miércoles, 25 de septiembre de 2019

Reseña de Ismael Velázquez Juárez: ‘Sea un arma. Manual de autoayuda contra sí mismo’. Liliputienses. 2019


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Ismael Velázquez Juárez es un poeta de Iztapalapa (Distrito Federal, México).  Mantiene un blog activo http://ismaelvelazquezjuarez.blogspot.com/. Su trayectoria oscila entre la poesía (Polvo de billar, Lugares y no lugares para caer muerto en Richard Brautigan, Producto interior bruto, Esto no significa nada y Nombrarlos desaparece), el aforismo (Arte de beber) y la poesía visual (Where do we go from here, Bulldozer). Podríamos decir que este Manual de autoayuda es un híbrido entre estos tres géneros. Publicado originariamente en México en 2014, consiste en una imagen de un hombre de espaldas con chaqueta clara y fondo negro se superponen las supuestas frases de autoayuda, comenzando por “Bienvenido. Mi caza es su caza”. Liliputienses lo pone de nuevo en circulación con el exquisito envoltorio a que nos tiene acostumbrado en su encomiable labor de acercar la poesía del otro lado del Atlántico.
                Juegos de palabras, perversiones de fases hechas, paradojas construyen un certero arsenal para sobrevivir al propio ego. “Sea alguien mientras no limite su original a no ser nada”. El uso del imperativo y del usted otorga un carácter marcial, terrible como el destino. Esta colección de mandatos posee algo de la textura de un meme, pero va más allá, a pesar de la aparente desorganización de los consejos, su enumeración supera la simple ocurrencia o la chispa poética. Un pequeño cofre donde guardáramos el revólver o la cápsula de cianuro de emergencia. La cualidad visual, el sujeto de espaldas, del que no conocemos el rostro, vestido con una chaqueta clara no se dirige a nosotros, las frases sí, con la contundencia del imperativo y la rotundidad de la tipografía. Somos el sujeto que lee y que se mantiene en la fila con los sujetos exactamente iguales que componen las páginas del libro.
                Detrás de Sea un arma hay un intento de deconstruir las certezas cómodas del pensamiento posmoderno. En una vuelta de tuerca, las inseguridades, la filosofía centrada en el sujeto que ha muerto (Foucault).  Ya no cabe preguntarse sobre la identidad, ni siquiera sobre el lugar que uno ocupa en un mundo que no comprende. Son preguntas sin sentido. El conocimiento, como el poder, no se tiene, se ejerce. Y en este manual, Ismael Velázquez, propone  abolir estas preguntas y dejar sin sentido la búsqueda. Vivir en la desorientación  de un mundo que tiene objetivos, planes y metas que no nos corresponden y que juegan contra nosotros.: “no se engañe, nada de lo que piensa demuestra que usted piensa”.
                Una estrategia de conformismo como método para escapar al control, la aceptación como elección. Dentro del plan, siempre mantener el silencio o decir la verdad como respuesta a la falsedad generalizada. Son consejos para ir atravesando un espacio vigilado de manera constante y fatal. La parquedad y concisión de los mandatos intimidan de igual forma que su contenido atroz y sin sentido. Contagian el nihilismo en que está imbuido el autor.
                Como emergencia, abandonar cualquier aspiración de emancipación y mucho menos grupal, desconfiar del grupo, de la seducción del compañerismo y la intimidad: “Explíquese , pero solo a las piedras”. Aceptar que no hay salida, que ni siquiera estamos condenados a ser libres, que ni podemos liberarnos ni podemos siquiera decidir: “Que usted pueda salir de un zoológico e irse a casa no quiere decir que sea más libre que los monos”. Todos los consejos recogidos pueden ser el breviario para Winston Smith que simplemente colabora con el Gran Hermano a medida que intenta escapar.
                Ismael Velázquez conoce demasiado bien el sistema en el que uno es su peor enemigo, que se alimenta de las aspiraciones frustradas y renovadas: “Sea feliz, fracase”. Y recoge la rabia, que es la otra respuesta ante la desaparición silenciosa que no moleste. Como Nietzsche sospechó, “hablar ya es inútil, ladre, o mejor, muerda”. A fin de cuentas, “Dios creó nada, destruyó todo, usted es un escombro”, así que, si acaso una inyección de vitalismo, “nunca encontrará , nunca sabrá nada, pase y diviértase”, o ocaso lo contrario, “mire por la ventana, salte por la ventana, intégrese al paisaje”.
                Dante lo advirtió en el Infierno, abandonad toda esperanza.

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