domingo, 9 de agosto de 2020

¿Qué es para ti un rey?


Mis alumnos acostumbran a decir que una monarquía es donde hay un rey. No sé si son conscientes de que están describiendo Mallorca en verano o un tablero de ajedrez, así que les procuro enseñar que una monarquía es un sistema político en el que el jefe de Estado es un rey. Tengo que tener cuidado porque en la mayoría de los manuales insisten en el carácter hereditario del cargo, y, por ejemplo, los visigodos sufrían una monarquía electiva (y según se acostumbra a decir, ese fue su talón de Aquiles). El sistema monárquico no dice nada de los poderes concretos que el rey pueda tener. Incluye desde el absolutismo, en el que no había separación de poderes y todo el sistema lo designaba el rey, hasta las monarquías parlamentarias en las que el cargo es casi honorífico.
De las muchas críticas que se suelen hacer a la monarquía es la de cobrar sin hacer nada. No creo que eso sea cierto. Al menos en la española, la jefatura del Estado arrastra una serie de responsabilidades que merecen remuneración. Otra cosa distinta es discutir si la remuneración es la adecuada o cómo hay que rendir cuentas de ella. O si alguno de los gastos son sufragados por otros ministerios, como el de Defensa, Interior o Exteriores. Se podría limitar el número de beneficiarios de la Casa Real, por ejemplo, a la hora de la seguridad y los guardaespaldas. A menudo se escudan los monárquicos en que Felipe de Borbón es un hombre muy preparado para el cargo. Y tanto. Hemos sido los españoles los que hemos sufragado los gastos de sus estudios, dentro y fuera de España. Uno podrá criticar a Rajoy todo lo que quiera, pero sus estudios de Derecho y su preparación como registrador de propiedad se los pagó su familia. Es curioso que nos indigne que existan pagas vitalicias para expresidentes y, sin embargo, nos parezca los más adecuado correr con los gastos de educación de un futuro rey, cuando está visto que puede salirnos Froilán o peor.
El problema no es que se cobre más o menos, el problema es que damos por sentado que una familia ya se va a ocupar del cargo. No solo se vulnera el principio constitucional y justo de igualdad ante la ley, es que, por su naturaleza, es inviolable, inimputable, inmune por el solo hecho de ser el primogénito (masculino) de una familia a la que ni siquiera se le hacen pruebas de paternidad. A esto responden muchos señalando la incapacidad de nuestros gobernantes, dependiendo de las fobias, se apunta con el dedo a Iglesias, a Abascal, a Pedro Sánchez o a Casado (¿por qué no a Toni Cantó?). Ya aquí pierdo los papeles. En una democracia esa es la presunción básica, que los ciudadanos somos capaces, y por eso tenemos el derecho y la obligación, de elegir a nuestros representantes y nuestros gobernantes. Si no te crees que seamos capaces, no te puedes llamar demócrata. Eres, además de un cortesano (por no utilizar un apelativo más despectivo), un creído. Te crees que solo tú tienes criterio para elegir y los demás somos idiotas (en el sentido originario de la palabra). Como mucho defenderás una especie de despotismo ilustrado en el que tú, por supuesto, estarás como asesor de las masas.
El PSOE ha encontrado la fórmula feliz para poder criticar al emérito y apoyar a la monarquía a la vez. Sus pensadores han explicado, “se juzga a las personas, no a las instituciones”. Y es lógico, porque en su historial, como en el del Partido Popular, o en el de CiU, etc.., hay tanta corrupción que podrían ser considerados banda de delincuentes. Dejando aparte lo favorable que pueda ser la fórmula, hay una objeción grande. En un gobierno hay muchos cargos y han pasado por él muchos personajes, que alguno caiga en la tentación de utilizar su cargo para beneficio propio es estadísticamente muy probable. Por eso precisamente debe existir un control riguroso de la actividad de cada uno de los miembros de la administración pública –y de las privadas, también, por supuesto–. Sin embargo, en el caso de la monarquía, si un rey se descubre como corrupto, está corrupta toda la institución, el 100% de sus miembros. Es, cuantitativamente, más grave.
Además hay otra cuestión. La monarquía se basa en la presunción de que una familia tiene una predisposición hereditaria a desempeñar un cargo por el hecho de que sus antepasados ya lo hicieron. Luchamos durante mucho tiempo contra esa plaga de clientelismo. Según la teoría monárquica debe haber algo intrínseco en la persona del rey para desempeñar esa función, como mínimo, de representar a la nación entera. Es una teoría esencialista, como se advierte en los intentos por enraizar un linaje ex novo. Amadeo de Saboya fue un caso clave, pero los Borbones no lo fueron menos. Se necesitó una guerra que todavía colea en el imaginario independentista catalán.
Esa esencia trascendente hace de una persona algo más, un líder nato, la única que puede hacerlo sin caer en el desorden (véase El rey león para comprobar los destrozos de variar la línea sucesoria). Esa persona representa la magnificencia y la lealtad, sin tacha… por eso es necesario recalcar en las leyes su inmunidad y su inimputabilidad. No es posible que cometa delito, por lo que cualquier acusación es siempre un fraude de ley, un intento de desestabilizar el régimen. Pero, ¿qué sucede si el monarca no demuestra una actuación ejemplar?
Estoy más que de acuerdo en que son unos desalmados que arrebataron el dinero destinado a quienes lo necesitaban de urgencia. Pero me gustaría recordar que los implicados fueron llevados a juicio, con condenas severas que si bien es cierto que podían haber incluido la devolución de robado, han implicado cárcel y el final de la carrera política de alguno. Que se sepa el emérito no se ha quedado con dinero que no fuera suyo, son "regalos" o comisiones. Pero no las declaró, ni públicamente ni en Hacienda, eso también afecta a las arcas públicas. Todo esto es "presuntamente" porque no se puede o no se atreven a juzgarlo. No se puede estar orgulloso de la inocencia de quien no puede ser juzgado. La institución monárquica se basa en la asunción de unas cualidades morales y técnicas de una familia concreta por encima de las demás. Si falla un rey falla toda la institución. Además, teniendo en cuenta que la autoridad moral del jefe de Estado se basa en la cualidad personal, ya que no puede ser removido del cargo. No puede siquiera ni ser juzgado. No es de recibo que argumenten que no ha sido acusado de nada, porque legalmente no está reglado.
La estrategia de estos monárquicos se basa en “si alguien ha cometido algún delito muy grave, no se me puede echar en cara ningún delito leve”. Esto es una atrocidad, significa que dejarían de juzgarse todos los delitos por debajo del más grave. Del rey abajo, ninguno. Tampoco sirve la excusa de haber sido el artífice de la Transición[1], porque a nadie se le permite un delito después de haber sido heroico en un momento del pasado.
Es una pena que en España no haya una derecha republicana, como la hay en Estados Unidos, Francia, Alemania o Italia. Da la impresión de que la república es cosa progres nostálgicos (valga el oxímoron) y de izquierdistas. Los hombres y mujeres  de orden defenderán el orden establecido, por encima de las injusticias y las evidencias. Por algo será.
Los verdaderos monárquicos, sea como fueren, deberían esperar de su rey que tuviera arrestos para quedarse y demostrar su inocencia. Y si tuvo devaneos en el pasado (conquistas extramatrimoniales, movimientos bancarios no ejemplares, aceptación de regalos inadecuados…), aceptar el castigo correspondiente y no refugiarse en artilugios legales para evitar un juicio o tomar las de Villadiego a casa de sus amigos en el extranjero, que es totalmente indigno.
Majestad, a lo hecho, pecho.



[1] La inmaculada transición, como la llamó una vez Gabriel Albiac, que pasó del Franquismo a la Democracia sin romperlo ni mancharlo.

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