martes, 5 de noviembre de 2019

Reseña de Antonio Revert Lázaro: ‘Diego contra la oscuridad’. Factoría del arte. 2014


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Debe ser difícil coordinar mentalmente la profesión y la mentalidad exacta y literal del jurista con la libertad creadora y metafórica de la palabra del poeta. Ambas facetas suponen una devoción por la palabra escrita y ambas profesiones son conscientes de que las palabras hacen cosas. Este es el primer poemario de Antonio Revert y está dedicado a su hijo, Diego, quien tiente también la deferencia de dedicarme el ejemplar. Mobiliario básico (Ediciones En Huida, 2018) es, hasta ahora, su último trabajo publicado en poesía. Ha sido seleccionado en varias antologías: Y así sería para siempre (Escuela Canaria de Creación literaria), “Contra”: poesía ante la represión (Coordinadora Anti Represión de la Región de Murcia), y Voces del Extremo (Antología 2012/2016) (Amargord). En su polifacética labor ha coordinado el encuentro Voces del Extremo en Tenerife y es capaz de asumir su profesión de piano y  ser teclista en varias bandas de rock.
Este poemario se estructura en 3 momentos: Nasciturus recoge los poemas escritos durante el embarazo, Niños y otros llantos describe la niñez de Diego y los miedos y retos y la última, Saturno devorando a sus hijos parte metafóricamente de “este sistema monstruoso tragándose a sus propias criaturas, que somos nosotros, hijos de estos tiempos”. La conciencia de ser padre incluye momentos previos en los que los sentimientos se agolpan: “Ya te quiero. Con todo eso que te asusta” (Monólogo del padre) y se sobrepone la esperanza (“El hombre del saco vive en un asilo”, Bando para bebés). Antonio Revert se cuestiona las contradicciones inherentes a ser padre, a la necesidad de cuidar y de dejar libre, a las inseguridades de un primerizo: “¿Cómo cuidar de tus manos, / sin dirigir tu vuelo de gaviota? / … / ¿Cómo enseñar un niño a otro niño?” (Tres preguntas de un padre a su hijo). La emoción que prevalece, sin embargo, como decimos, es la esperanza: “No reescribo mi vida / al mirarme en tus ojos enormes; / reescribe Dios su esperanza” (Apéndice 2: Diego)
La segunda parte, Niñez y otros relatos, incluye la realidad como constante amenaza, las contradicciones de nuevo y los peligros que se centran en la vida del pequeño Diego y de tantos como él: “A partir de aquí, / la guerra más larga de toda la historia” (Paternidad y filiación). La labor como padre es la de la re-ocupación, intentar adelantarse y replantearse la vida y su posición en el universo.
La historia de un niño que es la historia del Hombre. Las cicatrices cotidianas, conservatorios, catequesis, colegios: “No sabe cabalgar en monopatín / y, lo más grave, ignora / el maravilloso disparo del viento en la cara, sin aviso, / ya que aprendió pronto / a caminar despacio, / a no arriesgar las rodillas, / a ser buen cristiano / y mal jugador de póquer” (Viacrucis del niño de cristal). A pesar del vínculo personalísimo, de la raíz esencial de la paternidad concreta, no dejamos de ver en Diego un ejemplo de todos los que son y hemos sido niños: “Abrí los ojos: / negros campos de trigo. / No sabía lágrimas para tal oscuridad. / Solo interrogantes enormes, / esbozados como muecas / por pájaros extraviados / en un cielo que ya no era el suyo” (Crecimiento insostenible).
Saturno devorando a sus hijos (Exposición de acuarelas) es la tercera sección y mucho más dura, más sombría. En esta se ocupa del mundo que les estamos dejando a nuestros descendientes, a denunciar las injusticias y los sufrimientos compartidos y que dejaremos en herencia: “El agua estancada de las ciudades / genera insectos de moral inquebrantable. / (Cosa distinta a la carcoma / a que son sometidas los pueblos y las conciencias)” (Sin título I).
El tono adquiere una voz de denuncia (“Viva el ingenio de los muertos. / Muéranse ya los abedules y los jilgueros, carajo”, Campaña electoral), de crítica social en el que se hacen referencias muy puntuales a acontecimientos significativos como la reunión del  Club Bilderberg  enmayo 2010, o la acampada en la Puerta del Sol: “Brindará por nuestra perpetua tibieza, y cargarán el prcio del banquete / a la tarjeta de crédito de la plácida oveja” (Sitges, junio 2010. Hombres de traje azul llegando a la reunión del club Bilderberg).
No podemos dejar de respirar la atmósfera de La aurora de Nueva York lorquiana en la Mediodía sobre los rascacielos de Manhattan: “El cielo es una farsa sinsufrible, / una quimera al alcance solo de la rapiña” (Sin título III);  “Los cajeros automáticos / escupen restos de seres humanos / tras la preciosa tormenta del capitalismo” (Escena urbana). La poesía nunca ha dejado de ser un arma, una explicación y un consuelo.
No es, sin embargo, Antonio Revert una conciencia pesimista, antes al contrario, la indignación y la denuncia tienen el sentido urgente del cambio y la confianza en una posibilidad: “No hubo silencio, / sino el esperado clamor de las amapolas. / La imperceptible luz de una estrella magnífica” (Amanecer en Puerta del Sol, mayo 2011). Tiene mucho de profeta y sus palabras asumen una gran carga de retórica religiosa, la voz que clama en el desierto.
Hay poemas en los que se analizan momentos de escala nacional (“Catársis épica, / azul océano de dudas / televisores en llamas, / contertulios devorando a sus hijos”, Madrid, victoria electoral; “Triunfó la papiroflexia de los derechos”, Rueda de prensa del gobierno. Madrid 1º de febrero de 2012), y hay temas que dan la vuelta a un mundo globalizado  (“Otras veces llegan / a mi desde las moscas / que planean en lonjas africanas, o en reuniones del G-8 o del G-20”, Autorretrato) porque las amenazas a todos los Diegos están en todas partes: “Desde que callan los volcanes de Occidente, / prospera una paz de cementerio / tejida por pequeñas manos chinas” (Trabajadores en taller de costura clandestino; “Me cago en vuestra preocupación por el futuro: / no lo hay, pagasteis con él el televisor” (Cumpleaños infantil en un centro comercial).
Se recogen momentos políticos (Reunión ejecutiva federal, Madrid, 2013 o Plaza de Cataluña), intrigas de los poderes económicos (“Claman los corderos por una justicia animal, añoran una sentencia dictada por / volcanes/ que entierran rancios cuerpos” (For your eyes only. Consejo de administración de entidad financiera, tras una reunión; “Subirá el precio de ciertas acciones. / Descenderán ángeles, / repartiendo citaciones para Juicio”, Plantación de cacao en Costa de Marfil, 2011). Alertas cotidianas, micro amenazas hasta donde llegan los grandes movimientos políticos y económicos: “¿Cuántos silencios de mujer / decoran nuestros felices hogares” (Mujeres en un burdel asiático). Todo esto es lo que pasa en la calle mientras Diego crece.


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