamiento de las redes sociales de la expresión de cualquier barbaridad que logran crear grupos de individuos cada vez más radicalizados en sus ideas, por más paranoicas que puedan ser. Son burbujas inmunes a la respuesta exterior. Su modo de operar invierte la obligatoriedad de la prueba. Las redes permiten que se unan unos pocos individuos de un lugar con otros de otro país llegando a números considerables de corpúsculos que serían indetectables si no fueran por su actividad en redes y foros. Sospechan de todo y que la información que les pudiera dar la razón no exista es una prueba definitiva para su verdad. No quieren que se sepa, dicen. Además, lo concluyen con una mirada por encima del hombro hacia los pobres crédulos. Prefieren atender los requerimientos de una doctora reloca en cualquier otro asunto siempre que redunde en su posición en este del covid.
Y es cierto. Las conspiranoias funcionan así.
Por ejemplo, los antivacunas se aferran al famoso estudio, totalmente descartado, que unía la vacunación con el autismo. El aumento de diagnósticos de este trastorno no tendría que ver con una mejora en el sistema de salud que los detecta cuando antes eran invisibles, sino por la vacunación masiva. El problema es que sí que es verdad que se han probado vacunas que no han resultado seguras. Fue en el pasado, es verdad, y se corrigieron. En otros casos, como el de la polio en España, se retrasó la vacunación masiva por decisiones político-económicas. El Estado no siempre ha resultado un buen garante de la salud de sus ciudadanos.
En el delirio de la sospecha hacia las farmacéuticas se las acusa de buscar solo beneficios. Y lo dicen como si fuera un pecado, cuando toda la demás actividad económica se basa en la búsqueda de beneficio, o al menos, eso se supone que hacen. Sería un delirio total si no supiéramos de casos, como el de la talidomida, en los que grandes empresas farmacéuticas presionaron para ocultar los desastrosos efectos secundarios en los fetos. En otras ocasiones han saltado a los tribunales la promoción de medicamentos que no eran más efectivos, pero sí más caros. Incluso la “creación” de síndromes o enfermedades para los que se descubre una cura.
La ciencia es el gran garante de la humanidad. No tenemos nada mejor que el recurso a la ciencia. Sería una temeridad dudar de ella, si no tuviéramos la experiencia de que los estudios están sesgados. Se sospechaba de la relación del tabaco con el cáncer desde hace muchísimo, pero las empresas tabaqueras procuraban desviar la atención, presentar estudios alternativos, desacreditar a los científicos… ¿Quién nos dice que no sucede con las grasas, el azúcar o con cualquier producto o medicamento? No es una sospecha filosófica mal entendida, son años y años de pequeñas y grandes decepciones. La ciencia se basa en la autocorrección continua. La comunidad científica, al menos idealmente, debe comprobar los experimentos y las pruebas aportadas con rigor y honestidad. Desgraciadamente no siempre ha sido así. Es inconcebible que miles de científicos del mundo estén comprados, cuando obedecen a distintos países enfrentados entre sí. Y es más probable que unos pocos negacionistas estén más influidos por motivaciones extracientíficas que el resto de la comunidad académica. Pero una vez sembrada la duda, quien quiera agarrarse a ella, lo hará.
No sería la primera vez que los gobiernos aprovechan situaciones extraordinarias para limitar la libertad de los ciudadanos. El estado de guerra permanente que describía Orwell en 1984 no está tan lejos de la realidad. El trabajo de la periodista Naomi Klein en lo que ella denominó Capitalismo del desastre (La doctrina del shock) ha puesto de manifiesto multitud de presiones para controlar de manera brutal a poblaciones enteras. Dictaduras de todo signo han preferido sacrificar a su población en su beneficio personal. Tantos años promocionando la rebeldía contra el consumismo, la vida acomodada y convencional acaban sirviendo para patrocinar descabelladas protestas.
Así que no es solo la falta de comprensión lector del personal que confunde que la OMS “no recomienda la mascarilla” en espacios públicos con que la OMS “recomienda que no se use la mascarilla”. En el primer caso es opcional el uso, en el segundo es imperativa la prohibición. Es el cúmulo de sospechas fundadas las que permite que los delirios vayan encontrando medias verdades y sumando adeptos. Unos defenderán que no existe el virus, otros que fue inventado por un laboratorio (añádase el país). Ambos irán de la mano aunque sean incompatibles. Pero se sumarán los que estén incómodos con la mascarilla más los que tengan arruinado su negocio por las restricciones. En la misma concentración estarán los que tengan prevención ante una vacuna concreta que se pruebe sin estar demostrada su eficacia y su seguridad; junto a los antivacunas por sistema y los que teman el chip de Gates. Cada uno tiene una versión diferente, y en gran medida, incompatible. Solo están demostrando un malestar y buscan racionalizarlo. Lo malo es que se les han dado motivos para desconfiar.
Si de verdad queremos solventar la pandemia y la crisis que tenemos encima no nos valen estas razones, hay que buscar entre todos y, si fuera posible, fuera del debate partidista, unos consensos sobre qué es lo verdadero y cómo podemos controlarlo, qué es lo recomendable y aceptar que siempre pueden existir fallos.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Reseña de Carmen Canet y Elías Moro (eds.): ‘Espigas en la era. Micropedia de aforistas españoles vivos’. Apeadero de aforistas. 2020


Apeadero de Aforistas: Espigas en la era. Micropedia de aforistas españoles  vivos

José Luis Trullo es el encargado de prologar esta selección de aforismos. En sus palabras, se está produciendo en España un “auténtico boom editorial” del aforismo. Espigas en la era podría ser la continuación de alguna manera de ‘Aforistas españoles vivos’ (Libros al Albur), del propio José Luis Trullo y de ‘El cántaro a la fuente. Aforistas españoles para el siglo XXI” (Apeadero de aforistas / Thémate, 2020) de Trullo y Manuel Neila, Verdad y media (La Isla de Siltolá, 2016) de León Molina amén de otras compilaciones. Espigas en la era es una recopilación de nombres a dos aforismos por autor. Luego el índice por orden alfabético, sin más datos biográficos o bibliográficos, esta es la razón del subtítulo Micropedia. El volumen es la impresión bajo demanda del epub. Con ánimo exhaustivo comprobamos que aparecen grandes nombres de la literatura que también han probado fortuna en el mundo del aforismo: Javier Almuzara, Ramón Andrés, Fernando Aramburu, Argullol, Felipe Benítez Reyes, Antonio Colinas, Carlos Marzal, Ángel Gabilondo, Fernando Savater…
En la construcción del aforismo hay procedimientos poéticos, como fónicos (“Domar los dogmas”, Rivero Taravillo; “Pensar cuesta lo impensable” (Ángel Guinda) y, a veces, los resultados son directamente líricos: “Para las mariposas de pedrería abril es un mes más” (Carmen Camacho); “El mar es un monólogo interior” (Erika Martínez); “Lo importante en la vida se escribe con la piel y no con las palabras” (Raquel Vázquez). Otros mecanismos prefieren la deconstrucción de frases hechas: “Quien más te quiere te desconoce mejor que nadie” (Miguel Ángel Arcas); “La fe mueve patrañas” (Luis Felipe Comendador). Abundan los aforismos que abundan en el conceptualismo: “Me gusta la rima de cicatriz con olvido” (Carmen Canet); “El epitafio es un pensamiento lapidario” (Eduardo Cruz); “Le temo al pasado. Ataca por la espalda” (Enrique García Máiquez).
A menudo el punto de partida es el oxímoron y la paradoja: “La paradoja es una verdad que hasta parece mentira” (Benítez Reyes); “Nos hacen muy parecidos ser tan distintos” (José Manuel Díez); “La memoria no engaña: dice la verdad con engaños” (Jordi Doce); “Sin compasión no hay cordura” (Ramón Eder); “El silencio cumple misiones tan importantes como la palabra” (Dionisia García); “La auténtica libertad está llena de deberes” (Félix Trull); “La libertad nació en una ciudad amurallada” (Ana Urkiza); “Lo que poseemos nos posee” (Fernando Savater). Y, por supuesto, no falta la ironía: “Ama la suma. No te hará sentir más, pero sí ser otro” (Aitor Francos); “Lo sencillo asusta porque no nos lo explicaron bien” (Benito Romero).
En cuanto a los temas, en la selección se incluyen algunos de tema político: “El dogmatismo, esa estatua del pensamiento” (Elías Moro); “La constitución, el refranero de la democracia” (Camilo de Ory); “Esos políticos que miran por encima del hombre” (Tirso P. Vallecillos). Entre los incluidos asoma la sombra de Oscar Wilde, incluso cuando asoma su proverbial cinismo: “La felicidad es huir del exceso de conciencia” (Miguel Ángel Gómez); “Cuando una mujer se inclina a atarse un zapato, posa involuntariamente para un cuadro de Degas” (Benítez Ariza); “No lamentes el tiempo perdido. Si te lo devolvieran, seguramente lo volverías a perder” (Javier Salvago); “Damos vueltas al recuerdo para no enfrentarnos a la vida” (Javier Sánchez Menéndez); “No se ve la insignificancia de una victoria hasta que no se ha ganado” (Andrés Trapiello); “Los buenos escritores –no hace falta repetirlo– son aquellos que saben siempre, exactamente, cuándo no deben escribir” (Roger Wolfe). También –¿cómo no?– de Chesterton: “La feria del libro es como la de las variedades, pero de papel” (Javier Bozalongo); “Han muerto los dioses, pero seguimos sin poder nombrarlos en vano” (Jacob Iglesias); “Los que no se rinden nunca llaman victoria a cualquier cosa” (León Molina); “A veces la torpeza mantiene encuentros fortuitos con la inteligencia” (José Luis Morante). Incluso de Borges. “La auditoría terrible de la conciencia” (Gabriel Insausti); “Olvidamos para sobrevivir” (Karmelo C. Iribarren); “Lo difícil de vivir es vivir dándonos cuenta” (Jesús Montiel).
El aforismo, en suma, puede condensar una sentencia, como la sabiduría sufí, que se basa en la perplejidad y la contradicción: “Al tiempo que se escapa no hay más remedio que seguirlo” (Enrique Baltanás); “Para perder la cabeza hay que empezar por tenerla” (José Luis García Martín); “El sufrimiento no nos dolería tanto si no nos doliera también a la razón” (José Mateos);  “El amor es un hachazo en toda la biografía” (Ana Pérez Cañamares); “No temo que me hiera. Temo cómo seré yo después de la herida” (Rosario Troncoso).
Espigas en la era ofrece una panorámica cabal, urgente, de una gran selección de aforistas actuales, una invitación, un menú degustación intencionadamente conciso para provocar el deseo y convocarnos a seguirles la pista a los autores incluidos, comenzando por los autores, dos excelentes cultivadores de este género que, a pesar de su brevedad, se debe degustar lentamente.

martes, 1 de septiembre de 2020

Reseña de Antonio Revert Lázaro: ‘Mobiliario básico’. Ediciones En Huida. 2018


MOBILIARIO BÁSICO (EXTRAVAGANZA): Amazon.es: REVERT LÁZARO, ANTONIO: Libros

Mobiliario básico es el segundo libro de poemas de Antonio Revert, “jurista de profesión, poeta por vocación”, muy cercano al movimiento Voces del Extremo. Cuenta con el prólogo de Antonio Orihuela quien lo define como un poemario “de supervivencia, de búsqueda de asidero, de rememberanza, de ajustes de cuentas con el pasado y, sobre todo, un canto donde el amor a los cercanos y os lejanos, un hombro compasivo incapaz de soslayar el dolor del mundo”. Este volumen oscila entre dos planos complementarios, el más íntimo (Muebles de interior) y el social (Muebles de exterior), sin que ninguno de los dos deje de ser combativo.
En Muebles de interior se parte del círculo más cercano, de los objetos (“Una fotografía. / Todo el dolor un rectángulo”, Paralelogramos; “Pero también hiere después del suelo limpio / como el olvido de lo que fuimos” Sábado de limpieza), de las personas (“Ningún niño quiere vacaciones / si no tiene un lugar al que volver”, Sobremesa de domingo de verano), o de uno mismo (“Con mi disfraz de adulto / practico la indiferencia, / fingir que podré elevarme / cuando tú ya no me busques”, “Agobión”).
“Despedazado el tiempo,
queda el sendero incierto del frío reiterado
y del descenso inacabable
desde el útero materno
hasta el puñal inconsciente
del yo rupestre que subyace” (Pecado original)
Esta podríamos decir que es una sección más lírica (Ciudades en otoño), con los sentimientos intensos y dolorosos: “La muerte de mi padre / me reclamará un poema. / Solo espero / que me duela, / que no finja el vacío que dejará. /…/ Hijos perdonándolo todo, / pasando una página que era de hierro” (Guerra preventiva); “Y así transcurren las tristezas” (Martes que se fue).
El acontecimiento fundamental de convertirse en padre otorgó unidad a su primer poemario publicado y sigue manteniendo su sombra en estos versos: “Uno se cree rebelde / yendo y viniendo de su tierra, / flotando entre aviones / como si fuera un escritor de fama / y su vida más interesante que la de otros” (Pensamientos cuando miro mi tarjeta de embarque);  “Envejecemos / y morimos como adultos. / Pero el niño asfixiado permanece, / su tristeza se funde / con la de los nuevos colegiales” (Invierno en Alicante otra vez). En Muebles de interior predomina el paisaje de la infancia: “Pero por mucho que me esfuerzo / nunca logro ver sino un inmenso bosque, / siempre el mismo bosque, / donde el extraño ve la tierra yerma. // Y dentro del bosque, / en todos los casos, / perdido aún, un niño, solo, / abstraído jugando con las piedras” (El secarral); “Ha desaparecido la ciudad donde creciste” (La ciudad donde creciste). Con todos los sentimientos asociados a la infancia y a la familia: “No hay quietud gratuita” (Amenazas nocturnas); “Y lentamente, / te vuelves a morir de miedo, / como en algún momento de la tarde, / todas y cada una de las tardes” (En algún momento de la tarde);  “Volver a casa / es volver al dolor /…/ Nunca sales de la vieja casa / sin equipajes, heridas” (Familia). Un lugar especial para los recuerdos de los que ya no están: “Déjenme llorar / por las manos de mi abuela” (Las manos de mi abuela).
Que el punctum de los poemas sea familiar, en todos los sentidos, no los aparta de una visión más amplia: “No tuve hermanos mayores. /…/ Pero me crie solo. / La música de mis padres adoptivos / no sonaba en aquellos sitios / adonde iba con mis padres biológicos. // Así que cuando se muere Leonard Cohen o cualquiera de mis padres adoptivos, / no acudo a los respectivos sepelios” (Padres ausentes). Cuando no directamente social: “Aylan me señala con el dedo / Mi abuela también” (El niño Aylan y mi abuela).
Precisamente la contraposición entre lo íntimo y lo social llega a cuestionar la propia identidad: “Bajo una toga / estoy yo / queriendo ser yo” (Selfie de lunes de septiembre); “Como si para la “verdad” de unas ideas / fuera imprescindible ahogarme con los ahogados/…/ Ser un “nadie” sentado en un banco con “los nadie” / como si escribir buenos poemas / no fuera cuestión de ser / aún el niño que yo era” (Visiones etílicas). Una confrontación que puede alcanzar momentos de tensión (“Ya no hay quien evite el tsunami de la mezcla / del mismo whisky con los mismos recuerdos”, Visiones etílicas 2) y de calma (“Miro las olas romper, / lentamente respiro, / todo está por silenciar”, Cuando seas mayor no lo entenderás).
Muebles de exterior, en cambio, está totalmente centrado en la poesía comprometida, por ejemplo, en denunciar la violencia estructural contra la mujer (En este poema la culpa de todo la tiene la mujer o “Los varones dominaron el mundo, / los consejos de administración, / las conversaciones de sobremesa, / los datos. /…/ Abrigándonos en mitad de una vida / que huele demasiado a soledad” (Patriarcado). Especial hincapié se hace en los peligros de la dependencia económica y el consumismo: “No perdemos la libertad ahora. // La libertad se perdió / con la última hipoteca / del último mileurista”, Odisea 2016), “Que mi inseguridad y mis miedos vuelen con mis compras de hoy” (Oración de Black Friday);  “Siempre público guapo y con dinero / siempre el oro para Nike y Coca-cola” (Olimpiadas); “Si buscas el sentido de tu vida, / acércate a Carrefour” (Existencialismo y grandes superficies); “Se fue la luz. // Silencio. / “Es que no haya luz en Mediamark”, / dijo un reino // “Entonces la cosa / sí debe ser gorda”, / contestaron los demás / desde la noche” (El apagón).  Conectando con esta denuncia están las que atañen a la ideología que lo sustenta (“Papá, ¿Qué es el liberalismo económico?”)  y (El librepensador) sobre los equidistantes: “construía un invisible escudo de palabras”.
El recurso a la ironía es casi un signo de derrota: “Cuando accionan la llave de la culpa / en una sociedad aterrada, / una finísima lluvia ácida / humedece los tejados / de pueblos y ciudades /…/ Se ha perdido la batalla. / Menos mal que ganamos el Mundial de fútbol” (La llave de la culpa); “Cada vez que un liberal / pronuncia la palabra / emprendedor, / en algún lugar / muere una golondrina” [“Emprendedor” (El juguete liberal)]; “Todo estará perdido, / entonces: / como el diente de mi hijo, / en mitad de la montaña” (El diente de mi hijo). Pero no de resignación: “La voz del luchador / no se siega con una guadaña” (La voz del luchador). De hecho, es la rebeldía y el combate una parte importante de la poética de Antonio Revert: “«Lo más importante son las formas», le dijeron /…/ No se quejó cuando le despidieron / con muy buenas formas. // Con muy buenas formas / el banco le echó de su casa / y él permaneció en silencio. // Cuando murió, / nadie supo dar un discurso” (Las formas y el fondo);  “Es cosa de ciertos poetas / volver la espalda a una cacerola / altivamente” (Dios anda entre pucheros). O, especialmente, en el homenaje A Marcos Ana (Yo hablaré por ti): “Descansa, compañero; / mañana yo hablaré por ti”. Referencia que conecta con la memoria histórica (Machado, Miguel Hernández y Lorca van al ministerio): “Después se abrazaron y volvieron al exilio, / a la cárcel, / a la cuneta, // a la derrota”.
“Hay un niño junto a mí,
los dos decimos “qué pena”.
Yo diría «qué asco de mundo».

Pero no lo digo,
por respetar sus pasos incipientes.
Tiene derecho a labrarse
su propia desesperanza” (Subsistencia)
Mobiliario básico es una colección de poemas combativos, con la propia memoria, con la herencia que arrastramos y que trasladamos, con el compromiso y con  el desencanto del mundo, poesía porque “La muerte de una paloma / es solo una muerte más” (Palomas, piscinas y daños colaterales).