miércoles, 16 de diciembre de 2020

Reseña de Vicente Velasco Montoya: ‘conspiraciones desde la entropía’. InLimbo. Poesía. 2020

 

Nacido en Cartagena (1978) dirige la librería La Montaña Mágica y fue director y fundador de La Estética del Fracaso Ediciones. Ha publicado hasta ahora Ningún lugar (Diputación de Jaén, 2012), Principio de gravedad (Ed. Balduque, 2015), Con todo este ruido de fondo o el imperio de las luciérnagas (Chamán ediciones, 2018) y Astronaut Down, una edición limitada de la obra gráfica de Paco Ñíguez (Zambucho ediciones, 2020). Del prólogo se encarga José Daniel Espejo quien describe acertadamente este volumen para el que la “intención de Velasco de partir de un silenciamiento uno particularmente doméstico, cotidiano” (prólogo de José Daniel Espejo). La cotidianeidad está trufada de citas a Zappa, a Dante, a García Márquez y se acompaña de un breve artículo científico en el que se explican con relativa sencillez los conceptos científicos sobre los que gira cada una de las partes que estructuran el volumen. Muy significativa es la proposición del autor: “Haremos ciencia de la rutina/…/ Allí donde habite el olvido / habrá una solución imposible / que rescata y a la que rendir tributo” (Revelación #2).

El conjunto de referencias y retrosabores que los poemas va dejando guiños, como el anterior a Cernuda, o a Weil/Brecht: “Dejemos la escritura por un tiempo / mientras la luz / nos permita brotar el sueño claro / de la memoria que nos fue robada. / Sigamos, pues, / sigamos en nuestra derrota / diaria, y quizás el tiempo nos absuelva / antes que el ruido nos liquide / bajo la tinta derramada / de toda esta comedia” (La ópera de los tres centavos). La sensación de derrota, de aceptación de la derrota cotidiana convive con una voluntad de no cejar en el empeño de buscar el horizonte, de dibujarlo si fuera preciso: “Aún atisbo cómo mi vida surca el horizonte, / iluminado por el quebranto de un sol pálido / se aleja su figura, su silueta / se desdibuja / y yo, hombre por la borda, renuncio / y cedo a naufragar bajo la luz de las luciérnagas” (La luz de las luciérnagas). En esta vacilación se sitúa el equilibrio entre la banda sonora de jazz, Brubeck y su Take five, Miles con So What, Coltrane… y la ambivalencia hacia la literatura: “Lo último que me apetece / es leer un libro de poemas”, (equinox); “Dedico mis horas a esquivar libros” (nada debe escapar del estado de excepción permanente); “vives en un mundo de papel / y enciendes la dinamita / antes de que suene el despertador” (dios es igual a cero); “Este mismo poema, repleto de barrotes. / Esta misma celda donde observo el anochecer” (introducción al insomnio).

La posición es habitar un espacio liminar: “Si habitamos como interludio, / definitivamente somos el soliloquio, / si no es nuestra la muerte / y la vida solo un señuelo, / brindemos al menos una vez / y que nuestros labios sellen / las cartas del destino” (nívola); “Aquí la tierra huele a pasado, / hastío y tiempos que nunca fueron /…/ Y la tierra descansa en la memoria / a la que no sabemos nombrar” (la gripe española). Vicente Velasco ha sabido aprovechar el espíritu regeneracionista para recrear una atmósfera personal, íntima. Si Unamuno jugaba en el escenario público, justo en el momento en que las grandes teorías científicas están desmoronando las certezas anteriores, el autor sitúa la contienda en el ámbito íntimo, personal, donde el conocimiento científico parece alejado, donde los experimentos con el lenguaje no hacen sino apuntar fantasmagorías incapaces de encontrar una descripción meticulosa de los estados de derrota y desánimo: “Me cuestiono a diario el motivo / último para esculpir estos versos / Y no dejar que la noche transcurra / con su quietud acostumbrada. // NO termino de poseer el don común de los hombres: / Anestesiar / el aroma embriagador del tiempo” (la epidemia del baile).

En ese espacio de intersección, junto a Keith Jarreth podemos tropezarnos con Bowie o con el inclasificable Albert Pla, referentes todos ellos de cierta cultura popular, que se entremezcla con la historia, con las citas en inglés, latín o las referencias míticas o científicas. Casi se roza la ironía al pretender reducir este paisaje a una conspiración de ecuaciones: “Tranquilo, la piedra angular / de la muerte siempre se repite, / tendrás largos días para disecarte, / despedirte y dibujar un mapa /…/ Tranquilo. / Tranquilo. Todo habrá terminado / y la solución te habrá disuelto / en ecuaciones irreconciliables” (la plaga de Justiniano). Porque, al final, está la realidad que se escapa al lenguaje: “Por todo ello he hablado ante un café y un cigarrillo, / retratando mi propio reflejo / solo para alimentar la pluma con mi voz” (may mail babies by parcels post). Y una vez y otra: “No has resuelto nada y vuelves” (peek –a-boo); “Has forjado a la vida / en una sucesión de fotogramas / de segundos estáticos / donde todo está como tú deseas” (fenaquistiscopio). Hay una sentencia clarísima que autodefine la voz poética de este poemario: “ese niño inconcluso” (eadem mutata resurgo).

“Detengo la respiración

y me digo que las metáforas

–la poesía, en definitiva–

no hacen justicia de ese músculo

que no es reloj

de mi existencia

que no es martillo,

que no es amor,

ni volcán, ni mujer” (nada)

Existe un refugio transparente, lo que el poeta llama olvido o silencio, que se esconde entre los versos: “Dejadnos encerrados en el olvido” (absoluta rebelión a la totalidad de la simpleza); “El mármol de los huesos / es el mismo silencio. / Y la herida es constante, / firme, desfigurada, lívida. / Imperturbable” (partículas elementales). Ese título ya es imposible relacionarlo más con Houellebecq que con la física propiamente dicha. La voluntad del poeta busca la serenidad de Dylan Thomas (“Cuando ya no habite estos días / reposada en noches como esta”, constante de hubble) o refugiarse entre las ruinas (“No es nada complicado, / nada difícil sentirse como residuo / de un futuro lejano”, entropía: diabulus ex machina).

El espíritu del romanticismo más atormentado impregna el sentimiento: “Querido amigo, al borde del abismo / escribo lejos de aquel lugar amado / donde un día bebimos / aire y arena” (vulcano); pero esa misma referencia se sitúa dentro de otras tradiciones vanguardistas, “parecíamos un poema dadaísta / pero allí líquidos / nadie nos iba a recitar” (Accidente de un tren en el océano). Lo que ponen en contacto las vanguardias con el romanticismo es, entre otras aspiraciones, la de identificar la subjetividad como algo atormentado, una lucha continua con el sentimiento en la oscuridad de las tinieblas: “No son estos poemas oscuros / porque mis manos no saben manipular / más allá de la tinta de tus ojos. // Todo lo demás es culpa de tus sentidos” (papiroflexia). La tragedia, no es, sin embargo, la imagen, ni el drama, Vicente Velasco termina con una vena irónica. La risa del espacio, la habitación que llevó a la locura a Jack en el hotel de El resplandor: “No juguemos a las adivinanzas esta vez. Póngame lo de siempre: / un vaso lleno hasta el borde de la horca” (teorema de las sombras o habitación 237).

Inlimbo se está consolidando con este tercer volumen de su serie de poesía. Intensidad y sentimiento.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Las amenazas de un militar jubiletas

Le he dado muchas vueltas pensando si merecía la pena expresar mi indignación sobre las declaraciones que se han filtrado de un grupo de whatsapp de militares retirados. Sobre estos temas polémicos se habla tanto en tan poco tiempo que es difícil saber si tiene sentido todo lo que se dice o si se puede aportar algo más. Para empezar, hay que recordar los hechos, son expresiones dichas en público, no son estrictamente conversaciones privadas, pero en eso se insiste mucho para evitar posibles penas o investigaciones. Sin embargo creo que no es lo mismo una charla grosera en la barra de una cantina que estas barbaridades dichas en un grupo numeroso, aunque sea online.

También se ha recalcado el hecho de que los militares están retirados, ni siquiera en la reserva, que son muy mayores, como tono de disculpa y para desvincularlo del ejército en funciones, que, como debemos saber, tiene limitados alguno de sus derechos, como la libertad de expresión.

Uno de los problemas, como en todas las cuestiones espinosas, es que uno tiene tendencia a leer artículos y opiniones de los cercanos ideológicamente y se produce, se suele producir una especie de diálogo de besugos, de dos monólogos solapados. Algunos de los contactos que tengo en las redes sociales son manifiestamente conservadores y he visto cómo insisten en el hecho de que no hay problema de golpe de estado o de llevar a cabo estas amenazas. Ya sé que es casi imposible que vayan a fusilarse a 26 millones de hijos de puta en España, eso lo sabemos todos, lo que nos asusta es el hecho en sí de enunciarlo. Según la teoría de los actos de habla, se pueden hacer cosas con palabras, tales como prometer o amenazar. Y esto es una amenaza, irreal, pero muy sintomática.

Todos estos generales han desarrollado la mayor parte de su labor durante la democracia, con la Constitución y la pluralidad política como principios rectores, sin embargo, dicen y el resto corrobora, que no quieren que estos hijos de puta pierdan las elecciones, sino que quiere matarlos con una bala. Al margen de la bravuconada –los campos de exterminio de Eichmann fueron la solución tecnocrática al reto de la solución final–, lo que se traduce es el cuestionamiento a existir de 26 millones de españoles, independientemente de si son hombres, mujeres, niños. A bote pronto son la mitad o más de la mitad de la población de este desdichado país. Que tantos y tan sensatos y bondadosos contactos no se escandalicen de esta consideración es lo que más me entristece. No cuestionan si nos merecemos ese final, sino que se agarran a que no es factible su realización. No les importa que para unos militares que tienen la vocación de defender a la patria no tengamos derecho a existir. Minimizan la expresión porque no hay posibilidad de que la lleven a cabo.

Pocas veces, en la historia reciente, hemos asistido a un odio tan radical entre partidos políticos. Siempre han existido exaltados y seguro que podemos rastrear declaraciones subidas de tono denigrando a adversarios políticos. Estoy seguro de que el hábitat donde convivía el terrorismo de ETA utilizaba un vocabulario muy similar, un odio muy parecido, brutal, irracional, fuera de cualquier consideración humana. Esto va aún más lejos, porque, por mucho que los cachorros de ETA se consideraran gudaris, no lo eran, no eran soldados. Y estos militares sí que lo fueron. Y sí que expresan de una manera brutalmente clara lo que muchísimos más piensan lejos de los cuarteles. El acoso a la izquierda está llegando mucho más lejos que los enfrentamientos antisistema de grupos de rapados a la salida del fútbol. Desear la muerte de 26 millones de españoles no es desear que desaparezca la ideología nazi, ni la franquista, ni la comunista, es considerar que solo merecen la vida la mitad de los que vivimos en suelo patrio.

Es ciertamente conocido el caso del doctor Vallejo Nájera y su teoría del gen rojo que había que extirpar de la patria. Aún entonces se pensaba que la mayoría de los españoles eran gente de bien, algunos obnubilados o engañados por las promesas del bolchevismo o los masones, pero estos militares presienten que uno de cada dos ciudadanos no tiene redención posible más que la muerte.

Más allá de que pueda ser considerado libertad de expresión, debería aterrarnos la posibilidad de que en los cuarteles haya muchos mandos que hayan heredado esta forma de pensar y que estén adoctrinando a su tropa, no en una ideología más o menos conservadora, sino en un odio genocida. Más de uno de los integrantes del chat abandonaron el grupo, pero ninguno denunció. Tampoco se han alzado voces defendiendo la democracia y la pluralidad política, como se estima en el preámbulo y en el artículo primero de la Carta Magna. Ni siquiera el jefe del Estado, mando supremo de las Fuerzas Armadas ha considerado pertinente desautorizar esas voces y recordar el compromiso del ejército con la democracia.

Al contrario, parece que esta corriente subterránea sale a la luz con más frecuencia, con cartas al rey sugiriendo algún tipo de golpe de estado institucional porque es inconcebible que un partido como Podemos esté en el gobierno. Un gobierno elegido democráticamente y respaldado por los votos de 26 millones de hijos de puta, supuestamente. Cualquiera que analice las políticas del PSOE en el pasado o las del gobierno de coalición puede concluir que sean comunistas, dictatoriales o siquiera autoritarias. Siempre que lo analice de buena fe. Podrán estar de acuerdo o no, podremos ver si son acertadas o temerarias, pero entran dentro de la ley. Y si no, está siempre el recurso al Tribunal Constitucional, que para eso está diseñado.

Para una gran parte de la población gobiernos que se llamen de izquierda no tienen derecho a gobernar, porque son socialcomunistas, aunque la socialdemocracia, o el comunismo estén amparados en la constitución y la ley de partidos; porque muestren su admiración al régimen bolivariano de Nicolás Maduro, o porque consiga el apoyo de grupos abertzales. Niegan la democracia en su esencia, niegan la constitución en su sentido originario. Pero estos militares y quienes minimizan sus declaraciones niegan su derecho a existir, los dirigentes y sus votantes.

Todo me recuerda, tristemente, el famoso chiste que respondió un judío que quería huir de Alemania. Un amigo alemán le preguntó por qué, y le contestó que porque iban a fusilar a los judíos y a los fontaneros. El amigo se extrañó por los fontaneros. Ahí está la respuesta. Si no te extraña que quieran eliminar –aunque no puedan hacerlo, mal que les pese– a 26 millones de hijos de puta, es señal de que quieren que abandonemos el país.

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

Reseña de Raquel Cané: ‘Barba Azul’. Ediciones Liliputienses. 2020

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Este libro ilustrado es una interesante novedad para Ediciones Liliputienses. Raquel Cané nació en Santa Fe en 1974 y estudió diseño gráfico en la Universidad Nacional del Litoral y ha diseñado para revistas Humor y Sex Humor en La Urraca, y, de forma independiente portadas de libros para Random House Mondadori (Argentina y México), Lo que leo, V&R editoras, Capital Intelectual, Jus, Malpaso, La brujita de papel, entre otros. Es una hermosa y renovada versión del cuento de Barba Azul.

Merece la pena tanto por las ilustraciones como por el conciso relato, poético en su expresión. El planteamiento aúna la historia con una reflexión  acerca de las motivaciones y sentimientos que actualizan el cuento: “Hubo una vez un hombre que necesitaba una esposa. / Hubo una vez una mujer que necesitaba un abrigo. / ¿Y el amor? No sabía, sí conocía la carencia”; “Era monstruoso, en esto no hubo engaño. / Ella tenía frío. Tal vez detrás del horror y hay otra cosa, quiso creer, y lo aceptó”. Porque, en el fondo, ella “Eligió mirarse en sus ojos / Le pesaba más estar de pie, en su lugar, que arrastrarse”.

Barba Azul es un arquetipo de la necesidad y el maltrato: “Todo lo mío será tuyo si no lo cuestionas, dijo él. / Ella no tenía más que ofrecer que hacerlo feliz” mientras que “Abrazarla, qué más quería Barba Azul”. El segundo momento tiene que ver con la aceptación de esa dominación (“¿Qué sería de ella si Barba Azul la abandonara?”) en una relación desigual: “El gozó, ella intentó hundirse en un sueño”; “Su boca fue un pozo de los deseos. La de Barba Azul solo quería devorarla. Si pudiera recordar quién era”.

El proceso de liberación tiene que ver con el cuestionamiento, “¿Qué buscaba? Había roto su promesa, la pregunta es una traición”. Y la respuesta inicial siempre es la amenaza,  “La locura será tu destierro. Te colgaré, ya no me sirves, repetía Barba Azul”. Es el presagio, la seguridad  de la destrucción que se avecina lo que inicia la huida, “La mujer olió la muerte, esa pestilencia del encierro”. La libertad, no lo olvidemos, es mirar a la incertidumbre y encararla con valentía.

“Las preguntas abundan, se puede sentir en el viento. Aunque el camino sea incierto, su fuerza no lo es”

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Las ilustraciones, en elegantes tonos grises y azules son valiosas por sí mismas, un doliente regalo para los ojos.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Reseña de Miguel Catalán: ‘La traición. Seudología XII’. Editorial Verbum. 2020

La traición: Seudología XII: 1 (Verbum Menor): Amazon.es: Catalán, Miguel:  Libros

Aunque fuera solo en el mundo digital, tuve la inmensa suerte de tratar a Miguel Catalán tras muchos años de conocer su obra que tan cercana está al estudio del secreto que ocupó mi tesis. Tuve también el privilegio de entrevistarlo para luego sentir demasiado pronto su pérdida. Este volumen, por esta causa, es póstumo, y está prevista la publicación de La mentira benéfica. Todos pertenecen a un magno proyecto, la Seudología, un extenso tratado sobre cómo los hombres se mienten, mienten a los dioses y mienten a sí mismos desde su primer volumen, El prestigio de la lejanía, en 2004, reeditado en 2014. Además de este hercúleo ensayo, Miguel Catalán practicó con buen hacer el aforismo, lugar donde se aprecia mejor y más claramente el talante un tanto socarrón y el buen sentido del humor que tenía. También entre estas páginas lo podemos intuir. Tuvo el reconocimiento con los premios a sus ensayos, el Juan Gil-Albert y Alfons El Magnànim, Juan Andrés o el premio de la Crítica valenciana.

La traición es una forma de mentira especialmente lesiva por cuanto destruye una relación de confianza previamente sustentada. Cualquier mentira ataca la confianza, la traición ahonda más en el daño, pues no son solo las consecuencias que la mentira pueda acarrear, sobre todo es la sensación que afecta a la persona traicionada. La traición es el engaño que más hiere, porque, además de las desventajas que nos acarrea cualquier mentira, la traición, además, afecta a alguien que nos es muy cercano, muy relevante, a un yo individual o a un nosotros, como la nación. La mentira puede servir como cohesión social, como ya Miguel Catalán nos había enseñado siguiendo la estela de Simmel, la traición es la ruptura de esa socialidad.

Miguel Catalán, con la sabiduría de la que hace gala, escoge con tino algunos ejemplos especialmente significativos. De la traición a la patria, reflexiona sobre los casos de Snowden o Assange en Wikileaks en los que entra en conflicto un bien mayor con la defensa de la patria. Hablamos de una traición social. Otros grandes traidores pudieron ser Bruto y César para la República, y, por supuesto, Judas, el apóstol que debió traicionar a Jesús. A efectos narrativos, la figura de Judas, el traidor, es muy significativa, porque sin él no hubiera podido realizarse la voluntad divina de redimir la humanidad. En cambio, significa la traición en estado puro. No puede haber mejor figura para analizar, como hace el autor, ejemplo del humanismo de mejor tradición, la que une la Antigüedad clásica con la herencia judeocristiana, sin dejar de lado otras influencias orientales y occidentales. Uno de los grandes aciertos de la obra de Miguel Catalán es precisamente el tino con el que escoge los ejemplos. Pueden pertenecer a la historia sagrada, al mundo clásico, a lo más cotidiano, a la política y la cultura actuales, como la relación de Cela y Umbral.

Siempre ha hecho gala el autor de una claridad expositiva, no como la cortesía condescendiente que proponía Ortega, sino como la destilación cuidadosa del lenguaje que debe ser, ante todo, comunicación y, por supuesto, estilo. Personalmente quedo a la espera de continuar con la exploración de la Seudología en el resto de volúmenes.

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

Por motivos equivocados

La nueva ley de educación está removiendo gran parte de la comunidad educativa, de forma un tanto fiera, pero, a mi juicio por motivos equivocados. Ni la ley habla de cerrar los colegios de educación especial (como si les hubiera importando alguna vez, alguno llevaba incluso su cierre en el último programa electoral y ahora son su paladín), ni se deja de ofertar la asignatura de religión (una catequesis comodísima que pagamos entre todos en horario escolar), ni hace con el castellano algo que no estuviera ya antes de la ley Wert, ni ataca a la libertad de nadie por querer acabar con los colegios concertados, para empezar porque no quieren acabar, todo lo contrario, con los colegios concertados. Y, que no se olvide, no es libertad lo que se ejerce cuando se elige un colegio concertado. La libertad es otra cosa.

La educación concertada en España es un fenómeno bastante más complejo de lo que un meme o unas consignas resumen. No son todos colegios para pijos, ni siquiera son todos religiosos. Hay centros, alguno habrá, que acoja inmigrantes, que se preocupe por los más desfavorecidos y que tenga un ideario liberal y democrático. De todas formas no son la mayoría. La mayoría tienen un sesgo bastante definido. Suelen pertenecer a congregaciones religiosas que negocian su concierto, no centro a centro, sino en conjunto, lo que hace muy difícil que se eliminen líneas porque ponen en riesgo el concierto mismo.

No hay, sin embargo, colegios que ofrezcan un concierto de ideas ateas o anarquistas, por ejemplo. Y no es de extrañar, esto es un negocio, una empresa privada que requiere una inversión muy importante, de la que si pueden afrontar grupos más cercanos a los idearios de la derecha, bien conservadora o bien liberal. Si yo quisiera llevar a mis hijos a un colegio de mi perfil ideológico, no podría. Sin embargo, hay de sobra para los que se pasen de beatos. ¿Qué clase de libertad de elección es esa?

En realidad, los padres que desean un centro educativo con un determinado sesgo, con unos valores, como dicen ellos, no quieren libertad, ni una enseñanza libre de adoctrinamiento. Lo que ansían es una escuela que adoctrine en sus propios valores. Una libertad de adoctrinamiento para con los suyos y así perpetuarse en su ideología. En un centro público hay profesores de todas las ideologías, y procuramos que no se traslade eso a nuestras clases de matemáticas, ciencias naturales o historia. Sí que nos comprometemos a transmitir el mandato constitucional de educar en los valores de “respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. Si eso es adoctrinamiento en el relativismo, tendremos que reformar la constitución.

Mucha gente desconfía de los funcionarios en el sentido de verlos como instrumentos de transmisión de las ideas de los gobiernos, sean de un signo o de otro. Y precisamente es lo contrario. La creación del funcionariado protege de veleidades políticas por la estabilidad en el puesto de trabajo, los pone a salvo de purgas políticas. Sin embargo, en un colegio privado, además de cuestiones de eficiencia laboral, pueden apartarse a los profesores por motivos ideológicos. Como estar divorciado para colegios integristas católicos, o protagonizar un affaire sexual que salga a la luz. El cliente manda.

Todas estas razones apuntan a cuestionar el propio concepto, no ya de concertado, sino de enseñanza privada, pero no perdamos de vista la ley de la que hablamos. No se habla para nada de esto, al contrario, los representantes del gobierno y del PSOE insisten en que no van en contra de la privada.

Uno puede entender la privada de varias maneras distintas. Una puede basarse en la precariedad del sistema público, que necesita completar su oferta ante la imposibilidad de abarcar todos los alumnos o todas las zonas. La enseñanza concertada vendría a ser un complemento de la pública allá donde no llega esta última. En el extremo opuesto está la consideración ideológica de que la empresa privada es siempre mejor, más eficiente y preferible moralmente a lo público, siempre mal gestionado y manipulado. En esta perspectiva, lo público se ocuparía únicamente de todo lo que no pueda ser susceptible de convertirse en negocio. La propuesta que existe en Estados Unidos, del cheque escolar va en ese sentido. La pública sería meramente asistencial, para los que no puedan pagarse otra mejor.

No creo que la dirección del PSOE vaya por ahí. Creo que sinceramente, es una cuestión de abaratamiento de costes, de externalización de funciones. La enseñanza concertada se financia con una dotación menor por alumno. ¿Cómo puede ser un negocio si sale más barato que una enseñanza estatal? Eso explica las “cuotas voluntarias”, y, sobre todo, la precarización de los trabajadores. Una de las cantinelas de Vox ha sido contra la duplicación de administraciones, esas agencias estatales o autonómicas que realizan una función que ya realizan funcionarios, pero que pueden contratar a personal laboral con condiciones mucho peores que los funcionarios, y, sobre todo, mucho más baratos. Es otra más de sus inconsistencias. Para todo quieren quitar las duplicaciones, menos para la educación. Ahí, doble vía, la pública y la concertada.

También supongo que hay algo personal en las decisiones, porque pocos cargos políticos del PSOE han tenido a sus hijos en la pública, casi todos en la concertada, como la propia ministra. Otra cuestión imprescindible es preguntarnos qué es lo que ofrece la concertada que no pueda hacerlo la pública. Podemos burlarnos un poco de esa pretensión del quiero-y-no-puedo pero no olvidar que es un proceso de más calado y con más matices.

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Reseña de Horacio’. Editorial Liliputienses. Col Proscrita. 2020.


Poeta mexicano, nacido en Carcass (Obelisco, 2019), forma parte del colectivo tecnoperformativo SQNX y mantiene un bot literario @Poesia_es_bot. Ha publicado La incertidumbre cuántica (Montea, 2019), Arcanun Planetae (Obbelisco, 2020). Este volumen confirma la vena heterodoxa de este poeta, ¿versos?, ¿aforismos? Un poco de ambos y, además, la intención declarada de impersonalización de hibridación hombre/máquina, resaltando las cualidades poéticas de la escritura automática, y la voluntad de atemporalidad: “1. Este verso es el primero de una serie de versos que con una marca de atemporalidad irá cobrando sentido como unidad independiente”. Lo más cercano es el magnífico libro de Pejk Malinovski, Poetas / Digterne, que Chamán publicó el pasado año. Horacio Warpola es aún más radical en sus planteamientos y no deja hueco a la narración.

Otra de las características de la poética de esta colección de 300 versos es la constatación de que la poesía es irreductible, el misterio y la magia que Gustavo Adolfo Bécquer situaba en su esencia: “2. Este verso es la verdadera doctrina mágica, un absoluto misterio”; “12. Este verso debe emplear sus poderes mágicos para contactar con los creadores del cosmos (este es, casualmente, un modo de proceder completamente normal y tradicional)”.

Irónicamente se confrontan los versos como entidades independientes, con cualidades personales de inteligencia, pero también de estupidez: “6. Este verso es una idea individual independiente, una cosa en sí misma, una substancia espiritual, moral e intelectual”; “83. Este verso es de tendencias más políticas que existían, igual que el terrible cardenal Richelieu”;  “52. Este verso es monótono y estúpido”; “64. Este verso desea substraerse a la costumbre y a la certidumbre”; “99. Este verso está embriagado con la sangre de los santos”; “108. Este verso, para el propósito de nuestros estudios, importa poco si se origina por amor o por pasión”; “128. Este verso te mira mientras duermes”; “138. Este verso es una actividad del yo-mismo y como tal es esencialmente una cuestión privada e individual”; “170. Este verso anhela tener labios”.

Se aplican cualidades biológicas por un lado, contrapuestas a la tecnología: “17. Este verso es simplemente uno entre toda una serie de versos que ha evolucionado”; “36. Este verso es autogenerado, autoalimentado, autorremarcado”. Se hacen referencias a la música con referentes que van de Mahler y Branssens a Autrechre, DNTEL, Low a Can y Tribalistas, música de tradición clásica escrita a cantautores, música electrónica, rock orgánico y tecnológico y baile festivo. Horacio Warpola hace poesía como Kraftwerk hacían música apostando a ser máquinas artesanas.

El verso puede ser un artefacto con otros fines: “18. Este verso es un proto mapa del universo”; “158. Este verso es la unión del microcosmos con el macrocosmos”; “259. Este verso, si fuera un instrumento, sería un sintetizador”. Y, como elemento tecnológico, asume el vocabulario de la informática: “218. Este verso utiliza cookies”; “230. Este verso es poesía electrónica, aunque algunos piensen lo contrario”; “286. Este verso se está buscando en google”. Como también se puede entender desde el punto de vista metapoético, de una teoría de la literatura: “182. Este verso suele cambiar las nociones tradicionales del surrealismo con un hondo interés en el expresionismo abstracto y los modelos psicológicos complejos”; “190. Este verso no tiene ningún empuje narrativo deliberado”; “198. Este verso crea ficciones enteramente nuevas a partir de material preexistente”; “209. Este verso comunica intimidades al lector como acto de autodeterminación”; “234. Este verso forma parte de una cronología lingüística en donde se pretende indagar sobre las posibilidades de la psique humana, desde lo más primitivo a lo más ultratecnológico”; “239. Este verso no tiene emisor, no tiene canal, no tiene código, no tiene mensaje, no tiene receptor”. La dualidad entre artefacto mecánico y artefacto simbólico se resuelve a favor de lo primero: “244. Este verso cree más en la ciencia que en la poesía”.

Y puede ser también un alarde de libertad en las imágenes: “61. Este verso lleva atada a la parte interna de la camisa una luciérnaga”;  “78. Este verso se viste como una llama de oro y se presenta desnudo como el amor”.  El proceso de escritura ofrece sensaciones ambivalentes de creación y de vacío existencial (“150. Este verso nos ha dejado a todos con un vacío insaciable”) a la vez que explicita su voluntad de juego: “275. Este verso se ha vuelto frívolo porque siempre que debe actuar así cada vez que alguien se dirige a él”; “285. Este verso se está buscando en México”. Como el sentido de terminar como un cuento o un documento: “300. Este verso se terminó de escribir en octubre de 2015, en Querétaro, México”.

martes, 1 de diciembre de 2020

Reseña de Javier Sánchez Menéndez: ‘Para una teoría del aforismo’. Trea. 2020

TREA 

A diferencia de otras recopilaciones actuales, quizás más “de autor, Javier Sánchez Menéndez intenta elaborar unas líneas definitorias del género, tanto en su forma como en su fondo. No sería de extrañar que el género gozara de cierta “efervescencia” por las condiciones actuales de prisa y textos escuetos pero larga es la tradición que nos lleva a Lao Tse, Confucio o Platón. Precisamente platónico es considerar que “el aforismo es un concepto” en el sentido de que el nombre indica esencia. Sánchez Menéndez insiste en distinguir el aforismo de otras formas breves, uno es sapiencial y es muy distinto de “simplemente malas ocurrencias, frases inconexas que el autor desea presentar al público sea o no lector”.  Así, “Aforismo es misterio y es silencio”, por ejemplo, “Heráclito fue, sin saberlo, uno de los padres del aforismo”, “compendio de filosofía, de poesía, de religión, de sabiduría popular, de tradición, de meditación, de silencio” (p. 26). Mezcla de riente y occidente, como los evangelios gnósticos.

“La discontinuidad es, por tanto, ese ejercicio libre de la mente que precisa de pausas, de intervalos, de enigmas, de atención, las formas breves adquieren un carácter sugerente, un modo de conocimiento, un canal de comunicación, un diálogo entre maestro y discípulo” (p. 25-26)

En 2013, José Ramón González publicó Pensar lo breve. Aforística española de entre siglos. Antología (1890-2012) dando cuenta de la salud y la tradición de la que gozaba y goza este género. Javier Recas en  Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo incluye a Lao Tse, Marco Aurelio, Montaigne, Gracián, Rochefocault, Twain, Bierce, Antonio Machado, Cioran… Sánchez Menéndez recuerda en estas páginas listas de editoriales y autores de aforismos. De toda la evolución es consciente de que “el aforismo se ha desarrollado e incluso ha mutado en las diferentes condiciones culturales que la humanidad ha soportado” (p. 43). Y, en la actualidad, “el aforismo moderno debe escribirse sin una ruta fija, sin plan de vuelo perfecto, pero exige rigor, dedicación, lecturas, y un punto de ingenio que alimente la creación” (p. 45), aunque, insiste en depurar el concepto: “un error habitual del aforismo moderno es quedarse tan solo en la ocurrencia” (p. 47).

En una segunda parte, recopila definiciones realizadas por escritores, en ocasiones, una especie de meta-aforismo. Hiram Barrios, por ejemplo, resalta su cualidad de “hallazgo, un chispazo de lucidez”, J.A. Cilleruelo, la “levedad” o León Molina que sea “airoso”, mientras que Jordi Doce, el componente poético. Pelayo Fueyo resalta que es un género híbrido. Y si José Mateos, “pensamiento resonante”, Juan Manuel Uría, “El aforismo es una cápsula de pensamiento sintético”. Complementando estas definiciones, Sihara Nuño concluye que “El aforismo es un agujero negro indescifrable, una definición que se escapa en la física básica pero existe”.

La variada muestra que se ofrece en el cuerpo del volumen incluye a variados autores, pero “no indicamos la procedencia de los aforismos, ni citamos los libros de donde han sido seleccionados. Muchos de los aforismos que se incluyen en esta muestra, de algunos autores, son inéditos”. En algunos autores brilla más el ingenio y están más cercanos a la greguería: Miguel Agudo Orozco (“Ando pensando, es decir, reflexiono las piernas”, “Si te pones en jarras, te bebo”); Azahara Alonso (“Los días sin sol son domingos vestidos de diario”, “El lenguaje es el taxidermista del recuerdo”); Ramón Eder (“El fin justifica los miedos”, “La vida es una ficción basada en hechos reales”). Y, por supuesto, con el arma infalible del sentido del humor y la paradoja: Javier Puche (“La vida es un accidente a cámara lenta”, “Los nostálgicos tienen todo el pasado por delante”).

En otros prima la sapiencia de la que el autor hablaba al principio: Miguel Ángel Arcas (“La verdad nunca es suficiente”, “Hay que estar a la altura de nuestros fracasos”); Rafael Argullol (“Hipocresía: la seguridad en el bien”, “Sabiduría: el maestro que quiere ser aprendiz”); Miguel Catalán (“No es lo mismo hablar solo que hablar consigo mismo. Pero tampoco conviene confiarse”, “La corona de espinas es una corona de rosas dejando pasar el tiempo”); Ricardo de la Fuente (“El aforismo apunto a la cabeza, pero acierta más cuando da en el corazón”, “Usamos la palabra gente autoexcluyéndonos”); Eliana Dukelsky (“Amamos como nos amaron, no como nos enseñaron a amar”, “Los adolescentes poseen mentes aristocráticas”); Jaime Fernández Martín (“No prometemos las cosas por lo que son, sino por lo que nos prometen”, “Mientras no hallamos ningún sentido a la vida vamos viviendo”); Pelayo Fueyo: “Las beatas saben menos de Dios que yo de su ausencia”, “La nada es una comodidad insoportable”); Sergio García Clemente (“La traición nos hace inolvidables”, “Es difícil comprenderse a uno mismo si no se cree en los fantasmas”, “Quien paga con la misma moneda suele salir perdiendo”); Karmelo C. Iribarren (“Hay esperanzas que te impiden vivir”, “La ignorancia: qué opiáceo”); José Mateos: “Para volver a ser el que solo una vez fuimos, qué lejos nos hemos ido”, “Desconfía de la verdad que carezca de misterio. Es falsa”); Manuel Neila (“Enseñanza del río: morir la vida; enseñanza del fuego: vivir la muerte”, “En el mundo del arte, los individuos normales son bastante raros”).

Las cualidades poéticas aportan, sin duda, el conocimiento perseguido: Hiram Barrios (“La naturaleza deja huellas; el hombre, heridas”, “La metáfora es un espejo roto”); Carmen Canet (“El desprecio, ese disfraz de la envidia”, “Me gusta la rima de cicatriz con olvido”); José Ángel Cilleruelo (“En el porche, al atardecer, se descalza las botas embarradas por los caminos invernales el silencio”, “La mañana de lluvia, oscuro funcionario, sella impresos, uno tras otro, sin que nada la inmute”); Jordi Doce (“Cruza las ciénagas de su sangre. Teme ahogarse antes de llegar al corazón”, “gente que solo se reconoce mutuamente en los sueños de los demás”); Sihara Nuño (“Evolución inquieta: la imaginación”, “Escribir la verdad como si la verdad fuera patrimonio del aforista”); Lorenzo Oliván (“El mar tiene el sonido que tendría el deseo si sonase”, “A mí los sentidos de este mundo no me dejan nunca de decirme cosas”); Tomás Rodríguez Reyes (“El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo”, “Hay quien escribe para extirpar el yo que le acompaña y quien escribe un carrusel para ese yo que lo domina”).

Encontramos posturas filosóficas conservadoras y más progresistas: Gregorio Luri (“Toda alma es un palimpsesto”, “La utopía es la corrupción de las causas justas”); León Molina (“El genio es inteligencia intensa, el talento, inteligencia extensa”, “Las ideologías son gafas para ver en blanco y negro los colores del mundo”); Mario Pérez Antolín (“Hemos pasado de condenar herejías a diagnosticar patologías. De la teopolítica a la biopolítica”, “Casi siempre el ornato oculta una falta alarmante de penetración”); Juan Manuel Uría (“Si las paredes hablaran, también dirían tonterías”, “Hemos pasado de antropocentrismo a centro comercial”). Aforistas como José Luis Morante (“La autobiografía convierte a otro en protagonista”, “El optimista define el caos como una narración abierta”) o Elías Moro parten de la autobiografía (“Si me digo que soy humilde ya no lo soy”, “Bajo su envoltura de certezas, el buen aforismo esconde un inagotable saco de dudas”).

En este ensayo de teoría del aforismo vamos a poder encontrar una reflexión teórica con cierta entidad que supera la obligada introducción para una recopilación de aforismos. En esta teoría, más que detenerse en la personalidad del aforista, se hace una propuesta exigente sobre lo que debe ser un aforismo, una reivindicación de pureza de ánimo por mucho que las formas y los enfoques puedan y deban ser diversos. Un disfrute en muchos sentidos.