domingo, 3 de noviembre de 2019

Mientras dure la posguerra


Alejandro Amenábar ha tenido el acierto de estrenar una película sobre los inicios de la guerra civil en pleno siglo XXI, justo en el momento en el que por fin, después de casi cuarenta y cinco años, es trasladado el cadáver del dictador del mausoleo del Valle de los Caídos, circunstancia esta que añade mayor actualidad al asunto. Esta es precisamente el interés de la cinta titulada Mientras dure la guerra. Es una película para el 2019, ese podría ser su mejor baza, pero también es su mayor objeción.
                Para empezar, la cinta, entendida desde el punto puramente cinematográfico, funciona perfectamente. Podría decirse que Amenábar ha superado el esteticismo que lastraba anteriores films como Ágora, donde el mensaje contra la intolerancia se vestía con movimientos de cámara, elementos de vestuario y una apuesta particular por la definición de buenos y malos, de ciencia e intolerancia. Nada de esto podemos encontrar en Mientras dure la guerra. El director ha planteado una recreación de los inicios de la Guerra Civil sin maniqueísmos, sin bandos buenos y malos.
                La actuación de Karra Elejalde encarndo a un anciano Miguel de Unamuno es sobresaliente en humanidad y verismo. Desde el peculiar acento del actor (sorprende el parecido con la auténtica voz) hasta los ademanes, las miradas, los silencios conforman un personaje memorable. Quizás, siendo excesivamente puntillosos sorprenda la vitalidad con la que se mueve una persona con sus achaques y su bastón en algunas escenas. Peccata minuta. La interpretación de Eduard Fernández como el fundador de la Legión Millán Astray es simplemente sobrecogedora. Ha captado a la perfección la personalidad de un militar capaz de las mayores heroicidades y de la mayor cercanía con sus subordinados. Campechano, iracundo, humano y muy creíble. La escena en la que estalla durante el discurso de Unamuno roza la perfección. No es fácil construir un personaje tan característico, tan polémico y no juzgarlo. Ambos, Elejalde y Eduard Fernández son firmes candidatos a premios en la interpretación sin duda alguna.
                Me ha sorprendido también agradablemente la caracterización de Francisco Franco, Santi Prego, quien es capaz de imitar sin caer en la parodia incluso la voz atiplada del dictador. El resto de los personajes son totalmente creíbles y ayudan a que comprendamos en dos horas las dificultades y titubeos de Miguel de Unamuno ante el desarrollo de la guerra.
                La historia pretende explicar el cambio de actitud que sufre el insigne filósofo quien ha colaborado en el golpe de Estado. Unamuno había contribuido precisamente al advenimiento de la República con sus críticas a Alfonso XII y a la dictadura de Primo de Rivera, lo que le costó su destitución como rector de la universidad de Salamanca y el exilio. Ahora, sin embargo, contribuye, incluso económicamente (las cifras son objeto de debate, pero, para el caso, no importa demasiado si fueron 5000 pesetas o 15000). La persona puede ser discutible y se le pueden achacar defectos como sus devaneos intelectuales desde su manera peculiar de entender el socialismo a posiciones más conservadoras, se le podría acusar de atacar al régimen cuando éste interfería en su actividad y ser insensible ante las injusticias que no le son cercanas. Esta parece ser también parte consustancial de la interpretación del Unamuno personaje. Hasta que no ve la brutalidad de los alzados afectando a sus amigos personales niega todos los indicios de la represión. Incluso justifica la detención arbitraria del alcalde de Salamanca.
                Amenábar ha querido hacer una película que sirva para el debate de la actualidad. Ha querido mostrar un enfrentamiento en el que no escatima críticas a unos y a otros. Un enfrentamiento que no ha sido resuelto todavía en algunos de sus flecos. Las reivindicaciones de vascos y catalanes que amenazan con romper la unidad de España son de una rabiosa actualidad en este curso político. La discusión entre Miguel de Unamuno y Salvador Vila, uno atacando los excesos de los rojos y otro reivindicando la justicia social que defienden es uno de los momentos clave del film.
                A pesar de la duración, la película se hace corta. Se hace corta porque echamos de menos una presentación de los motivos que llevan a la guerra. No hay análisis de las causas que llevan al fin de la República. Aquí prefiere la neutralidad. El resultado es una guerra de la que no conocemos más que dos posturas antagónicas a las que otorgamos parte de razón y parte de crítica, igualmente detestables en sus excesos. En cierta forma es la postura que defendía Pérez Reverte en su “pedagógica” revisión de la contienda. No es más que una guerra fratricida, fruto del carácter cainita de los españoles, sin que unos u otros tengan mayor o menor responsabilidad. Esa es también la sensación que transmite Amenábar.
                La guerra civil queda reducida a una tertulia televisiva, en la que la violencia verbal se produce en el vacío, sin consecuencias. Toda la violencia de Mientras dure la guerra se produce fuera de plano. No le interesa mostrar la crueldad de los fusilamientos, apenas si vemos la dureza y la inflexibilidad de los personajes. Contrarrestada, por otra parte –y creo que en eso acierta–, con la amabilidad de otros personajes del mismo bando: la admiración del falangista que le franquea el paso a Unamuno, la salvadora presencia de Carmen Polo en el Paraninfo…
                La guerra civil no es la historia de buenos y malos, pero tampoco es una historia en la que no haya buenos y ni malos. Hubo un golpe de Estado contra el orden instituido que desembocó en una guerra. Eso no lo pudo adelantar Unamuno, que seguramente pensaba en las insurrecciones del XIX, esos pronunciamientos casi mágicos en los que se fracasaba o triunfaba por el mero hecho de leer un manifiesto. Amenábar pretende reducir la cuestión a diferencias intelectuales, a maneras de entender cuáles son las soluciones a los problemas, pero desde un punto de vista ajeno, sin tener en cuenta los intereses de los grupos sociales. No comprendió –según la película, al menos–, como no comprenden muchos tertulianos, que la República no fue un acto literario, ni una elección de un equipo de fútbol al que seguir manque pierda, obviando las faltas y señalando que el árbitro pita siempre a favor del rival.
                Amenábar presenta de manera ejemplar la transformación humana de alguien que se resiste a reconocer que se equivocó al apoyar a unos, pero descuida, y eso es lo grave, explicarnos a nosotros, en 2019, qué sucedió para que un grupo de militares se alzara contra la legalidad republicana y a consecuencia de ese golpe, se estableciera una dictadura de cuarenta años.
                Esta es una película para la España actual, hablando como hablamos ahora, por eso ha gustado a tanta gente, porque confirma sus prejuicios sobre la guerra, porque los argumentos a favor de los republicanos pueden ser atacados con la denuncia de sus desmanes. Amenábar trata el tema como lo tratamos ahora, con distancia y con el alejamiento de las verdaderas causas. Eso no significa que eluda las confrontaciones y las respuestas airadas, como sucede en las tertulias televisivas donde las acusaciones mutuas se encarnizan. La película no pretende esclarecer la verdad, ni profundizar en las motivaciones y los intereses, se contenta –y no es poco– con darle voz a unos y a otros, haciendo comprensibles sus discursos. Ni unos, ni Amenábar, ni los espectadores, podrán llegar a la verdad. Se conformarán con decir que ninguno llevaba la razón.
                Mientras no intentemos comprender las causas, los intereses y las acciones con objetividad –lo que no significa equidistancia– seguiremos en esta eterna posguerra.

2 comentarios:

  1. Creo que ya comenté en mi muro mi impresión sobre el enfoque que da Amenábar a la que es su película y comparto contigo el hecho de que lo que nos viene a mostrar es el posicionamiento y la evolución sobre la contienda bélica de una persona Miguel de Unamuno, siendo en definitiva, la Guerra Civil el trasfondo de lo que es la película. No obstante, como bien dices en tu artículo: "La guerra civil no es la historia de buenos y malos, pero tampoco es una historia en la que no haya buenos y ni malos", lo difícil es acertar, desde un punto de vista objetivo a calificar las actuaciones de aquellos que han estado señalados como tales, y eso, es algo que las personas, por mucho que queramos distanciarnos de los hechos, siempre tenemos puntos de conexión, que nos hacen inclinar la balanza de la "supuesta verdad".

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  2. Completa reseña sobre la película, Javier. Aún la tengo pendiente pero me hago una idea bastante clara con tu exposición.
    Saludos!

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