jueves, 21 de septiembre de 2023

Reseña de Patricia Chapela Cabrera: ‘Contramina’. Niebla. 2019

Contramina geografía de mis lugares : Chapela Cabrera, Patricia: Amazon.es:  Libros


Podemos decir que esta Contramina es una antología poética con el prólogo a cargo de  Manuel Garrido Palacios. El volumen tiene tres partes, la primera “tiene como eje la Geografía, no como disciplina, sino como ámbito o espacio físico donde confluyen emociones”; el Andévalo de Huelva principalmente. “Biografía mínima tiene aspectos íntimos, “pérdidas o conflictos internos” y “Vigilias de marzo”, “donde el amor alcanza una cota máxima”. Este es un ejercicio de observación y reflexión partiendo del Paisaje heredado, título de la primera parte del poemario. El antropólogo Marc Augé acuñó el término no-lugar, que tanto éxito ha cosechado, para esos paisajes sin memoria, intercambiables, sin historia personal, anodinos, de paso. Patricia Chapela Cabrera va más allá: “Los lugares no existen. // Se construyen en la memoria / acomodándose a la sangre, / viviendo desordenadamente”.

Una de las maneras de leer el paisaje tiene que ver con las vivencias, a ras de suelo, ya sea una ciudad, una comarca, un amor… “Te ando. Me andas” (Contraminas). La hibridación entre el paisaje físico y los afectos es el recurso sobre el que pivota la labor poética de Patricia Chapela Cabrera: “Ni chumberas ni zarzas / son umbrales celosos al paso / de corceles de fuego que abrasan / tu porvenir de órganos en flor”. Unas veces es la ubicación, otras la personificación del paisaje: “Es todo. / El silencio de la mina con su boca tapada / y su desnudez al aire sin pudor ante mi asombro”.

La perspectiva es en sí un hecho poético. La poesía siempre comienza con la mirada, bien lo sabe la autora: “Qué lástima tener ojos curiosos para mirar / ver y sentir lo que no está a la vista de nadie”; “Cuenta al mundo que te miro / que contigo esté mi infancia”. La mirada está siempre bañada en subjetividad, un recurso al tiempo, la nostalgia, una elegía que comprueba en cada fotografía la fugacidad del tiempo: “Hay un amor no escrito / que no caduca jamás en segundos / ni en hora / ni en otras fracciones de tiempo”.

Biografía mínima engloba los poemas más profundamente subjetivos, más íntimos, que, por consiguiente, son los que tienen mayor vocación de conexión, mayor foco en los lazos:+ “He sido todas las mujeres / y ninguna / solo yo derramándome en cada hombre / tratando de retener la nada con las manos”. Un vaciado que se agranda y engulle cualquier resquicio de identidad autónoma: “He perdido mi nombre /…/ La sonoridad del hogar / se ha vestido del tuyo / y no recuerdo otro nombre / en este espacio”. En cierta forma es convertir en paisaje para el Otro el propio yo mientras se es dolorosamente consciente del final: “Se pudre, amor, se pudre la semilla / errante en mis adentros dando alcance / a un jardín negro”.

La presencia del entorno marca de manera clara la expresión de los afectos y deseos, que se anclan al espacio -y al tiempo-: “Quién soy yo para quedarme / si a mi paso solo dejaré una estela / de recuerdo entre los míos”. Cobra forma de paisaje la inquietud por el futuro: “Desconozco el desierto que habré de cruzar / en esta noche de arena mía / y no sé cómo encontrar, / en los infinitos granos de este mar, / la rotundidad de los versos”. Concluye esta sección con un lamento existencial: “He perdido tantas cosas / que solo queda encontrar / el sentido a esto / que llamamos vida”.

La última parte, titulada Vigilias de marzo, es un llamado a la esperanza, un detenido informe de lo que está a punto de suceder, que evalúa el pasado porque está preparado para el porvenir: “Aún reposo las noches / donde el calor desmintió al tiempo; / temblor imparable, / latidos al galope / y el grano de mijo / junto a la piedra militar que escondimos”. El tiempo presente está en la inmediatez de la resolución: “Yo / en cambio / me he desterrado al olvido”. Está también en la conciencia del tiempo que se repite: “Y, al final, todos los días / termina siendo iguales / con la ausencia curva / que empinaba / la comisura de mi boca”; “Soy ese no número / que camina paralelo a ti”. Y está, sobre todo, en la capacidad de regenerar cada parte que se ha dañado en los afectos: “Guardo para ti el último jirón de mi piel / por si persiste en arrancarlo / quemarlo a fuego lento / y hacer de él cenizas”. La poeta avanza con resolución radical que tanto guarda (“Hace una eternidad, amor, que contengo / en mi toda la lluvia”) como abandona (“No me has dado nada / pero anhelo los besos no entregados, / tus manos sobre la tumba de la cueva de los incendios / o todos lo que no he tenido / junto a aquello que tanto he imaginado”).

Patricia Chapela Cabrera consigue dibujar un paisaje en el que los afectos tiñen las formas mientras que el amor, el sentimiento de pérdida se enraíza en una suerte de comarca sentimental a la que pertenece por mucho que se pueda transitar hacia el afuera.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Reseña de Belén Peralta: ‘Olor a tarta de manzana’. Fanes. 2022

OLOR A TARTA DE MANZANA | BELEN PERALTA | Casa del Libro 

La gaditana Belén Peralta tiene por fin en la calle su sexto libro, Olor a tarta de manzana, que procede de uno de los relatos de Cerezas y guindas (Ábaco y reeditado por Q-Book, 2014). Esta comunicadora y correctora, cuenta en su haber con otra novela, Cosas que pasan cuando te enamoras por internet (Malbec Ediciones, 2016), bajo el seudónimo de Rocío Ferrera, Hechizos de Amor (Ediciones Absalón, 2008), un libro de poemas, El jardín de mis sueños (Editorial Fanes, 2016) y el Recorrido sentimental por la ciudad de Cádiz (Ediciones Absalón, 2008), amén de varios relatos en diversas antologías y colaboraciones en revistas como SecretOlivo, Azahar, Voladas… Forma parte del catálogo del Centro Andaluz de las Letras (CAL).

Olor a tarta de manzana complementa dos importantes ejes. Por un lado, es una novela en cierto punto histórica, situada en Cuba, en Vuelta Abajo, Pinar del Río, a finales del siglo XIX. La acción se ve atravesada por el proceso revolucionario de la independencia sin que ello se convierta en una excusa para rellenar páginas y páginas parafraseando fuentes históricas. La ambientación histórica –y lingüística– es sobria y eficaz, se aportan de manera natural los datos imprescindibles para comprender el contexto sin largas divagaciones. Desde el punto de vista histórico se mueve, sin duda, dentro de la verosimilitud.

El otro eje tiene más que ver con una historia de amor, trufada de elementos costumbristas, resultado de un oído muy fino para recoger la vida cotidiana, lo que sucede en la calle. Para eso, Belén Peralta siempre ha mostrado unas cualidades excepcionales. De esa condición se nutre el diseño de los personajes, la protagonista, Isabel Morales, una adolescente que acaba sirviendo a los Olmedo Santana en una hacienda de Los Tabacales, y a los Brito Santillán, en Aruba; el dueño de la hacienda, Daniel Olmedo, Luz Divina, la veterana criada, Juan Sanmartín…

Se te ve muy espabilada y además no eres analfabeta. Está claro que tienes que trabajar para ganarte la vida. Pero no lo dejes, chiquilla. No dejes de esforzarte, de aprender, de maravillarte por las cosas bellas que encontrarás en los libros. No te veo yo terminando tu vida como Elpidia o Luz Divina

La transición de esta criada a la vida adulta se advierte tanto emocionalmente como desde el mundo intelectual, porque desarrolla un amor por los libros en la finca. Luego llegará el descubrimiento del amor, que la autora describe haciendo gala de una sensualidad propia, muy adecuada al mundo caribeño que recrea. Ya se ha convertido en un tópico resaltar la identidad gaditana de Cuba y viceversa.

Isabelita, mi niña… Estás demostrando ser una mujercita juiciosa, educada y muy válida. Además de tanto como trabajas, te veo leer y leer en los pocos ratos que te dejan tus faenas, y sé que vas a ser alguien muy grande en esta vida, a poco que te lo propongas. Nunca desfallezcas, aunque el camino esté sembrado de piedras, aunque haya días oscuros de tormenta.

El estilo tiene sus bases en un pulso narrativo firme, sin digresiones, ameno, sutil en los detalles y adornado solo lo justo. Sin barroquismos, conecta con los grandes novelistas iberoamericanos a los que Belén Peralta tanto admira. De una manera personal, se aprecian los tonos homenajes al García Márquez de El amor en los tiempos del cólera, o las conexiones con Como agua para chocolate, de Laura Esquivel. Más que el manido realismo mágico, la autora consigue el encanto de lo cotidiano, que, por otra parte, está inmerso en una realidad radicalmente cambiante y muy dura personalmente para la protagonista.

Juan la besaba por primera vez cuando ya la noche se cernía oscura. Hacía calor y los jóvenes habían decidido, una vez terminadas sus respectivas faenas, descansar en uno de los poyos del patio. Las estrellas titilaban como mudas espectadoras de aquella romántica escena, pero Isabel no lo sabía. Mantenía los ojos cerrados para paladear mejor la jugosa mezcolanza de labios, lengua, dientes, saliva y descaro de aquel a quien tanto deseaba.

Olor a tarta de manzana demuestra una manera literaria muy digna de abordar la novela de base romántica, donde la trama y los personajes se mueven con soltura, donde la ambientación histórica añade y no interfiere, donde el estilo esta presente con la seguridad narrativa de una escritora de solvencia comprobada.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Reseña de Luis Felipe Comendador: ‘Como regar el agua’. Poesía Garvm. 2022

 


Luis Felipe Comendador es un veterano luchador de la poesía, entendiéndola como una verdadera lucha. El prólogo de Luis Alberto de Cuenca pone en valor ese compromiso que no ha vacilado a lo largo de los años. Tampoco abandona el sentido del humor y la ironía: “Cierro los ojos / y veo trapiello / escribiendo diarios sin decir /…/ Y me agringo de pronto / y me suda la mano como un onán de nada /…/ Esto sí es muerte, me dije, / una muerte digna, / una muerte capaz de dejarte muerto, / de dejarme muerto”. La trayectoria del bejarano lo sitúa en una posición relevante en las letras españolas. Desde el inicial Versos giróvagos (1992) pasando por Paraísos del suicida (2001), Con la muerte en los talones (2004), Aráñame (2005), Fadueña (2005), El gato solo quería a Harry (2006) Tour de France (2015), Mañana no será nunca (2017) o Galería de estrafalarios (2021).

Es posible que en este volumen hay más acidez, algo de amargura, cierta inevitabilidad: “A qué mentir ya / si pasados los sesenta / sigo en esta ciudad / pequeña / estrecha / incierta / como un pájaro inquieto / que ha perdido el norte”; “Ser distancia, / y luego olvido / y luego nada. / Nada”. No es óbice para mirar al pasado con cierta sorna (“Conocí a varias chicas preciosas / -hubo roce- / y volví hasta mi pueblo, sin más, / como el libre que busca cadenas”) y con honestidad casi brutal: “Claudico a ratos, / pero solo a ratos, / porque ya hasta me da pereza claudicar /…/ Hablo hilando ideas / y soy capaz de escribirlas, / dibujo como me sale de los cojones / y cuando quiero”.

Regar el agua es algo inútil, como intentar, a estas alturas, cambiar de esencia: “Me gustaría ser otro, / un otro decidido a dejar el mantel puesto en la mesa / para que los pájaros se sacien con los restos”. Ni siquiera con los afectos más íntimos: “Es el deseo decirte ‘que te quiero’ / con los ojos lánguidos / con la boca abierta / con la mano húmeda / y un temblor de cebra / cruzando el Zambeze”.

A pesar de todo este pesimismo, Luis Felipe Comendador no pierde el ánimo combativo: “No seas servil, / no dejes que te pastoreen, / no te disculpes por temor, / no te dejes morder en las rodillas, / o en las ingles, / y no huyas, jamás huyas /…/ porque eres fuerza y forma, / porque aún era capaz de la humedad caliente”; “No temas, / porque en el futuro solo está segura tu muerte / y el resto está por hacer”. Advierte con sabiduría y sin caer en los panfletos: “No va a ser fácil, / pero sabes que al fondo / está la luz que templa / ha de darnos la fuerza precisa y consistente”.

“Todos raudos de sí

y hacia sí,

del otro

y para el otro”

Tampoco evita el sarcasmo y los juegos, con las imágenes, con las referencias: “Hojas secas alfombrando este otoño / hasta el gris pasajero de mañana, / hojas secas con ese olor a laca / de las peluquerías de los sábados /…/ Hojas secas tan Faulkner, / tan alzheimer, / tan banjo, / tan de los apalaches”; “Y de pronto el viento / como ‘La noche estrellada’ de Van Gogh / o como el mismo céfiro / soplando a la Venus Botticelli /…/ Este viento que me acaricia entero, / que me tapa los poros, / me universa, / me llena de un contigo / que me encanta”.

Puede ser este un volumen sobre el fracaso vital, o, al menos, un balance contable que dibujan una identidad definida: “Me gustan, / no te asombres, / porque esas justas taras / son más que yo mismo, / son mi fruto y no el de otros, / son mi gasto / y nunca la genética que juega a la lotería”. Es una especie de manifiesto personal, una concesión a lo confesional dentro de la trayectoria de un poeta que es más que el ingenio y versos rimados: “Sí, soy sensible también… / ¿O qué creías? /…/ Soy sensible a la luz desacertada / que toma dirección hacia mis ojos /…/ Y me dejo engañar si me aparece / (y me gusta dejarme/…/ Soy sensible / porque me faltas y me sobras, / porque tiemblo al leer / si es de Oliveiro, / porque me sé desnudo bajo el vientre /…/ Soy sensible y, / cómo no, / asquerosamente vulnerable, / como cualquier vencido. / Espero que en el trozo del camino / que me queda / haya una o dos almas / que me acompañen”.

Luis Felipe Comendador transforma la biografía en combate, lo confesional es una forma de entender la crítica al mundo. Como siempre, una rebelión contra todo, comenzando por la propia historia.

 

domingo, 10 de septiembre de 2023

Reseña de Gabriela Rosas: ‘El carro’. Petalurgia. 2022. Col Arcania.

 Descarrilada (El Carro) – petalurgia

De la venezolana Gabriela Rosas conocíamos su labor poética a partir de la antología Nubes (Pretextos, 2019). También cultiva la narrativa y aquí Petalurgia nos ofrece una colección de aforismos. Esta pequeña joya se engloban bajo una figura concreta del tarot, el Carro. En general este naipe simboliza la fuerza de voluntad, la decisión, la victoria. En cierta forma, las sentencias están imbuidas de esta determinación, casi un destino: “Ninguna flor obedece a su silencio”; “Para amarte me inicié en el fuego”.

La perspectiva del destino que forjamos se desgrana hablando de la poesía: “La poesía nos hace mejores amantes”; “Escribo para que el cuerpo sea el poema”; “Ser poema o el rayo, la misma intensidad, la misma quemadura”; “Cada poema un miedo que espera la muerte”; “Cada poema un funeral”; “De la poesía nadie vuelve”…

Pero, sobre todo, son sentencias de amor y deseo: “Desamparo es no tener quien te desnude”; “Que tu boca me sirva de oración”; “Todos los lugares comunes pero contigo”; “Pensar en la llama me consumió”; “No es amor si evitamos el golpe”; “Del amor recuerdo la trayectoria de la bala”… Lo que no quiere decir que no se hibriden (“Sigo frente a este poema sin ti”). Eso no implica que todas estas sentencias se sitúen por delante del amor, al contrario, no son pocos los aforismos sobre el desencuentro: “Todo estaba escrito menos tu silencio”; “Tú no vales el recuerdo”; “Mientes como un marido”…

La cualidad básica que ofrece El carro es el conocimiento y la verdad. Gabriela Rosas no descuida la poesía y por eso disfrutamos de los que son especialmente emotivos, los que tratan lo inefable y lo sublime con un lirismo intenso y verdadero: “A mí el mar se me derrama”, “En tu boca pasa el mundo” o incluso “Esto de ser leño se apaga cada noche”. Una pequeño estuche para la joya.