domingo, 29 de agosto de 2021

Las palabras y los hechos


 


Corren tiempos para que el pesimismo propio se asiente y reafirme. Todo lo relacionado con Afganistán previene del desastre, incluso aquí, a tantísimos kilómetros, las reacciones hacen perder cualquier fe en la humanidad. Es sabido que los Estados Unidos pretenden ir evacuando a una serie de afganos y redistribuirlos previo paso por sus bases europeas. En nuestro caso Morón y Rota. Descorazona ver cómo esta intención es contestada por un sector, mucho me temo, importante en nuestra comunidad.

Por ejemplo, rueda por ahí, entre los perfiles de redes sociales, concretamente entre los que abundan las rojigualdas, una serie de memes que cuestionan que Occidente tenga que hacerse cargo de los refugiados afganos. ¿Tienen que recorrer 8000 kms para ser atendidos? Por lo visto los refugiados eran atendidos en las fronteras. No sé de dónde ha sacado la información, pero, a bote pronto, se me ocurren los casos del genocidio armenio, que acabó con muchas familias en Estados Unidos o Canadá, o durante la Guerra Civil, que los republicanos se exiliaron en América, México, Argentina, Cuba, Venezuela o Estados Unidos. La barbarie nazi llevó a los judíos todos los países del mundo, Estados Unidos, Argentina… Los refugiados de Camboya, Laos surcaban los mares hacia donde podían. Y no hay que escarbar demasiado para ver la diáspora judía en tiempos del Imperio Romano. Hay que ser muy miserable para hacer un tuit como este.

Estos miserables son capaces de parecer, ante sí mismos, porque no engañan a nadie, preocupados por la situación de las mujeres y el pueblo afgano tras los talibán mientras que siguen mostrando a las claras su xenofobia. Critican, denuncian, pero que no les molesten. Que se queden por ahí, que no aparezcan por aquí, por su jardín, porque creen que este país es un jardín suyo y de nadie más.

Me apesadumbraron los comentarios que mis paisanos soltaban en las noticias del periódico local. Felipe Benítez Reyes tuvo el tino de reunirlas y categorizarlas. Por un lado están quienes reniegan de los refugiados porque son terroristas, o porque traerán el covid, o porque no ceden al covidfraude; otros ven injusto que se les den casa, comida y lujos mientras que de los españoles ni Cáritas se ocupa. Por supuesto siempre están los que acusan al gobierno de lo que sea. De ceder a los americanos, de no dialogar con Casado, de hacer y no hacer, de aparecer o no aparecer. Todo de muy mal gusto. Una situación que desalma a cualquiera es aprovechada para acusar y mostrarse uno tal cual es. ¡Clama el silencio de las feministas con lo de Afganistán! Se nota que no han visto una feminista en la vida. O que no se han metido en ninguna red social, o no han visto las noticias… En fin, llueva o truene la culpa la tienen quienes me caen mal.

Sin embargo, después de todos estos despropósitos sacados de las redes y los comentarios a las noticas en prensa, resulta que la sociedad civil se organiza para recoger donaciones. Y son asociaciones de todo tipo, desde cívicas y laicas de izquierda hasta la Hermandad del Amor. Es tanto el material que han pedido que dejen de mandar ropa y se centren en las necesidades concretas de los cientos de refugiados que vienen a la Base. La noticia ha salido en medios de carácter nacional incluso.

Me da la impresión de que hay un reducto de personas indeseables y miserables que tiene una visión de la vida más miserable aún, que tienen miedo de que algo de sus miserables vidas cambie y todo lo ve mal. Y lo malo es que se les escucha mucho. Y lo peor es que convencen en su discurso a personas de bondad razonable, que dan la razón a quien primero escuchan porque no se entretienen en buscarle cinco pies al gato. Instintivamente comparan el trato a unos y a otros, y, en lugar de ver cuál es la necesidad, la urgencia o la justicia, se apuntan al primer carro. Los miserables tiran siempre hacia el fango y hacen demasiado ruido. No es solo que hagan el mal, es que impiden ver lo bueno.

Afortunadamente las personas no son así. Las personas son amables y generosas. Pero tampoco podemos pedir que todos nos comportemos con una ética incuestionable en momentos duros, durísimos. No podemos pretender que quien ha perdido una hija y no sabe dónde está su cuerpo diga cosas sensatas y entienda que se ha hecho poco o mucho. Se comprende que en una situación de terror se cometan infamias. Por suerte no siempre estamos en ese tipo de encrucijadas. Podemos tener el tiempo de reflexionar y que nuestro corazón hable y no nuestro egoísmo rastrero.

Hechos son amores, dice el refrán. Y este pueblo está demostrando, más allá del postureo y de la foto, que puede dar mucho. No lo digo concretamente por mi localidad, sino por todos los que son capaces de entregar su tiempo, su poco o su mucho, sus recursos en ayudar a los demás en momentos terribles. Sería una pena que sólo se escucharan a esos bárbaros miserables. Y, es curioso, se pueden dar a la vez ambas posturas, por un lado alertar de la islamización de Europa y compartir la petición de socorro a los refugiados. Bramar contra los inmigrantes y tener amigos y ayudarlos. Lo he visto.

La situación, de todas formas, es agridulce. Mucho malmeter no va a traer nada constructivo a una sociedad que tiene que concienciarse de que los problemas que se nos avecinan son muchos y de difícil solución. Como pueblo, nación, como humanidad vamos a tener que enfrentarnos a retos complicadísimos y a enemigos (esos fondos de capital despiadado que destruyen empleos, selva o corazones humanos) que no se van a doblegar fácilmente.

Por ahora, vamos a dar las gracias a todos los voluntarios y las voluntarias que han contribuido con su trabajo o con sus donaciones a hacer de este pequeño rincón un lugar mejor en el que puedan caber todos los que lo necesiten.

 

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