domingo, 21 de marzo de 2021

Reseña de Carmen Millán Patino: ‘Vivir en tránsito. Mujeres y la Base Naval de Rota (1953-1975). Umaeditorial. Col. Atenea. Estudios de género. Málaga, 2020.

 Vivir En Tránsito de Millán Patino, Carmen 978-84-1335-044-8


Esta investigación mereció el XXX Premio Internacional de Investigación Victoria Kent del pasado año. Versa sobre el papel de las mujeres, en plural, en las relaciones entre Rota y la Base Naval norteamericana, desde la firma de los tratados bilaterales hasta el final del franquismo. Las fuentes principales son las orales, a base de entrevistas con distintas mujeres que tuvieron (y algunas todavía tienen) relación más o menos directa con la base naval, por ejemplo, debido a motivos laborales, o trabajar en el servicio doméstico de alguna familia norteamericana. Dos grandes bazas cuenta esta monografía. La primera es la idoneidad del método que recoge los testimonios de estas mujeres, que es completado con una búsqueda en diferentes archivos, principalmente el Archivo Municipal de Rota, pero también otros, como el Archivo Linz de la Transición Española. De esta forma se evita el camino más o menos sencillo de acumulación de relatos. Es necesario contrastar la percepción de las informantes con otras perspectivas más oficiales o completarlas con datos específicos de los archivos. Desgraciadamente ya tuvimos ocasión de comprobar la tentación en otras monografías sobre este asunto, que, afortunadamente han podido servir como apoyo y punto de partida para este estudio.

la reciente publicación de otro proyecto de Historia Oral elaborado por Mª Dolores Pérez Murillo y Eva Díaz Buzón, consistente en una colección de más de 40 entrevistas a mujeres y varones tanto españoles como estadounidenses, también relacionados con esta base militar, no hizo sino replantearnos el uso de otras fuentes orales más allá de las “creadas” expresamente para este trabajo (p. 18)

La segunda aportación es el armazón teórico que se utiliza para la producción del estudio. Es un error desgraciadamente muy común entre legos y entre muchos historiadores –y especialistas en ciencias sociales– considerar que los datos hablan por sí mismos y que cualquier interpretación es una ilegítima injerencia de la subjetividad. La dejadez teórica de estos especialistas lo único que consigue es dejar en evidencia su propia subjetividad que pretende pasar como una objetividad y, a lo sumo, resulta en una mera acumulación de datos. Cualquier organización de los datos es una suerte de producción de datos. De poco nos sirve describir el funcionamiento de cada célula del cuerpo durante la digestión si no organizamos la descripción en tejidos, órganos y le damos un sentido. Carmen Millán aprovecha la conceptualización que, por ejemplo, aportan los estudios de género para poder interpretar las prácticas y las reacciones de todas estas mujeres y sus entornos, “superando viejos modelos androcéntricos” (p. 20). Además de la bibliografía directamente implicada, también sitúa e ilustra las situaciones con referencias culturales entre las que hay que destacar, por supuesto, Bienvenido Mr. Marshall, el memorable film de Berlanga que tan familiar puede resultarnos.

La base, decimos, son 14 entrevistas con mujeres que en el momento de la realización contaban entre 52 y 93 años. Los motivos son “mujeres roteñas, pero también quienes sin serlo hubieran vivido parte de su infancia o juventud en el contexto estudiado” (p. 17). Algunas, 9 de ellas, son familiares directas de norteamericanos, circunstancia no planeada de antemano. Muy interesante es también la propia implicación de la investigadora en el contexto, de la que advierte “de antemano no he querido abstraer completamente mi propia experiencia” (p. 19).

La primera parte, como es lógico, sitúa históricamente la firma de los tratados y la construcción de la Base Naval, incluyendo el reflejo que todo tuvo en la prensa del Régimen, proclive, por tanto, a la propaganda. También se revisa, en este sentido, la imagen que se procuraba para la mujer como elemento indispensable para comprender la relación entre éstas y la Base Naval. La distribución de los contenidos obedece principalmente a criterios temáticos, aunque “intentaremos seguir un cierto orden cronológico-temático, en algunos momentos familia, trabajo y lugares de ocio aparecerán interconectados como los que son: espacios cambiantes y siempre jerarquizados” (p. 31). Por último se indican algunas líneas de investigación que pueden ser fértiles a partir de este estudio.

A partir del tercer capítulo se trabajan estos espacios subjetivados y practicados. El primero es el referido a la identidad, donde la imagen tradicional de “ángel del hogar” y ama de casa se encuentra, como poco, cuestionado. No todo es una “predisposición natural a la maternidad”, la necesidad y, sobre todo, la oportunidad del trabajo fuera del hogar cambian las reglas de juego, como excepciones aceptadas sin un cuestionamiento consciente de los valores, que, sin embargo, sí que se ven afectados, especialmente en aquellos aspectos, como la homosexualidad, de algunas mujeres que desafiaban la descripción estereotipada de cómo debía comportarse y aspirar una mujer. Como bien se señala, la identidad no es una mera decisión individual, y se analiza el patio de vecinas como catalizador importantísimo para el manejo y la construcción de la identidad de las mujeres.

Seguidamente se analizan los espacios de confluencia entre las dos comunidades, por un lado las relaciones y los matrimonios mixtos, por otro el mercado laboral, y, por último un repaso a los lugares de ocio tan peculiares en esta realidad digamos fronteriza. Las relaciones entre americanos y españolas no siempre fueron idílicas, hay que contar con las resistencias a “echarse un novio americano” así como la confrontación con la realidad cotidiana más allá del océano, donde la situación “normalizada” a menudo suponía un enorme choque cultural. No era lo mismo la vida en una base naval en el extranjero que la vuelta al suelo patrio y, en algunos casos, se certifica una ruptura matrimonial.

El mercado laboral incluye el servicio doméstico en hogares de norteamericanos tanto como los puestos de trabajo en el complejo de la Base o fuera de él, como las lavanderas que, en sus casas, realizaban trabajos para el personal militar. Podría esperarse un cambio radical en el modo de vida, un contagio del American way of life, que, por otra parte, llegaría a impregnar el resto de la cultura, los modos y las prácticas del mundo occidental como símbolo de modernidad. Se comprueba que el cambio no fue tan radical, que el pueblo vivió, hasta cierto punto, de espaldas a la Base Naval, diferenciando dos espacios de convivencia y dos usos de vida con puntos de contacto pero independientes.

El capítulo dedicado a los lugares de ocio, donde la socialización se realizaba un tanto fuera de la estricta mirada de las autoridades, es muy llamativo. En los distintos locales, bares, salas de fiestas o clubes se llegaron a reunir mujeres de diecinueve nacionalidades distintas. Y dentro de las españolas, encontramos procedentes de lugares, como La Línea, que se acercaron con la expectativa de un puesto de trabajo. En este ambiente hay que situar también el espinoso tema de la prostitución, que llegó a saltar a la prensa británica por supuesta trata de personas, chicas que venían con la idea de un trabajo y acababan forzadas a alternar con los norteamericanos. Sin embargo, podríamos ver cómo todos estos lugares, más aún, la llegada de la Base en conjunto, pudo suponer la “aceleración” de los procesos de emancipación, aunque los roles no se diferenciaran demasiado de los estipulados para su género y condición (cuidados, domésticos, camareras…). Estos escenarios son básicamente controvertidos y, en ellos, se ejercía la misma biopolítica de control sobre las mujeres: ellas transmitían las enfermedades y ellas eran las manipuladoras que seducían para casarse a los incautos chicos de la marina norteamericana.

Este somero repaso no agota la riqueza histórica y sociológica que aporta el estudio. Carmen Millán además, agradece con una sucinta biografía de las informantes, alguna de ellas quedan en el anonimato por decisión de las propias entrevistadas. Es de justicia devolver a todas ellas la información que generosamente han compartido y es de justicia sacar a la luz, explicar y compartir entre el resto de la población de Rota y, general, del público, la vida e historia de aquellas mujeres que vivieron esa transición entre un pueblo mayoritariamente agrícola, pescador, sólo con un incipiente turismo, y un pequeño crisol de culturas, vigilado pero no siempre controlado, por una dictadura y por una superpotencia en plena Guerra Fría.

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